Luis Rodrigo
Fue en noviembre de 1968. Mandaba el general Juan Carlos Onganía y toda actividad política era clandestina. Cerca de la estación ferroviaria de Setúbal, Santa Fe, en la quinta del Ing. Frutos, un "viejo radical y amigo" del padre de Luis Cáceres, unas 30 personas muy jóvenes (sólo tres eran mujeres) creaban la Junta Coordinadora Nacional.
Su funcionamiento orgánico terminaría también bajo las sombras de otra dictadura, en enero de 1982. La Coordinadora (pocas veces se la llamaba por su sigla, JCN) había preparado el terreno para el triunfo del Movimiento de Renovación y Cambio de Raúl Alfonsín sobre el balbinismo, encarnado por Fernando de la Rúa en la interna de 1983 y permitió construir un mito político -asociado al valor de la militancia-, que se reivindicó con la llegada del alfonsinismo al gobierno nacional.
Por la sede del Comité Provincial de la UCR de calle Rivadavia, el "Changui" se mueve como si fuera su casa. Entre las maderas nobles de la casona y sus viejos lustres, se revisan otros lustros... Los abrazos se suceden: 40 años después, vuelven a verse las caras los muchachos que comieron un aceitoso guiso de arroz a la sombra de unas moras en el 68 (y crearon una estructura que conduciría la Juventud Radical, la Franja Morada, y formaría políticamente a más de 30 diputados nacionales, algunos senadores y tres gobernadores). La dirigencia partidaria "comiteril" de entonces.
El periodista y el fotógrafo de El Litoral cometen casi una invasión sobre la intimidad. Es que se reviven "los años de la juventud, tal vez lo más preciado y lo que uno recuerda con más afecto de su vida, que estuvo entrelazada con un grupo de gente que hoy, en algunos casos, estará en otros partidos".
"Lo que motoriza esto no es sólo la fecha; también, darnos cuenta de que a los objetivos fundacionales de la Coordinadora del 68 se los debemos a la sociedad, y nos los debemos. A ese grupo de muchachos llenos de ideas, ilusiones, ideales, también de temores, que en la clandestinidad formaron la JCN de la Juventud Radical", dice Cáceres
Aquellos objetivos "eran fortalecer la UCR para que fuera el instrumento válido en los reclamos de los sectores más desposeídos de la población para la conformación de una sociedad más justa, fraterna y solidaria; y en la lucha contra la dictadura, recuperar la democracia y garantizar elecciones sin proscripciones ni condicionamientos. Conseguimos esto último, pero de los otros dos somos deudores, ante la sociedad y nuestros propios hijos".
Para el ex diputado nacional y ex convencional constituyente en 1994, éste "no sólo es un reencuentro de viejos amigos que tuvieron entrelazada la parte más linda de la vida. Yo creo que va a ser una discusión política de reflexión", asegura, y que "le podrá servir a cada uno, esté donde esté.
"Si el colectivo piensa que da para hacer una declaración final o trabajar para hacer una fiesta en el mes aniversario, que es noviembre, nos volveríamos a encontrar", afirma.
La fecha está por resolverse: "Uno de los que viene tiene una copia guardada, al original lo tenía yo. En otras épocas, en un allanamiento a mi casa, mientras mi padre demoraba la entrada de la policía, mi madre quemaba papeles en el fondo: allí terminó más de un documento histórico".
Cáceres no recuerda la fecha, pero aún aquellos hechos lo conmueven. "La reunión se hizo bajo un frondoso bosque de moras. Éramos pocos, treintipico de personas. Mientras hablábamos de política y de lo que había que hacer, se empezó a preparar un guiso de arroz en un gran caldero. Y, en teoría, las encargadas eran las tres mujeres que fueron a la reunión, pero no hubo quien no opinara y que pensara que le faltaba aceite... Y no hubo uno que no le echara: terminó saliendo una cosa indigerible, una sopa aceitosa que exprimíamos del hambre que teníamos". Las mujeres eran Alicia Tate (la ex diputada nacional, su mujer), Indiana Barea (esposa de quien fuera senador nacional por Entre Ríos, Alcides López), y María del Carmen Manza (que luego fue la esposa de Leopoldo Moreau).
"Hay unos cuantos que ya no están: "Chacho' Lezcano, "Perico' Olivera, los dos santiagueños; "Beto' Gallino, de Entre Ríos; lo mismo que "El Mudo' Carbone. De los que quedamos, los muchachos vienen, se pusieron contentos y me dijeron: "Contame"'.
En "Los herederos de Alfonsín" (1987-Sudamericana-Planeta) Alfredo Leuco y José Antonio Díaz narran -en la entrevista periodística como principal fuente documental- el nacimiento de la Junta Coordinadora Nacional. El ensayo explicó (en medio de los "80) la influencia de sus dirigentes en el alfonsinismo.
La notable investigación trabaja intensamente sobre los protagonistas de la Coordinadora y los autores consiguen mostrar la historia a partir de una materia frágil, las declaraciones públicas de los protagonistas de las noticias de entonces, que la opinión pública (y muchas veces también el periodista) percibe apenas como una contingencia, un material perecedero.
Detrás de cada capítulo se han revisado testimonios y documentación en un laborioso proceso que ha contrastado versiones dispares y que cuando no se han resuelto se señalan con un gran sentido de equidad. Como señala Oscar Raúl Cardoso (otro periodista y ensayista) en el prólogo, ""El producto de este trabajo está destinado a perdurar como el primero de lo que seguramente será una serie de ensayos sobre un fenómeno que signará, para bien o para mal, la política nacional de los próximos años".
El texto es obligatorio para quien quiera saber más de esa estructura de la Juventud Radical y los "coordinadores" que hoy se han reencontrado en Santa Fe también lo creen, pero advierten que el ensayo pone excesivamente el foco en Capital Federal y provincia de Buenos Aires.