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Opinión
Edición del Sábado 09 de febrero de 2008
Editorial
Roberto Lavagna y su cambio de discurso político

La decisión del ex ministro de Economía, Roberto Lavagna, de trabajar junto a Néstor Kirchner en la reorganización del Partido Justicialista, continúa provocando repercusiones en la opinión pública.

Lo que en un principio fue sorpresa e incredulidad, rápidamente se convirtió en decepción y malestar entre la ciudadanía argentina, acostumbrada lamentablemente a ser testigo de cómo sus referentes políticos mutan sus discursos y posicionamientos, burlando de esa manera la confianza que los votantes depositan en ellos en el momento de elegir.

En el caso de Lavagna, más de tres millones de argentinos lo votaron durante las últimas elecciones presidenciales, en las que el ex ministro representaba una de las alternativas de oposición.

Pero más allá de los intentos del ex ministro por explicar su repentino cambio de postura política, bien vale recordar algunas de sus frases pronunciadas antes y durante la campaña, a través de las cuales realizó fuertes críticas al entonces presidente de la Nación y a su forma de gobernar.

De hecho, Lavagna dejó de ser ministro de Economía apenas seis días después de que denunciara supuestos delitos de corrupción en la adjudicación de obras públicas. Incluso, utilizó por entonces el término "cartelización" al hablar de los vínculos entre algunas empresas y el Ministerio de Planificación Federal.

El 16 de mayo de 2007, el entonces candidato afirmó que el gobierno nacional tenía "formas y manejos que no se corresponden con un país moderno, con transparencia", generando "una enorme caja negra".

En setiembre del año pasado, calificó a la Secretaría de Medio Ambiente como "cajita feliz" y reclamó investigaciones judiciales sobre los manejos de fondos públicos.

Más aún, sobre finales de 2007 Lavagna llegó a denunciar que el gobierno lo estaba espiando a través de escuchas telefónicas.

La lista de graves denuncias y críticas del ex ministro de Economía contra el kirchnerismo continúa, en general apuntando a un halo de corrupción que, según él, cubría al gobierno nacional.

Tal vez por este discurso, quienes lo votaron le dieron su confianza al considerarlo un político serio, honesto y comprometido con la función pública. Sin embargo, hoy muchos se sienten defraudados por su decisión de aceptar la invitación de Kirchner para integrar la cúpula del PJ.

En realidad, lo que preocupa no es qué función ocupará Lavagna en el futuro, sino su repentino cambio de discurso.

En el marco de un sistema democrático como el que rige en la Argentina, en el que la ciudadanía gobierna a través de sus representantes, la confianza es un pilar esencial que debe ser preservado.

Cuando esa confianza entre el representante y el representado se ve socavada, el sistema tambalea inevitablemente. Y es que la actitud de Lavagna no sólo perjudica su imagen personal, sino que genera una ola de descreimiento hacia el resto de la clase dirigente.





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