Opinión: OPIN-06 Llegan cartas

"Maestro, que vea"

Señores directores: Narra el Evangelio que Bartimeo, un mendigo ciego que estaba sentado a la orilla del camino a la salida de Jericó, se enteró de que pasaba Jesús, posiblemente dejaba la ciudad y se puso a gritar: "íJesús, hijo de David, ten compasión de mí!". Muchos trataron de hacerlo callar, pero él gritaba con más fuerza esa misma oración. Igual que lo sabe con certeza nuestro corazón (tal vez también ciego a la fe y dejado al borde del camino), aunque la mente dude, Bartimeo posiblemente había escuchado sobre las obras prodigiosas de Jesús, y cuando Cristo pasó, podría haber pensado: ese Jesús que sanó a tantos se está yendo de la ciudad y no me curó a mí, y en su "íHijo de David, ten compasión de mí!" seguramente le pedía: No te vayas, aún queda un ciego por sanar, sáname también a mí...

Un conocido soneto de Lope de Vega dice: "¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?/ ¿Qué interés se te sigue Jesús mío?...". Es que Él no consume su deseo de que lo sigamos, y amorosamente nos "persigue": "He aquí que estoy a la puerta, y llamo" (Apoc. 3,20), aunque nuestra respuesta sea siempre ese "dejar para después" con que tantas veces tratamos a nuestra alma, como continúa aquella rima: "Cuántas veces el ángel me decía: `íAlma, asómate a la ventana, verás con cuanto amor llamar porfía!'/ íY cuántas, hermosura soberana: `Mañana le abriremos', respondía, para lo mismo responder mañana!".

Esta Pascua nos coloca nuevamente frente al mismo interrogante que el Nazareno propuso al ciego: "¿Qué quieres que haga por ti?". ¿Queremos realmente acercarnos a Él o pretendemos que primero nos "haga un milagro para seguirlo?" Vemos que la "lógica" de Jesús no fue ésa.

Si -con un mínimo de humildad- creemos que Dios podría llegar a escucharnos, y si le pedimos sencillamente como Bartimeo: "Maestro, que vea", prontamente experimentaremos la alegría de Su respuesta: "`Puedes irte, tu fe te ha salvado'. Y al instante pudo ver, y siguió a Jesús por el camino". Ese camino que a Él lo condujo a la Cruz, pero que sabemos que llegado el Domingo, se transforma en la Resurrección y en la Vida sin muerte que debemos esperar, la misma que nos ofrece y regala por amor.

Federico J. Gómez - DNI 21.816.289. Ciudad.