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Edición del Miércoles 26 de marzo de 2008
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Opinión: OPIN-02 Algunas disputas entre el oficialismo y los radicales K

Los aliados radicales K del oficialismo comenzaron a mostrarse reticentes a votar proyectos del gobierno que, en otros tiempos de oposición, los hubiera motivado a poner el grito en el cielo en contra de las iniciativas. Hasta ahora lo vienen haciendo en voz baja, pero las huellas de las disidencias aparecen claramente a la hora de contar las adhesiones a las propuestas más controvertidas enviadas desde el gobierno nacional.

En la mayoría de las sesiones los recientes aliados al kirchnerismo contribuyen a consolidar la hegemonía del Frente para la Victoria, aún cuando su número no resulte decisivo a la hora de contar las manos que respaldan a los proyectos oficiales.

Los hechos en contrario sucedieron visiblemente en dos oportunidades después del 10 de diciembre último, el momento en que se produjo el aluvión de legisladores ahora kirchneristas y la aparición en escena del Partido de la Concertación, sigla que expresa a los radicales que respaldaron el proyecto político de Néstor Kirchner y la candidatura presidencial de Cristina Fernández.

El 26 de diciembre en la Cámara de Diputados, la actitud díscola de algunos radicales K produjo el primer gesto público de malhumor. Algunos desafiaron con un voto de rechazo y otros prefirieron la abstención, pero ninguno acompañó a la bancada oficialista.

Entonces se iba a discutir la iniciativa de reordenamiento ferroviario a pedido del ministerio de Planificación Federal, Julio de Vido, a través del secretario de Transporte, Ricardo Jaime.

La disidencia estalló en el momento en que el oficialismo requería un número especial para tratar el tema en el recinto, pero los radicales kirchneristas prefirieron tomar distancia.

En esa ocasión votaron en contra los radicales K mendocinos Laura Montero y Héctor Alvaro, el marplatense Katz y la actual aliada del gobierno y ex menemista Paola Spátola (Guardia Peronista), mientras se abstuvieron el mendocino Jorge Albarracín, sus correligionarios bonaerenses Gustavo Serebrinsky y Silvia Vázquez, además de Ibarra y Basteiro y los cuatro diputados del Frente Cívico de Santiago del Estero, del gobernador K, Gerardo Zamora.

El segundo hecho que jalona las relaciones por momentos tirantes del Frente para la Victoria con sus aliados radicales K, de la Concertación Plural, se produjo el 12 de marzo, en la primera reunión de las sesiones ordinarias del Senado.

Los senadores recibieron una versión corregida por Diputados de un proyecto sobre desgravación de nuevas inversiones que la Cámara Alta ya había aprobado, pero con una diferencia sobre el organismo de gobierno que actuaría como autoridad de aplicación de la ley. En concreto, la legislación anterior había concedido esa facultad al Ministerio de Economía; ahora dejaba el rubro indefinido para abrir la instancia de la participación al ministerio de Planificación para los casos de obras públicas importantes.

La resistencia inicial de la oposición que veía sospechoso el cambio de autoridad de aplicación había motivado la primera visita al Congreso un mes antes del ministro de Economía, Martín Lousteau, quien dio su respaldo personal a la propuesta de regresar los controles al Palacio de Hacienda y con ese texto fue aprobado por la Cámara de Senadores.

La modificación introducida a instancias del oficialismo en Diputados, por pedido expreso de la presidenta Cristina Fernández, según confirmaron los jefes de bloques kirchneristas de las dos cámaras, prometía un debate tenso y lleno de acusaciones y reproches. Y así ocurrió.

Hasta el punto que el voto negativo cosechó 17 adhesiones, contra 38 del oficialismo, una diferencia suficiente pero notablemente estrecha si se piensa que el bloque K bordea los dos tercios de la Cámara y, además, varios senadores que habían anticipado su rechazo finalmente estuvieron ausentes.

La historia viene a cuento en esta nota porque entre los que rechazaron el artículo cambiado por pedido del gobierno nacional estuvieron dos radicales K, el ex gobernador de Río Negro, Pablo Verani, y el santiagueño Emilio Rached, mientras los restantes, incluidos los dos legisladores del Frente Cívico de Catamarca (aliados a la UCR) estuvieron ausentes.

¿Cuál es la causa que provoca estas ambigüedades de los aliados del oficialismo? La clave parece estar en las palabras de Pablo Verani: "Un partido que piensa cogobernar desde la oposición (el proyecto partidario de los radicales K) debe tener coincidencias y marcar las diferencias".

Pero estas fluctuaciones tienen sus riesgos frente a la convivencia interna de la coalición oficialista. No parece un camino muy deseable para dos que prometieron irse acompañando.

Diego Dulce (DyN)



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