El Pbro. Alejandro Galetto, licenciado en Filosofía y rector de la Universidad Católica de Santa Fe, dio el jueves una conferencia sobre la obra de la pensadora alemana, en el Instituto Cultural Argentino Germano, en Juan de Garay 2957.
El sacerdote se presentó como "intermediario" entre la obra de la teórica y el público. Detrás de sí, Hannah Arendt, con un cigarrillo en la mano, retratada en tonos rosáceos, fijaba la mirada en el auditorio.
"Arendt aborda dos grandes temas: la teoría, por un lado, y la praxis, la acción, los temas políticos de la filosofía, por el otro. Pone una profunda atención en el obrar humano", explicó.
Formada con los grandes maestros, Arendt tiene una primera etapa "inicial, filosófica, con una gran productividad de teoría en Filosofía. Hasta que entra en crisis", comentó el sacerdote.
El hecho que la impacta es el ascenso del Nacionalsocialismo: "Esto provoca una ruptura en toda la intelectualidad europea. Arendt los critica por haber mirado para otro lado, y por haber `transado' con el poder totalitario", sostuvo el disertante.
La autora escribe "Los orígenes del totalitarismo" y, luego, "La condición humana", desde una perspectiva más antropológica.
"El totalitarismo es un sistema de poder que sólo se puede llevar adelante con determinado perfil humano, que no es sólo el del dictador, sino el de la masa que lo posibilita. Luego, en `La vida de la mente', Arendt vuelve a los temas de la teoría, a la Filosofía pura", manifestó Galetto.
Este regreso se produce a partir de otro hecho histórico concreto: el juicio al criminal nazi Adolf Eichmann, que ella debe cubrir como reportera, en 1961.
"El totalitarismo era concebido por Arendt como el mal absoluto. Pero cuando se encuentra con Eichmann, reflexiona de otro modo: habla de la banalidad del mal, de su superficialidad, de algo que no es ontológico, sino que tiene que ver con la falta de reflexión", explicó el sacerdote.
"Ese descubrimiento la hace volver a discurrir sobre qué es lo que a un hombre lo lleva a pensar. Cuando un hombre deja de pensar, se vuelve vulnerable para las peores aventuras de la condición humana", sostuvo el disertante.
"Para esta pensadora, el totalitarismo del siglo pasado es una forma de política totalmente novedosa en la historia. El mundo conoció otras formas opresivas de gobierno, pero el totalitarismo es un proyecto que intenta sustituir la realidad. Es un sistema que se mueve solo, donde la figura del líder es bastante secundaria. La burocracia, tiranía de nadie, es una de las formas peores del totalitarismo", manifestó Galetto.
"Nadie es responsable de nada: se cumplen órdenes. Lo totalitario tiene esta novedad maldita: es la dictadura de la nada, el nihilismo llevado a las últimas consecuencias.
"El totalitarismo se basa en la convicción de que todo es posible. Lo que se pretende es crear un sistema donde el hombre es superfluo", explicó.
"Cuando no hay un sujeto humano fuerte, el experimento totalitario puede aparecer con otros rostros. Salvando las distancias, el régimen neoliberal en el que vivimos produce permanentemente sobrantes. Y cuando el hombre está de más, el totalitarismo está cerca".
Hannah Arendt tuvo una vida afectiva muy azarosa. Estudió Filosofía con Martin Heidegger, con quien tuvo una relación romántica, lo que le valió críticas debido a las afinidades de él con el Partido Nacional Socialista.
"Él representaba todo lo que ella reprochaba de esa época. Era un hombre que giraba en torno a sí mismo, tanto en la Filosofía como en su vida personal, y se jactaba de eso", indicó Galetto.
Durante la charla, destacó de la pensadora "su búsqueda de belleza, de grandeza, de plenitud. Es muy similar a lo que se ve en la vida de algunos santos, como Agustín o Francisco de Asís. Su tesis doctoral, precisamente, es sobre el concepto de amor en San Agustín. De él, Arendt dice: `Es el primero y más grande de los filósofos que los cristianos hayan tenido jamás'".
De origen judío, la pensadora "tiene una gran sensibilidad por la novedad que el cristianismo significó en la historia de la Filosofía. Y uno de esos temas que ella considera relevantes es el del Perdón. Para ella, se trata de un tema eminentemente político", explicó Galetto, quien la definió como "sanamente laica".
Hannah Arendt plantea una diferencia abismal respecto de Heidegger: su concepción de la vida humana.
"Para Heidegger, el hombre es un ser para la muerte. Ella, en cambio, dice: `Aunque el hombre ha de morir, ha nacido para comenzar'. Es decir, ontológicamente, lo más fuerte en el ser humano es la capacidad de comenzar cosas nuevas", sostuvo el sacerdote.
Para avalar esto último, leyó el final de "La condición humana": "El milagro que salva al mundo (...) de su ruina normal y `natural' es en último término el hecho de la natalidad, en el que se enraiza ontológicamente la facultad de la acción (...) Sólo la plena experiencia de esta capacidad puede conferir a los asuntos humanos fe y esperanza, dos esenciales características de la existencia humana que la Antigüedad ignoró por completo (...). Esa fe y esperanza en el mundo encontró tal vez su más gloriosa y sucinta expresión en las pocas palabras que en los Evangelios anuncian la gran alegría: `Os ha nacido hoy un Salvador'".
NATALIA PANDOLFO