La protesta de los pasantes que pujan por pertenecer a la planta permanente de la Municipalidad de Santa Fe transcurre bajo una situación por lo menos curiosa: poco se dice que en realidad son ex piqueteros -ahora convertidos en pseudo empleados municipales- la mayoría de quienes hoy queman cubiertas en la zona céntrica.
Tampoco se recuerda que sus agrupaciones tenían un vínculo directo con el justicialismo en general. No hay (al menos entre quienes protestan) ex piqueteros-pasantes de las llamadas corrientes de izquierda.
Durante toda la década de los noventa -que política y económicamente terminó en 2002- a buena parte de quienes hoy reclaman un puesto de trabajo permanente municipal (ahora desde su condición de pasantes), se los podía ver en las mismas calles con un pedido similar, aunque más modesto: se conformaban con tener alguna cobertura social que los asistiera económicamente.
Debe advertirse que aquella protesta tenía también otro objetivo, conciente o no, que hacía que resultara indisimulable para la sociedad aquello que la mayoría parecía no querer ver. Que la pobreza crecía a niveles inéditos para la Argentina, lo que también se reflejaba en la ciudad de Santa Fe que, además de su propia marginalidad autóctona, resultaba receptora de sectores excluidos en otras poblaciones y otras provincias, con una situación económica aún peor, marcada por la falta de oportunidades.
Está claro, más allá de que sea el Indec K quien lo informe, sin dudas ha bajado la desocupación. Y con su descenso tiende también a disminuir el número de planes sociales.
La ciudad y sus ex piqueteros, hoy pasantes municipales, reviven por estos días escenas de aquella conflictividad, aunque por el escaso número que salió a la calle a reclamar solo puede hablarse de -apenas- una representación teatral de aquellas manifestaciones masivas.