Opinión: OPIN-05 Llegan cartas

López Murphy

Señores directores: Conmovidos por la renuncia de Ricardo López Murphy al partido que fundara, 28 delegados a la Asamblea Nacional fijamos por escrito los motivos por los cuales nos negamos a convalidar con nuestra presencia un acto asambleario intrínsecamente nulo.

Llevarlo a cabo, antes de que la Justicia se expidiera sobre el planteo de nulidad de las elecciones de delegados nacionales de la provincia de Buenos Aires, equivale a que un juez resuelva el fondo de un asunto, sin antes expedirse sobre el planteo de nulidad del mandato del letrado que lo promovió.

Lamentablemente, se lo hizo, menospreciando además las razones de fuerza mayor (suspensión de vuelos por el humo) que impidieron a varios delegados concurrir.

Por ello, si la Justicia convalida las irregularidades denunciadas por López Murphy al renunciar, no hallo razones para permanecer en el partido.

A quienes afirman que debo hacerlo luchando desde adentro, les pregunto: ¿Por quién lucharán? ¿Quién será su líder?

El mío ha renunciado, dolido por la deslealtad de quienes, con su acción u omisión, participaron de la trama urdida para desplazarlo de la escena política nacional.

A estos últimos, que hace tiempo trabajan para Macri aunque burdamente traten de disimularlo, la renuncia les alegra.

Su victoria es pírrica. Tarde o temprano la ciudadanía, asqueándose de tanto travestismo sin pudor, valorará la conducta de un hombre de bien que siempre dijo la verdad y nuca vendió sus principios ni su ética.

Y si -como ocurriera con Lisandro de la Torre- menosprecia a sus mejores líderes, lo hará la historia.

Javier Vigo Leguizamón LE 8.485.039

Caballos

Señores directores: La Patria se hizo de a caballo, en los campos de batalla, en el cruce de la Cordillera de Los Andes, en los dorados trigales, en el mar azul de los alfalfares. Los primeros colonizadores que clavaron el arado en las tierras vírgenes de nuestra provincia lo hicieron ayudados por equinos de tiro, los percherones. Esos animalitos que a diario vemos en nuestras calles, maltratados, mal alimentados, tirando cargas superiores a sus posibilidades, eran montados por los boyeros para desplazarse en el campo.

Resulta inaudito pero en una emisora escuché que eran prioridad los niños que iban sobre el carro; según mi humilde opinión, es lamentable que esos pequeños se vayan criando en la cultura del maltrato porque cuando sean mayores lo van a repetir con su familia.

Ante este problema acuciante es necesaria mucha docencia para cambiar esta mentalidad y arbitrar los medios necesarios para brindarles atención veterinaria a estos nobles animales.

Cándida Ana Palermo. L.C. 963.808.