Nadie resiste el archivo, se dice habitualmente en esto de los medios de comunicación. Y uno debería buscar aquellas cansadoras frases del "Cabezón" Carlos Alberto Trullet, cuando insistía todos los días para que le trajeran a Leandro Zárate. "Sí o sí", sin plan "B". Ese jugador potente que el "Cabezón" enfrentó y sufrió en el torneo Argentino con la camiseta de Racing de Nueva Italia, en Córdoba y en Rafaela también. Esos famosos "92 kilos de pura potencia lanzados en velocidad", que Trullet intentaba explicar de un jugador que por acá muy pocos conocían.
Es que, después de esa "explosión" en Ben Hur, casi ni jugó en Argentinos Juniors con su chance de Primera División y mucho menos en Defensa y Justicia, el mismo club que sufrió el doblete de "La Chancha" esa tarde casi perfecta de Florencio Varela (lo habría sido sin la expulsión). Y, así como se la jugó en la BH, para traerlo a Unión lo fue a buscar al mismo Argentinos, sólo que ahora estaba con la camiseta de Atlético Tucumán. Desde allí vino Zárate, por eso el zurdazo de anoche dividió el Jardín de la República: los "santos" lo odian ahora más que antes y los "decanos" deben besar su foto tipo estampita.
La realidad indiscutible de los números marca que Leandro Zárate ya lleva 10 goles con la camiseta de Unión en apenas 20 partidos. Y viene con una seguidilla imponente: marcó cinco goles en seis cotejos desde que Claudio Gugnali se quedó a cargo del primer equipo.
Unión venía, después del conflicto que le costó la cabeza a Daniel Eduardo Bazán Vera, con la necesidad de reemplazar esos goles del "Indio". Sin embargo, al equipo lo había condenado la falta de gol. Porque Pereyra, Rami, Peralta Pino, Fernando Márquez y Weiner no anduvieron derechos con el arco. Es más, quizás, con un poco de gol ese equipo clasificaba al Reducido.
Debió pelear ese puesto con la trayectoria de César Emanuel Pereyra y con el oficio de Rubén Darío Ferrer, que venía de hacer muchos goles en Defensa y Aldosivi de Mar del Plata. En silencio, se ganó la "9". Primero con Trullet, después con Gugnali.
Hoy, además de ser la carta de ilusión de los hinchas para que los goles de Zárate empujen y agranden a este equipo para pelear por "algo" de una vez por todas, también "La Chancha" es la gran esperanza de la tesorería. Porque tiene 24 años y su ficha cuesta 350.000 dólares. Pero ya llegó a 10 tantos y le queda todo el torneo por delante. Muchos mercados de buenos ingresos se le pueden abrir, si acumula una buena cantidad de goles en los partidos que faltan en el segundo torneo más importante de la Argentina.
Se habló, incluso, de algunos sondeos desde Ecuador para llevárselo, pero finalmente nada se concretó. Acaso porque Unión tampoco tenía ganas de escuchar, después de haberse desprendido de Paulo Rosales e Ignacio "Tato" Canuto .
Lo realmente notable es lo de Trullet. Porque tres de los goleadores más importantes de los torneos de ascenso -el mismo Zárate, Daniel Vega de Platense y Claudio Bustos con la camiseta de la BH- en los últimos tiempos reconocen que "fue Carlos Trullet el que confió en nosotros cuando pocos nos conocían". No deja de ser un mérito del "Cabezón".
Claro que ahora Trullet ya no está más en Unión y a sus goles los está disfrutando Claudio Gugnali, con quien "La Chancha" clavó cinco festejos en seis partidos. Es más, sólo le perdonó la vida a Ben Hur, justamente su ex club. Ya llegó a 10 gritos Leandro Zárate en Santa Fe. En Unión, entonces, ya es "la chancha y la mitad de los veinte".
Con los dos goles que le marcó ayer a San Martín de Tucumán, Unión alcanzó los 27 tantos en la temporada de ascenso. Así, se instaló como la segunda delantera más goleadora del fútbol argentino, detrás de Godoy Cruz Antonio Tomba de Mendoza que tiene 29, con un partido menos. Detrás de Unión, con 26 goles, asoma Chacarita. Claro que el problema de Unión es que le hicieron 23 en su propia valla.
De esos 27 gritos rojiblancos, 10 son de "La Chancha" Zárate, que ayer habría marcado uno más si Serrizuela le hubiera dejado patear el penal. Pero, se sabe, el "Tiburón" es el dueño de todas las jugadas de pelotas quietas.