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Por Domingo Sahda En fecha reciente y en un período menor que el habitual en estos casos, el Museo Municipal de Artes Visuales -peatonal San Martín 2068- dio apertura y albergó la Muestra-Performance titulada ¿Cuál es el sentido del cubo? del autor Martín Molinaro, partícipe del evento de referencia, por cuanto la exhibición en sí misma en su aspecto medular, consistió en las performances llevadas a cabo in situ por el artista con el acompañamiento y/o cobertura espacial estática de imágenes fotográficas seriadas, objetos de referencia metafórica, elementos un tanto insólitos pero enmarcados en la proposición global, además de la participación sonora ejecutada en otro ámbito y auditada en el espacio recortado para la concretización del acto performativo. La idea de lo insólito, lo impredecible con su sobrecarga de enigmas a resolver, o a multiplicar al infinito y sin solución de continuidad espacial o temporal, se constituyó en el epicentro de esta muestra de acción en vivo, en presencia constante del público, destinatario y copartícipe del hecho. La Performance, denominación referida al desarrollo de un discurso previsto y pactado en la intimidad por su creador, supone la provocación, la idea de des-concierto frente a un hecho vinculado con diferentes perfiles de la cultura. La acción, acotada en el tiempo y en el espacio, ocasionalmente el mismo, y que hace de lo circunstancial, de lo efímero, su punto neurálgico. ¿Cuál es el sentido del cubo? hace de la reiteración mecánica y repetitiva, el silencio (del autor) y el distanciamiento emocional, una urdimbre conceptual que no alcanza a embargar la atención, más allá de la curiosidad atenta de "aquello por venir", de la solución final al conflicto iniciado desde la gestualidad, el montaje de luces direccionadas y los elementos resemantizados. La acción transita por la frontera entre la proposición visual y la propuesta teatral sin destacar aspectos de potencia expresiva en ninguna de las áreas comprometidas. El esfuerzo de concentración y de ejecución de la Performance amerita la disposición del investigador en torno al "qué" y al "cómo" del arte contemporáneo, distanciándose del empleo del arte convencional para así emitir juicios de valor. El arte, con sus manifestaciones tanto en el plano como en el volumen, el cuerpo, el sonido, o cualquier otro lenguaje a los que se recurre, siempre supone contenidos éticos, a más de los consabidos y exigibles estéticos. Cuando están ausentes cualquiera de estos parámetros, nos posicionamos en terrenos de la artesanía, de la laborterapia o el más anacrónico academicismo, buenas y necesarias para la sociedad en sí misma, pero que tocan muy tangencialmente al arte como lenguaje constitutivo de la cultura de los pueblos. En esta oportunidad y al margen de los resultados obtenidos por la convocatoria, el proceso de construcción permanente de sentido ofrecida por Molinaro en los distintos momentos de su trabajo, predeterminan que quien mira se enlaza a aquello mirado explorando y encontrando o no sentido al accionar del sujeto convocante, constituyéndose en partícipe necesario o cómplice de la aventura creativa que acontece. La suma del tiempo y el espacio, de aquello que transcurre y aquello que queda, se conforma en el territorio caracterizador de las performances, asomadas incipientemente al mundo de la cultura, y obviamente sin esta denominación, por los años en que el movimiento "Dadá" (Zürich-Suiza) lanzaba sus provocaciones abriendo una brecha en la concepción de la cultura como espejo de la sociedad occidental; resquebrajadura que iría en progresivo aumento e intensidad sin solución de continuidad, poniendo en entredicho las razones del arte, de la cultura, de la sociedad en su conjunto con sus contrasentidos violentos y trágicos, emergentes de la Gran Guerra (1914-1918). Una sociedad en disolución exigía repensar en su totalidad la constitución de sí misma desde el resquebrajamiento de la cultura, a saber: su espejo. Los aconteceres producidos por Martín Molinaro no son nuevos pero no por ello menos significativos o reveladores. El país fue epicentro sudamericano de muchas memorables performances. Santa Fe las tuvo por los años sesenta, en remarcada sintonía con otras ciudades importantes del país, intentando llevar "la imaginación al poder", o más modestamente, la imaginación al arte plástico. Interesante y valedera la proposición concretada en el Museo Municipal de Artes Visuales cuyas autoridades parecerían haber renegado de la idea de Museo como Mausoleo para hacer de estas salas un incipiente "ágora". Esta actividad intenta estimular tanto a alicaídos aspirantes a artistas como al público en general en el deseo de construir imaginarios de relevancia y compromiso contemporáneo compartido. |
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