La mirada de los pueblos
A 45 kilómetros de la capital provincial
La cultura y el esfuerzo definen la fisonomía de San Jerónimo del Sauce

Lucha diaria.Los habitantes de San Jerónimo del Sauce disfrutan de los espacios comunes y de las actividades culturales que revalorizan el "saber hacer" de su población. Fotos: Amancio Alem

Los espacios verdes mantienen el orden y la armonía en este pueblo que todavía espera con ansias el asfalto en sus calles. Una población que nació en 1825, de la mano de un grupo de aborígenes y de algunos criollos.

A tan sólo 45 kilómetros de la capital provincial y sobre la Ruta Nacional 19, San Jerónimo del Sauce (Las Colonias) se impone como un oasis para descansar. "Un pueblo muy tranquilo, donde estamos acostumbrados a dejar las puertas abiertas y las bicicletas afuera porque, gracias a Dios, no existen mayores problemas", reconoció el presidente comunal, Alcides Cecilio Perren.

El orden en la distribución de sus espacios verdes y monumentos históricos se destaca al recorrer sus callecitas, que aún claman por el asfalto. Es la primera población en el departamento, donde nació el Cuerpo de Lanceros del Sauce -comandado por Nicolás Denis-, una tropa fiel al gobierno provincial.

Se trata de una población que fue fundada en 1825 por el brigadier Estanislao López. En sus inicios, se formó con aproximadamente 500 aborígenes (abipones y mocovíes) y algunos criollos. La mayoría de los inmigrantes (casi todos italianos) que arribaron a partir de 1880 se localizó en la zona rural y unos pocos se arraigaron en esta localidad.

Un pueblo que vive, básicamente, del trabajo que realizan en una fábrica de lácteos, en una industria de acero inoxidable, de aberturas, de tinglados y en las ladrilleras. Aunque, en este último tiempo, muchos han empezado a dedicarse a la agricultura que, de a poco, está ganando terreno.

Tras nueve años de haber estado frente a la comuna y hoy prepararse para conducir una nueva gestión, Perren hizo una descripción de lo que es vivir en San Jerónimo del Sauce. "Acá hay gente de trabajo que no tiene mayor rentabilidad". Por eso, "siempre estamos peleando por un subsidio para poder hacer nuevas obras".

Cuando ingresé al ámbito público, "me propuse terminar con la obra de agua potable y adquirir la planta de ósmosis inversa. Por suerte, la planta está en funcionamiento, aunque todavía faltan algunas cosas para dar el servicio a los hogares".

Por esta razón, en la actualidad, "la gente puede ir con sus bidones y, directamente, buscar el agua".

A pesar de que "me gustaría que el pueblo hoy tuviera pavimento, sé que carecemos de recursos de la Nación y que solos no es fácil hacerlo".

La prioridad

Para la comunidad aborigen que se localizó en San Jerónimo del Sauce, la construcción de la iglesia fue lo primordial. "Mucha gente de Esperanza y de localidades del departamento se acercaban a casarse en este lugar", relató Marilina Acuña, encargada de la biblioteca comunal y de la Casa de la Cultura del pueblo.

En 1983, la capilla de adobe, revocada en barro, fue declarada Monumento Histórico Nacional.

Cuando terminaron de construir la capilla, los aborígenes comenzaron a hacer sus propias chozas. Y, todavía se puede ver que "el 50 % de las casas que está en el pueblo aún se encuentra asentada en barro", agregó Acuña.

El sabor cultural de esta población también se respira en la biblioteca del lugar. Es que en la sala que está a su lado se dictan distintos talleres de inglés, de artesanías y de apoyo educativo.

"Hay que aprovechar las características que tiene este pueblo porque aquí hay mucha gente que tiene la habilidad para dibujar, pintar y hacer distintas artesanías, que se despliegan cada 30 de setiembre en una feria que se realiza para la festividad del pueblo", concluyó con entusiasmo la encargada de la biblioteca comunal y de la Casa de la Cultura de San Jerónimo del Sauce.

Tradición.

El Día de los Muertos, en el cementerio de San Jerónimo del Sauce se prenden las luces y la gente vela a sus seres queridos durante toda la noche. En el pasado, los indios y criollos se instalaban con sus carpas y se quedaban a pasar la noche y el día velando a sus seres queridos que habían fallecido. Las personas mayores siguen manteniendo esta tradición.

Ivana Zilli - [email protected]