Si bien los analistas estiman que en la Argentina el narcotráfico no se ha desarrollado como en Colombia o México, sería un error de las autoridades subestimar el peligro que entraña. La Argentina no es en principio un país productor. Sin embargo, en los últimos años el consumo se ha incrementado de manera notable y también se han descubierto los primeros laboratorios de producción. Ambas realidades se manifiestan en el auge de cierto tipo de delincuencia y en la red de complicidades con ciertas zonas del poder.
El narcotráfico y sus conocidas relaciones con el delito, la corrupción y el consumo es uno de los temas centrales del mundo contemporáneo y su solución no es sencilla. Cientos de miles de millones de dólares, sumas que superan los presupuestos de muchos países del Tercer Mundo, circulan por los canales ilícitos de este formidable negocio. Subestimarlo o suponer que nosotros no vamos a padecer sus secuelas es un error cuyas consecuencias habrán de pagarlas la sociedad y el propio sistema político democrático.
La discusión entre progresistas y conservadores respecto de las causas de los delitos está perdiendo actualidad ante los rigores de una situación que excede por lejos esa distinción entre "progres" y "repres". La cuestión a asumir, si se quiere actuar con eficacia, es reconocer el carácter complejo del problema. Y por lo tanto, cualquier estrategia que se pretenda eficaz debe partir del reconocimiento de su existencia.
En los últimos tiempos han adquirido estado público los vuelos de aviones con cargamentos de drogas. Una estrategia correcta exige poner límites a esa verdadera ocupación del espacio aéreo por parte de los narcotraficantes. Allí la gendarmería tiene una tarea que cumplir, pero la misión más importante depende de la fuerza aérea. Sin esta colaboración es imposible pensar en una acción sostenida y exitosa.
La droga degrada, corrompe y mata. A su alrededor se reproducen todos los vicios y las lacras de una sociedad. En el caso de los países periféricos, el daño es mucho más visible, ya que a los problemas sociales conocidos se le suma la debilidad de los Estados para reprimirla y la indefensión de una sociedad empobrecida.
Las redes del delito son amplias y fuertes. En Colombia y en México alcanzan a profesionales, funcionarios judiciales, políticos, policías y militares. En el caso particular de Colombia, se suma la guerrilla de las Farc, que financia su actividad a través de los recursos del narcotráfico. �Esperamos estar en la misma situación para intervenir en serio?
Lo que se conoce como "el camino de la droga" se inicia en los centros exteriores pero llega a través de complicidades y corruptelas hasta los barrios y la juventud. Prevenir es importante, pero también lo es atacar los centros y nudos en donde este sistema se reproduce. Suponer que todo se reduce a perseguir al consumidor o al pasante es un error tan serio como creer que nada se debe hacer con ellos. Así pensada, esta lucha debe ser una causa nacional por los recursos que reclama y la complejidad de los problemas que debe abordar, problemas que hasta la fecha el sistema político desconoce o subestima.