Claudio Gugnali "sufrió" por primera vez la implacable platea techada de Unión. En un momento del segundo tiempo, con el equipo desordenado y sin timón, arreciaron los reclamos de cambios y algunos insultos mechados que provocaron alguna reacción de parte del técnico. Gugnali se molestó, aunque no lo dijo. Y posiblemente tampoco lo reconozca. Pero es el escenario con el que va a convivir, más allá de que nunca la desesperación ha sido buena consejera.
Ya le pasó a Trullet en el arranque de este torneo, cuando mucho se habló de la impaciencia y apresuramiento de la gente por resultados inmediatos, quizás sin recabar en el detalle de que este es un torneo de 38 partidos y no de 19, como las anteriores.
Está visto -y experimentado ayer por Gugnali- que el nivel de ansiedad sigue siendo el mismo. Y que ahora se empezarán a acortar los tiempos (ya se juega la segunda mitad de la temporada) y si el equipo logra (como anoche) triunfos impactantes y esperanzadores, se van a subir todos al caballo del ascenso. Y habrá que prepararse para eso, irremediablemente.
El técnico fue claro: "Se fue un central, quiero un central". Sin decirlo, le cerró la puerta a la vuelta de Jayo. El tema es que en su esquema (4-4-2) juega con dos volantes centrales. Uno es el que corre y lucha (Zapata), al otro (Serrizuela) le sigue costando encontrar un nivel acorde con su indudable jerarquía.
Muchos piensan en que Serrizuela debería ser, de los dos, el más suelto para administrar la pelota. Otros creen que Zapata va a rendir más por el costado que por adentro (para mí, en ambos lados juega bien). Lo cierto es que el equipo no ha dado muestras de solidez en un sector clave y formador de la columna vertebral de cualquier equipo. �No habría sido importante un jugador como Jayo?