"Gigantes de Valdés"
Cruzada de buenas intenciones
En primer término conviene aclarar que "Gigantes de Valdés" no es un documental sobre este lugar argentino privilegiado del mundo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, sino que pretende contar una historia ficcional, integrando las atracciones naturales de la fauna y el paisaje. Una trama muy elemental pero llena de buenas intenciones, que colocan a la película en la cada vez más escasa franja de "apta para todo público". Es el primer largometraje de Alex Tossenberger, quien tiene una larga trayectoria como documentalista, habiendo producido varios cortos en Península de Valdés, en especial acerca de cetáceos. Éste fue el origen del interés para concretar un guión que combinara ficción con naturaleza, a partir de elementos genuinos del lugar. Como para colmar las expectativas del público que busca pasar un momento entretenido, la trama se desarrolla con una cuota de melodrama y suspenso, alternando con tomas propias del documental sobre fauna marina. Tomás (el "simulador" D'Elía) es un ejecutivo porteño enviado por una empresa multinacional, que viaja al sur patagónico para sondear secretamente las posibilidades de construir un complejo turístico cinco estrellas. Este macroproyecto parece atentar contra la filosofía conservacionista de los pobladores, quienes jerarquizan las pequeñas economías regionales ligadas a la historia y particularidades del lugar. Aparece en escena José, un veterano marisquero artesanal, que conoce al mar como la palma de su mano (este personaje, interpretado por Miguel Dedovich es el mejor compuesto y convincente en su discurso de hombre sencillo). Junto a él, Tomás iniciará un proceso de transformación que lo llevará a cambiar su objetivo inicial. "Descubrí un mundo nuevo y una nueva forma de vivir...", declara el protagonista a sus recientes amigos. El redimido visitante se enfrentará junto a la población originaria, al villano terrateniente, interpretado por Alfredo Casero, quien se cree dueño del destino de los que allí construyen su futuro. El pérfido personaje dirige destructivos avistajes de ballenas en zonas vedadas y promueve turbios negocios del patrimonio natural.
Riesgos de un lugar privilegiado
La película advierte sobre una controvertida forma de hacer turismo en este tipo de lugares protegidos, distinguiendo las prácticas conservacionistas de las depredadoras. El dilema entre el turismo conservacionista y responsable, frente a los negocios que rayan la corrupción: por un lado, los habitantes conscientes que defienden su entorno; y por otro, el señor feudal con doble discurso y sus nefastos seguidores. El film tiene una posición tomada al respecto, sostenido por la premisa del respeto a los recursos naturales. En los aspectos técnicos se evidencia la experiencia para filmar escenas junto a las ballenas. Por su parte, desde el punto de vista actoral, el elenco asume con evidente convicción sus pequeños roles. En general, el filme es más endeble en su aspecto dramático, con tendencia a situaciones sensibleras y previsibles. Abundan los diálogos casi infantiles, pero que persiguen un propósito didáctico, de tal modo que ayuden a crear conciencia sobre el cuidado del medio ambiente. Una buena opción para el espectador que busque un mensaje optimista, en el marco de un cine nacional interpretado por actores conocidos de la tele, y el bonus track de imágenes paradisíacas, alejadas de la violencia cotidiana.
FICHA TÉCNICA
Calificación Buena (***) Gigantes de Valdés Origen: Argentina, 2007. Intérpretes: Federico D'Elía, Alfredo Casero, Miguel Dedovich, Isabel Macedo, Georgina Barbarossa, Mirta Wons y Jorge Sesán. Director: Alex Tossenberger. Guión: Alex Tossenberger y Pablo Lago. Director de fotografía: René Richter. Música: Jorge Patrono. Duración: 114 minutos. En Cinemark Calificación: buena.
Rosa Gronda
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