Las inmediaciones del Club Colón fueron blanco de violentos hechos, los que incluyeron un ataque a balazos contra la sede social y un tiroteo desarrollado en plena avenida J. J. Paso.
La preocupante secuencia arrancó la noche del martes, cerca de las 23, cuando un comerciante de la zona -cuyo local está pegado al club- alertó a sus vecinos sobre la presencia de un individuo que estaba intimidando con la exhibición de un arma de fuego.
"Hace algunos minutos entró a una heladería y encañonó a una empleada. Luego interceptó a un vecino y gatilló el arma sin que salgan los disparos", indicó el denunciante.
Una vez ocurridos estos episodios, su autor -un joven de unos 20 años que vestía pantalones cortos con los colores de Atlético de Rafaela, remera negra y gorra- desapareció del lugar a bordo de una motocicleta y acompañado por otro sujeto.
Sin embargo, pasada la medianoche, el rufián volvió a aparecer en escena, aunque esta vez, decidido a todo.
Con paso firme, se habría instalado frente a las rejas de la sede y abrió fuego en varias oportunidades. El primero de los disparos se estrelló contra uno de los barrotes, los otros dos impactaron en los vidrios de las puertas de acceso a las oficinas.
Es de hacer notar que al momento del ataque, en el interior de la sede se encontraban varios dirigentes. De igual modo, también había gran cantidad de personas en el comedor temático recientemente inaugurado. Por suerte no hubo que lamentar heridos.
Pero para esta altura, iba a entrar en los hechos un agente de policía que se encontraba cargando nafta en la estación de servicios que se ubica justo frente a la entidad deportiva.
El agente advirtió la acción del rufián y decidió intervenir. Primero dio la voz de alto, aunque el sujeto, lejos de obedecer, lo que hizo fue arremeter contra el policía.
Al igual que en la acción anterior, el malviviente no vaciló y comenzó a disparar contra el agente, el que buscó refugio en el interior de su automóvil particular.
Para esta parte, ya toda la escena había sido ganada por la confusión y el terror que generaban las detonaciones.
Acto seguido, el agente echó mano a su arma reglamentaria y contestó el ataque. El enfrentamiento duró algunos segundos y llegó a su fin cuando el rufián escapó a la carrera por calle Rodríguez Peña, con dirección hacia el sur. Luego de recorrer unos metros, se encontró con su compinche que lo esperaba a bordo de la motocicleta. Finalmente, se fugaron acompañados por otros dos que también estaban movilizados con moto.
Enterados del hecho, autoridades de la URI procedieron a secuestrar el arma al policía y a la toma de declaraciones correspondientes.
Redacción de El Litoral