El programa Prohuerta cobró auge a principio de 2002 y, poco a poco, se fue fortaleciendo en distintas localidades de la zona.
La necesidad de contar con el adecuado asesoramiento fue indispensable y, por esta razón, el paisajista del Inta Rafaela, Ricardo Lezcano, llevó adelante un curso sobre diseño de una huerta familiar -para contar con productos sanos durante todo el año- en las instalaciones del Centro Cultural de la Sociedad Italiana.
Con esta capacitación, se apuntó específicamente a la construcción de una quinta a partir de los recursos, elementos e intenciones con los que se cuente.
Lezcano destacó que "una huerta es necesaria porque las verduras son alimentos protectores que nos ayudan a sentirnos fuertes, son alimentos que convienen tanto a los chicos como a los grandes. La huerta nos permite tener en nuestras casas muchas verduras para preparar comidas ricas y diferentes". Además, "se ahorra dinero y se logra aprender, con trabajo y esfuerzo, que la tierra nos da lo necesario para vivir".
Al respecto, Lezcano confesó que "los espacios para la confección de las quintas no son una limitante, sólo hay que contar con un pedazo de tierra que reciba mucho sol, buena aireación y ubicada lo más cercana a una fuente de agua, semillas y bulbos que los provee el estado a partir de su programa Prohuerta y una serie de herramientas como palas, rastrillos, azadas, machetes, regadoras, pulverizadores".
Para cercar la huerta puede emplearse alambrado espigado, setos vivos, muros de piedra, cañas, varas de monte, o cualquier otro material de "fácil adquisición en la zona", agregó el profesional.
Un momento puntual de la disertación estuvo centralizado en la exposición acerca del tema del abono, elemento natural necesario para asegurarnos una buena quinta bien productiva. "Se puede usar todo tipo de residuos descompuestos (humus) como resaca de río, hojarasca de monte, estiércol de animales (caballo, vaca y aves de corral) o fabricar por medio de distintas formas y con diferentes fórmulas los propios abonos".
Según explicó el profesional, "antes de construir los canteros que, posteriormente serán sembrados, hay que sacar toda la basura, yuyos y piedras, luego se marcan los mismos utilizando 4 estacas e hilos, siendo las medidas recomendadas de 0,80 a 1 metro de ancho y el largo no deberá sobrepasar los 10 metros. Es importante dejar entre los canteros un camino de por lo menos 0,40 metros".
Posteriormente, "se mezcla el abono con la tierra a una profundidad de 10 centímetros, luego se rastrilla con la finalidad de empujar y así preparar una buena cama de siembra".
Al referirse a la siembra, Lezcano comentó que se debe hacer en forma directa o en almácigos. La primera se hace con las semillas más fuertes que necesitan menos cuidado, las cuales se siembran en el lugar donde las plantas crecerán hasta la cosecha (por ejemplo de zanahoria, perejil, remolacha, zapallo y poroto). La segunda, se realiza con las semillas de verduras que requieren una mayor protección. Estas se siembran en un almácigo y luego de un lapso de tiempo se realiza el trasplante que consiste en llevar las plantitas desde éste al lugar donde crecerán hasta la cosecha, (es el caso del repollo, lechuga, acelga, tomate, pimiento).
El Prohuerta es un programa que está dirigido a población en condiciones de pobreza que enfrenta problemas de acceso a una alimentación saludable. Promueve una dieta más diversificada y equilibrada mediante la autoproducción en pequeña escala de alimentos frescos por parte de sus destinatarios. El conjunto de prestaciones brindado se concreta en modelos de huertas y granjas orgánicas de autoconsumo a nivel familiar, escolar, comunitario e institucional.
Se trata de un programa enmarcado en la seguridad alimentaria, cuya piedra angular amalgama la capacitación progresiva, la participación solidaria y el acompañamiento sistemático de las acciones en terreno, resultando estratégica en su operatoria la intervención activa del voluntariado (promotores) y de redes de organizaciones de la sociedad civil.
Estas características, junto al modelo técnico promovido, que se apoya en los principios de la agricultura orgánica, se complementan recíprocamente, dotando al programa de una fuerte penetración territorial, valoración social y eficacia para la incorporación en la dieta de los hogares pobres de alimentos frescos; se constituye así en una herramienta válida para mejorar y diversificar la alimentación de sectores socialmente vulnerables, particularmente, frente a situaciones de desnutrición crónica por insuficiencia de micronutrientes.
Para cuidar
la quinta, se recomienda "sacar los yuyos, carpir la tierra, regar la huerta continuamente, aporcar -cubrir con tierra las plantas- y tutorar si el fruto lo necesita". Además, se requiere "ejercer un control intensivo de plagas para que no afecten la futura producción".