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Edición impresa | Opinión
Edición del Lunes 24 de marzo de 2008
Opinión: OPIN-01 La inseguridad y cómo afrontarla

Hay un debate interesante a nivel académico acerca de las modalidades con que se expresa la denominada inseguridad. Algunos sostienen, con los matices del caso, que los problemas existen pero los medios de comunicación los magnifican y los opositores políticos los aprovechan; otros, por el contrario, postulan que la inseguridad como tal es una de las manifestaciones más claras y concretas de los límites del Estado para garantizar uno de los requisitos básicos de toda sociedad organizada.

Más allá de los caminos teóricos de esta polémica, hay que decir que, en principio, los medios de comunicación no inventan la realidad y, por lo tanto, temas como la inseguridad no salen de la imaginación de un editor. En verdad, los medios toman los conflictos, los exponen y, como ocurre en las sociedades pluralistas, a partir de allí, cada uno los interpreta o los elabora según sus experiencias y conocimientos.

El realismo siempre debería estar presente a la hora de pensar la política. Las visiones conspirativas nunca han sido conducentes. Es más, en la mayoría de los casos fueron responsables de gruesos errores por parte de los dirigentes. La inseguridad, la sensación de que los vecinos están amenazados por una actividad delictiva creciente e incontrolable, son datos insoslayables de la realidad. Los arrebatos sensacionalistas -que de hecho existen- no desmienten los hechos, aunque es verdad que los exageran.

La vida cotidiana suele ser un termómetro adecuado para observar cuáles son las preocupaciones de la gente. Y no es un secreto que el comentario sobre la inseguridad está presente en todas las conversaciones. De manera espontánea, en la mayoría de los casos, la cuestión pasa por protegerse y reclamar a las autoridades públicas. Las charlas habituales incluyen este elemento con su cuota de dramatismo, inquietud y miedo.

El rasgo distintivo de que la situación es delicada lo da el hecho de que las víctimas de la actividad delictiva ya no son "los otros" -como generalidad-, sino personas concretas, parientes, amigos, vecinos o uno mismo. La inseguridad deja de ser una cuestión hipotética para transformarse en un problema común.

Sin ir más lejos, el lunes pasado el periodista Aldo Quiroz fue apuñalado por una banda de delincuentes. El hecho ocurrió a la madrugada en un barrio en el que, hace rato, la opinión pública reclama mayores controles. Por tratarse de un periodista, es probable que la noticia haya resonado más fuerte, pero más allá de una profesión en particular, lo que este caso pone dramáticamente en evidencia es que la inseguridad es un problema concreto.

Se sabe que las situaciones críticas no nacen de la noche a la mañana; tampoco se resuelven de un día para el otro. Las causas de la inseguridad son complejas y las soluciones milagrosas no existen. No obstante, las autoridades deben hacerse cargo del problema y empezar a tomar las decisiones pertinentes. La sensación dominante en la opinión pública es que existe buena voluntad. Pero también es cierto que algunos funcionarios parecen estar haciendo los primeros palotes en una cuestión tan seria.



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