El avance en la licitación pública convocada por el gobierno nacional para la construcción de una planta que genere energía eléctrica, en el Parque Industrial de Sauce Viejo, es una novedad alentadora para la realidad económica local y provincial.
La iniciativa representa para el área metropolitana santafesina la oportunidad de que se recupere la capacidad de generar, como mínimo, en una primera etapa, unos 280 megavatios (Mw).
La cifra no es menor: todo el sistema eléctrico provincial durante los más importantes picos de demanda llega a requerir una potencia que ronda los 1.550 Mw., por lo que añadir ese aporte puede ser, en el futuro, la diferencia entre sufrir cortes o no en esos momentos críticos.
Otra comparación es atinente: la usina Sorrento de la ciudad de Rosario, por cuya recuperación lucha desde hace más de un año la opinión pública de la ciudad del sur, tiene un límite de capacidad instalada de hasta 160 Mw.; pero se insiste que con inversiones y un proceso de modernización podría generar hasta 500 MW. Para todos los santafesinos, lo ideal sería que también este último proyecto sea concretado. Mientras, según la información oficial disponible, se ejecuta de acuerdo con el cronograma de obras previsto la usina General San Martín en Timbúes. Sumará 500 Mw. de producción para agosto próximo y hasta 830 -si se cumple el plan de inversiones anunciado- en un año más.
Es verdad que todas estas instalaciones eléctricas, algunas del Estado nacional o en sociedad con el sector privado de la generación energética argentina, creado al calor de las desregulaciones de los '90, tendrán comprometida su producción con la demanda del sistema interconectado nacional, es decir, con la totalidad del mercado eléctrico argentino. Sin embargo, no es lo mismo que estas empresas que generarán energía eléctrica estén instaladas en cualquier otro punto del país, fuera de la provincia. Si el sistema fuera previsible y la Argentina no estuviera frente a un preocupante cuello de botella para su crecimiento, roto el equilibrio entre demanda energética y oferta disponible, la localización de las usinas acarrearía para la ciudad y la provincia sólo las ventajas comunes a cualquier obra civil importante. Es ante picos de consumo altos, tan previsibles como acuciantes -cuando incluso los vínculos físicos de la interconexión nacional (las líneas de alta tensión) se convierten en una limitación- que cobra un nuevo valor la instalación local de las usinas.
La ciudad contó durante buena parte de su historia reciente con un parque de generación propio, modesto, pero útil para situaciones de emergencia. Durante la inundación de 2003, las aguas del río Salado se llevaron el último emprendimiento, al quedar arruinada la máquina de la Usina Santa Fe Oeste, de la ex Centrales Térmicas del Litoral.
La licitación convocada para la central Brigadier López logró una oferta (de Iecsa-Isolux) que propuso instalar una máquina Siemens a un precio final de $ 1.016 millones. La iniciativa es parte de un paquete mayor, que se completa con otras cuatro centrales (en Córdoba y Buenos Aires) que forman un negocio de $ 4.800 millones, y en unos tres años aportarán 1.695 Mw.