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Opinión: OPIN-04
El macho argentino
¿Sólo es hombre el macho, esa identidad que se construye en oposición y -se diría- enemistad, sea con lo femenino que con lo infantil, lo sensitivo, lo senil y lo gay? ¿Es una figura vigente o es un mito reforzado en las primeras décadas del siglo XX por la tanguería y por los usos y costumbres del porteño? ¿Son respetables sus códigos de valoración, coraje y firmeza? A reflexionar sobre este fenómeno y sobre la constatación de una masculinidad empobrecida se dedica el antropólogo Roberto Pitluk en su estudio titulado precisamente "El macho argentino". El macho argentino se modelaría pues a partir de esos vínculos de oposición o contradicción, o frustración. Con la mujer, por ejemplo, establece "un vínculo particular de atracción y rechazo. La mujer es, por un lado, su presa codiciada, su trofeo, la exaltación de su condición de predador. Por el otro, su freno y su límite, la que le muestra lo que no puede alcanzar. El signo extremo del predador es la violencia y la venganza de la presa es la traición, el manipuleo o el silencio. Por eso, al mismo tiempo que la desea, le teme y la denigra". Por otro lado, la mujer no es ajena en la responsabilidad de la conformación de esta forma de masculinidad, sea en sus roles de adoradoras, de esclavas o perpetuadoras al transmitir como madres el modelo. Vale acotar que para la tradición judeocristiana que está en la base de nuestra cultura, no hay oposición entre los géneros. Dios creó al hombre "a su imagen y semejanza" y lo creó "macho y hembra". "El sentimiento infantil que anida en su inconsciente parece indicar una relación irresuelta con lo materno". Por eso el macho también tiene una relación conflictiva con el mundo infantil, percibiéndolo como un estado inicial a superar. "Con el niño, cuando no le enseña `la verdad de la calle', es bruto o lo ridiculiza". Y también el mundo de la vejez le resulta despreciable, ya que no quiere aceptar el irreversible deterioro y la transitoriedad. "La condición de senil pone al macho de la nuca y le cuesta concebir que alguna vez lo joven, lo fresco, lo nuevo, pueda convertirse en lo viejo, lo gastado o lo antiguo. El macho acusa al espejo de distorsionar la realidad antes que admitir que su percepción está equivocada". Frente al homosexual su reacción es de burla y desprecio. "Es que, siendo potencialmente igual a él, lo traiciona en cuanto a la realización de la hombría. Por eso lo trata con crueldad, porque impugna su sustancialidad constituyente -aunque a veces le provea de un momentáneo alivio". Pitluk individualiza un sistema clasificatorio que incluye, entre otros, al "macho genitaloide, el típico macho bruto: lo quiere todo rápido y no para hasta obtener su satisfacción inmediata... El macho bestialoide agrega a lo anterior un toque de afectividad. Se emociona con las telenovelas, llora cuando ganamos o perdemos el mundial, defiende efusivamente a sus compinches de bando, en fin, descarga su agresividad por una causa noble... El macho fetichoide está muy de moda en nuestros días y las universidades se han ocupado de proveerle la capa de barniz que necesitaba; sublima su energía genital tras una idea -como el éxito profesional o la política- o eleva el pedestal de su idolatría a los seres queridos -a los que traiciona regularmente sin el menor remordimiento... El libertinoide es el macho emotivo que no puede aguantarse. Se emociona con una mujer bonita y por eso se siente superior al instintivo. Cree que la ama pero cambia rápidamente de objeto, lo mismo que de polaridad... El cicloide es el macho emotivo típico. Ora feliz, ora desdichado, el trato que te dispense dependerá de en qué momento lo encuentres... El afectoide es la versión refinada del macho emotivo. Ha leído los clásicos, conoce algún idioma extranjero, viajó o le gustaría, practicó tai chi, feng shui o macrobiótica... El exhibioide es el macho intelectual que tiene una fuerte pulsión instintiva pero, como no la canaliza de manera directa porque va contra sus principios, termina siendo un voyeurista o vuelca su libido en exhibirse...". Apelando al comportamiento colectivista y solidario de algunos aborígenes y a los prohombres de nuestra patria, el autor desliza su definición de hombre, de verdadero hombre: "Un hombre es alguien que siente, que piensa acerca de lo que siente y que actúa de acuerdo con lo que piensa". Sentir, aclara, no en el sentido de apasionarse "por un cuadro de fútbol, una mina o una billetera llena. Porque los hombres hemos sido abrumados por una conspiración de silencio respecto de nuestra realidad emocional y estamos anestesiados". En la segunda parte de este libro, publicado por Ediciones Pausa para la Reflexión Pitluk presenta una amplia serie de entrevistas a personas de distintos ámbitos de la ciudad de Buenos Aires, centrando la atención en los distintos factores que hacen tan complejo el problema del machismo, de su crisis y de sus nuevas formas de perpetuación. Un modelo cuyo molde está en gran parte vacío debido a la reivindicación de los derechos de la mujer, al avance del feminismo y a la dispersión en la familia del padre "rector". "Ahora sé que ser hombre es otra cosa, que ser hombre no es obligatoriamente ser macho, que el macho es sólo una parte del hombre pero que puede ser transmutada. Porque si se pierde el macho no se pierde necesariamente el hombre; en cambio el hombre puede perderse debido al macho", concluye Pitluk.
Un programa redentor
Transcribimos a continuación el "Programa redentor de la verdadera masculinidad argentina", que propone Roberto Pitluk como base y corolario de su libro: 1. Es posible y necesario cuestionar la idea convencional del hombre. 2. El macho es sólo una parte del hombre argentino. 3. Está en todos nosotros. 4. Se constituye en oposición a la mina, el pibe, el viejo y el puto. 5. Tiene diez atributos destacados. 6. Hay tres tipos básicos, diversos subtipos y siete momentos históricos en los últimos cincuenta años. 7. El machito en formación aprende de los que lo rodean (íPobre! No tiene otro remedio). 8. A pesar de todo esto, existe una masculinidad genuina. 9. La verdadera masculinidad argentina se remonta a los Padres de la Patria, pero en la actualidad adopta la forma de una red sumergida. 10. Los ocho atributos del hombre verdadero comienzan con la lucidez, que es la puerta para internarse en la nueva narrativa de la masculinidad. 11. Existe todavía la posibilidad del pasaje y de la iniciación masculina. 12. Para trascender al macho y transmutarlo es necesario descender; el descenso comienza con el reconocimiento de la herida.
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