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Un hombre de 35 años oriundo del Chaco falleció ayer por la tarde en el hospital Cullen, tras una cruenta pelea en el Penal de Coronda. Recibió al menos dos puñaladas, una de las cuales le atravesó el corazón. Otro interno que participó de la gresca también debió ser trasladado a la capital provincial para atender una serie de lesiones punzo-cortantes.
Eran las 16.20 del martes, cuando el celador advirtió que algo raro sucedía a unos 50 metros de la garita, en el centro del pabellón N° 2 del ala sur. Allí estaba Luis Monzón, chaqueño de 35 años, desafiando a pelear a otros dos presos de apellidos Aguirre y Ríos.
Con el resto de los internos haciendo de cortina, para que nada se viera desde la reja que separa la guardia, unos y otros sacaron a relucir chuzas y facas y se enfrentaron a puntazo limpio.
Monzón, que amenazaba a sus contrincantes con una especie de lanza -una faca un poco más grande que las comunes- perdió pie en un movimiento brusco y terminó en el suelo. Los dos hombres fueron los primeros en abalanzarse sobre él, aprovechando que estaba desvalido. Pero acto seguido se produjo una avalancha de golpes y puntazos, provenientes de un grupo estimado en 30 personas, que hasta el momento observaban desde la imparcialidad.
El hecho fue caratulado como "homicidio en riña", por el juez de Instrucción Penal de la Segunda Nominación, José Manuel García Porta. La calificación se debe a que hasta el momento no se sabe quién fue el autor.
Lo cierto es que el iniciador del altercado terminó con dos heridas punzantes en el pecho y falleció a las 17.40, a poco de ser trasladado al hospital Cullen.
Otros cuatro internos recibieron curaciones por lesiones leves, dentro de la enfermería del penal. Mientras que Ríos, uno de los protagonistas de la riña, fue derivado al Cullen con cortes y fractura en una de sus manos, tajos en la cabeza y lesiones en el hombro.
Si bien fueron muchos los presos que participaron de la pelea, los implicados directos con el episodio serían sólo 9. No obstante, los códigos de silencio en el ambiente del hampa difícilmente permitan que se conozca al autor material del crimen.
En el sumario que labra la División Judicial de la Unidad Regional XV consta que, una vez recuperado el orden y la seguridad en el pabellón, los grupos de choque requisaron cada una de las celdas, donde secuestraron entre 15 y 20 chuzas o facas de fabricación casera.
En cuanto al cadáver, se supo que la Justicia ordenó la realización de la autopsia. Además de las profundas heridas recientes, los forenses registraron numerosas cicatrices de viejas reyertas en distintas partes del cuerpo; incluso, se le encontraron perdigones de escopeta en la zona de la panza.
Tras la orden de entregar el cuerpo a los familiares, se supo que ni las autoridades penitenciarias ni la policía del departamento San Jerónimo tienen registros de allegados que se hayan interesado por él, desde que lo encerraron.
Luis Monzón estaba en la Cárcel Modelo N° 1 de Coronda, cumpliendo una condena por el delito de homicidio, cometido en jurisdicción de los tribunales rosarinos.
Por ese motivo compartía el pabellón N° 2 del ala sur, destinada a presos rosarinos, desde ocurrida la masacre del 11 de abril de 2005, en la que murieron 14 personas.