Domingo Sahda
La apertura de un espacio destinado a la exhibición, consecuente apreciación y eventual adquisición de obras de arte plástico es un acontecimiento que sin lugar a dudas enriquece el espacio cultural lugareño dando luz a nuevos territorios de conocimiento, reflexión y ponderación que abonan el entretejido sociocultural, ensanchando sus límites para beneficio del bien común, sin restricciones de estilos, enfoques o esquemas mentales rígidos.
El arte visual tiene desde ahora y en nuestra ciudad un nuevo hábitat: AG/Arte -bulevar Gálvez 1616- que hace su "presentación en sociedad" con la exposición de trabajos de Julio Bermúdez y Caroline Lavoie, autores que titulan la colección de trabajos a la vista como "Usus in praesens".
En la muestra se exhiben facsímiles de dibujos originales -firmados y titulados- montados sobre grandes tableros verticales, a modo de proposición descriptiva y de estudios de los temas que se configuran como dibujos.
En casi todos los casos son vistas de monumentos, edificios y construcciones históricas en vista frontal, aérea o parcializada, cargadas de densidad cuasi mítica que conmociona la opinión subjetiva del autor y orienta el sentido de cada uno de sus dibujos. El autor toma posición clara con respecto a su praxis plástica.
En menor cantidad de trabajos, pero dentro de una parecida concretización estilística en la que despuntan un cierto giro romántico y una velada idealización de las vistas, Caroline Lavoie expone sus trabajos.
La dupla de expositores ofrece al público no sólo un registro visual "in situ" que ellos rotulan "Usus in praesens", cuya traducción libre nos indica que se trata de una acción, la del dibujo, de concretización en el instante en que realiza una toma o registro directo del tema sin reelaboraciones o reconfiguraciones de taller. En suma, no se trata de bocetos de utilización posterior sino de "trabajos plásticos que comienzan y finalizan en el lugar".
Los trabajos expuestos son facsímiles de los originales, contradicción subyacente y quizás inesperada entre la voluntad de no postergación ni intermediación y/o posterior corrección y su apreciación en ámbito público.
La idea de incontaminación y de valoración prístina propugnada por el expositor queda en entredicho. La multiplicación de la obra no arremete en contra de la organización visual de la misma, pero sí reduce la densidad expresiva del gesto sobre la superficie, difuminando la presión de la línea sobre el soporte. Se destaca implícitamente aquello "que se dice" por aquello de "cómo se dice". Aquello que se ve cobra un cierto registro de impersonalidad a contrapelo.
En este "periplo del viajero" los expositores nos remiten a los itinerarios de los "artistas viajeros" de nuestro pasado colonial (primeras décadas del Siglo XIX) en su actitud de toma y registro, herramientas en mano, de todo aquello que resulta significativo para los mismos.
Se acompaña la exposición con textos explicativos y relatos varios que refuerzan la idea de la exposición como acontecer artístico-didáctico. De este modo se utiliza a la palabra en hipotético apoyo de aquello que se muestra. El autor, docente destacado en arquitectura, apela a este auxilio de divulgación conceptual de su hacer, condicionando la mirada del espectador.
La línea, protagonista esencial en todos los trabajos a la vista, define cada una de las obras sin dejar nada librado al azar, a la interpretación. De este modo la contención racional de gesto del dibujo lineal, "el dibujo florentino", no da lugar a interpretaciones alternativas de terceros.
Implícitamente se recorta en la muestra en su conjunto, aunque en menor grado en Lavoie, una cierta idea del dibujo como ilustración, como explicitación clara de aquello que se toma como modelo.
La transcripción figurativa a ultranza no despoja a los trabajos de su esencia abstracta, pues, inevitablemente la línea tanto en su recorrido como en su instancia de trama y superposición exige la participación creativa del espectador. La epifanía del dibujante no se traslada al espectador. Éste ve e interpreta aquello que lo conmueve desde su ángulo de interés desapasionado.
El rigor de los trabajos expuestos, la valoración respetuosa en extremo tanto por sus procesos como por sus resultados, descuenta el serio compromiso emprendido, definiendo una idea del dibujo.
El buen hacer de Bermúdez se repite en Lavoie, quien otorga a sus piezas un mayor vuelo imaginativo, una rendija por la cual el trazo responde más a aquello que se siente que a aquello que los ojos registran.
En la tarjeta -impreso- de la exposición se puede leer: "... Cada dibujo es un intento de capturar el momento en todas sus posibilidades...". Aquí, los autores capturan el modelo espacial quieto y ofrecido a la traslación al papel. La reverberancia expresiva y mítica se ve acotada por el imperio de la razonada precisión. En la batalla Emoción versus Intelecto, en esta ocasión la misma se resuelve a favor del último concepto.