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Campo Litoral
Edición del Sábado 24 de noviembre de 2007
Editorial
La marginalidad obligada

En la Argentina, todo parece funcionar al revés. En un contexto mundial de crecimiento de la demanda de leche, los productores han salido a invertir. En Estados Unidos, por ejemplo, tambos con 40 litros de promedio diario, están agrandando sus instalaciones para estar a la altura del desafío y "picar en punta" en este nuevo escenario mundial.

Aquí, en tanto, en vez de estar planteándonos estrategias que maximicen la producción, tenemos que volver a lamentarnos de la nueva imposición de la Secretaría de Comercio Interior, que obliga a los industriales a pagar la leche 73 centavos tranqueras adentro.

La cifra, se sabe, achica al mínimo el margen de rentabilidad en campo propio, y la transforma en déficit en campos alquilados, en donde se desarrolla gran parte de la actividad lechera. Los industriales, con embarques parados por esta medida, se ven obligados a estafar a sus proveedores o, en el peor de los casos, a mentirle al Estado Nacional.

No hay mejor manera de informarse que recorriendo el campo y las industrias de la región, tomando la temperatura en charlas "off the record", en donde se extraen, a veces, los datos periodísticos más importantes. Días pasados, un conocido productor lechero de Rafaela nos confesaba que hasta ahora sólo sobrevivieron los verdaderamente eficientes. Y que de persistir en este camino, quedarán en la actividad sólo los cabeza duras, empeñados en producir leche por una tradición familiar; por llevar en la sangre esa genética de amor a las vacas.

No es lo mismo hacer la misma cantidad de leche con menos tambos. La producción lo sabe y el gobierno también. Sin embargo, persisten en la implementación de medidas de corto plazo que achican, inhiben y desalientan la producción y el crecimiento.

Si esta gestión pretende permanecer largo tiempo en el poder, tal cual parece, debería incorporar a los sectores productivos a la discusión de las políticas a implementar. La cadena láctea, así como la ganadera y la agrícola se han expresado de la única manera que saben: proponiendo alternativas para crecer. En todas prevalece la idea de mantener provistas las góndolas para los sectores más carenciados con productos subsidiados, y liberando a los cortes caros a los mercados del mundo.

Mientras el país crece al 9 %, la lechería involuciona en el sentido contrario con cifras similares. De continuar así, tendremos que importar leche en el mediano plazo. La misma nos costará mucho más cara, y se profundizará la ausencia de esos tambos que generan riqueza y trabajo en cada pueblo de la cuenca.

Hasta ahora, se acordó el estado de alerta y movilización. Ningún tambero va a tirar la leche que tanto esfuerzo le costó conseguir, porque -además- es su único capital. Tampoco parece prosperar algún tipo de lock out conjunto, a sabiendas de la astucia del gobierno para enfrentar al campo con la opinión pública. Mientras tanto, siguen forzando desde arriba a la marginalidad y a la economía en negro.





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