Por lo general, toda oportunidad de diálogo con personas que se destacaron a través del entusiasmo y la dedicación que siempre distinguió al deporte aficionado argentino resulta propicia para enriquecer conocimientos y divulgar tareas que, a veces, parecen olvidadas.
Tal es el caso del contador público nacional y docente secundario y universitario Osvaldo Rino Crespi, quien posee una vasta trayectoria relacionada con el básquetbol de nuestra ciudad.
Con la amabilidad que lo distingue, Crespi cuenta que se inició en la práctica del básquetbol en el Club Colegial de la Escuela Nacional de Comercio Domingo Guzmán Silva de nuestra capital.
Luego, cita: "Después pasé al Club de Gimnasia y Esgrima de Santa Fe, entidad a la que representé no sólo como jugador, sino también como árbitro ante la Asociación Santafesina de Básquetbol".
Llega entonces un tramo medular de la entrevista, cuando precisa que, " allá por 1950, el coronel Rodríguez Zía presidía la Asociación Santafesina. Fue entonces que, por su feliz iniciativa, se concretó una reorganización integral, modificando reglamento y estatuto, para adaptarlos a las necesidades de la época".
Inmediatamente, cuenta que "Rodríguez Zía creó el Colegio de Autoridades y el de Árbitros de la entidad, y me designó organizador, primer presidente y profesor de este último, en 1952".
En la continuidad de su relato, Crespi expresa: "Por aquellos tiempos, venía actuando como árbitro en distintos torneos locales y provinciales. Pero, un año más tarde, la Confederación Argentina de Básquetbol lo designó para arbitrar en el I Campeonato Mundial Femenino que tuvo lugar en Santiago de Chile, lo que por supuesto representó para mí una enorme alegría".
Y su actuación no pasó desapercibida: fue tan destacada que fue seleccionado para arbitrar una de las semifinales y la gran final del certamen, lo que mereció el unánime reconocimiento de la prensa que cubrió el evento.
Con un dejo de emoción, Crespi señala: "Esto me valió el título de árbitro internacional, otorgado por Fiba (Federación Internacional de Básquetbol), que por entonces tenía su sede en Berna (Suiza)".
A continuación, nos comenta que prolongó su actuación como árbitro en diversos campeonatos argentinos, sudamericanos y mundiales, para detenerse posteriormente en otro momento especial.
"En el Sudamericano de Cúcuta (Colombia), donde Argentina ganó el título de Cadetes y perdió el de Mayores, fui designado, además de árbitro, secretario de la Comisión Técnica, por lo que tuve una participación activa en el desarrollo organizativo del certamen".
Con sobriedad, Crespi destaca que, "durante los trece años en los que me desempeñé como árbitro nacional e internacional, mantuve la condición de amateur, ya que jamás cobré un solo peso".
Acto seguido, se detiene con una sonrisa "cómplice" para aclarar: "Sin embargo, debo aclarar que hubo una excepción. Fue en una oportunidad, en la que la Federación Peruana de Básquetbol me invitó a dirigir en un torneo internacional que no contó con la participación de la Argentina, por lo que me abonó los gastos del viaje y me otorgó viáticos por 200 francos suizos diarios".
Al detenernos en los documentos que refrendan la totalidad de sus afirmaciones, surge que Fiba le otorgó también el título de Árbitro Honorario Internacional, por su actuación continua y calificada durante más de una década.
Crespi se retiró en 1966, después de trece años de fecunda labor: "Fue tras arbitrar la final de un torneo internacional realizado en San Miguel de Tucumán, en homenaje a los congresistas", recuerda.
Osvaldo Rino Crespi fue el primer árbitro del interior del país al que se le otorgó la licencia internacional. Tampoco debe olvidarse que fue presidente de la Asociación Santafesina de Básquetbol.
Durante su gestión, proyectó y concretó la obtención de fondos para la adquisición del local propio que la entidad compró en calle 4 de Enero, entre Crespo y Suipacha, durante la gestión del Dr. Raúl Candioti, quien lo sucedió como presidente.
Vale recordar que el desaparecido y querido dirigente citado (Candioti) logró posteriormente -con la dedicación y el empeño que lo distinguieron- la adquisición de la actual sede de la entidad en el Bv. Pellegrini de nuestra capital.
Por último, puede señalarse también que Crespi fue autor, entre otros, de los "Deberes" y el "Decálogo del Árbitro" y titular del Club de Gimnasia y Esgrima de Santa Fe.
Otros tiempos
En materia de datos especiales, Crespi rescata que, desde sus inicios y hasta la década del setenta, el básquetbol santafesino fue netamente amateur, por lo que sus jugadores no podían percibir dinero alguno. Los árbitros recibían de parte de la ASB un viático que oscilaba entre 1,50 y 2 pesos por partido, a lo que se sumaban los gastos de transporte, que se abonaban en forma mensual.