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Violencia en las escuelas. Chicos o chicas adolescentes golpeándose, acuchillándose, mostrándonos a toda la sociedad una agresividad difícil de digerir. Pero, ¿no se tratará tal vez de un juego de espejos macabros?, ¿no serán ellos, los jóvenes, los más vulnerables, los que no terminan de asimilar la violencia que se vivió y se vive en la Argentina en el último mes? Difícil imaginar que toda la escalada de violencia social donde la agresividad de los discursos que se bajaron desde los distintos poderes, tanto desde el más alto nivel del Estado, hasta su respuesta desde su correspondencia en los sectores económicos, y sus adherentes sociales de un lado y del otro, fueron fragmentando el ser social en una progresión sin fin. Difícil -insisto-, desvincular estos hechos de los sucesos violentos de la última semana en las escuelas de todo el país. En este país, donde los adultos usan el nivel simbólico con mayor éxito que los niños o los jóvenes, las palabras se utilizan desde los ámbitos de mayor jerarquía con una irresponsabilidad abrumadora, como navajas afiladas en donde los piquetes en el poder o los cortes de ruta se utilizan como "pistolas en la cabeza", y la pelea es cuál de los sectores aprieta más fuerte. Si así actúan los adultos, ¿qué nos queda esperar de los niños y jóvenes que expresan aquello que viven de un modo más directo? Esa violencia de "arriba", en el poder, se expresa cual espejo "abajo", en el territorio. Está en nosotros decodificar y entender nuestra responsabilidad como sociedad. La violencia en las escuelas es también nuestra violencia como sociedad manifestada de un modo brutal en la muerte de chicos y en maestras golpeadas por innumerables causas, (no dejo afuera la droga, ni la pobreza, ni los otros males que afectan las escuelas) pero esta vez creo que la violencia de los "grandes" afectó directamente a los "chicos" y así lo hicieron saber, como sólo ellos saben: sin anestesia. Alicia Cytrynblum (*) (*) Presidenta de Periodismo Social. |