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Edición impresa | Opinión
Edición del Lunes 12 de mayo de 2008
Opinión: OPIN-02 Las contradicciones que erosionaron a Cristina

Que el campo le gane finalmente la pulseada a Néstor Kirchner no será su mayor signo de debilidad, tal como él está empeñado en creer. Tampoco la rendición ominosa de los hombres del agro podrá reconstituir de inmediato su pedestal. El ex presidente se comporta por estos días como un general que se cuece a fuego lento en su propio laberinto, en medio de un cambio de expectativas que le cuesta visualizar. La gente pide diálogo, mientras los términos de la guerra bullen en su cabeza.

Quizás porque el microclima interno lo obnubila o porque está ocupado en ver conspiraciones detrás de cada cortinado, Kirchner ha perdido, de la noche a la mañana, una de las aptitudes que mejor ejercía: la capacidad de interpretar el sentir mayoritario de la sociedad, a través de la lectura de encuestas y luego, y sobre todo, a su fiel seguimiento.

El peronismo, que percibe como ninguno los imponderables que sustentan los bajones de los políticos, más si son del mismo palo, ha comenzado a olfatear que, debido a que carece de matices y a que juega siempre al todo o nada, el santacruceño ha desnudado un flanco de ataque y se prepara para tantear hasta dónde puede desmoronarse.

Durante mucho tiempo, el ex presidente fue, más que un conductor, un férreo seguidor de la opinión pública; sintonizó muchas de las demandas de la gente, mientras que a otras logró esquivarlas sin demasiado costo. Él hacía lo que la sociedad quería y ésta lo premió con altísimos porcentajes de imagen positiva, los que mantuvo hasta el día en que salió formalmente del gobierno, toda una hazaña.

El truco funcionó mientras el sentimiento colectivo estuvo aferrado al corto plazo que tanto ama Kirchner desde sus tiempos de intendente de Río Gallegos. Al fin y al cabo, gobernar un municipio o una provincia tan pequeña como Santa Cruz no requiere una planificación tan puntillosa, ni tampoco equipos de trabajo sofisticados. Hasta allí, coincidieron sin fisuras una demanda de baja calidad, propia de la salida de una gran crisis, con una oferta del mismo estilo, acostumbrada a apretar el puño, a concentrar el poder y a resolver los problemas del día a día. Eso gustaba.

Pero todo comenzó a complicarse cuando su decisión de pasarle la posta a su esposa tuvo como basamento las promesas electorales de no tocar el modelo económico, pero ensayar una mirada hacia el mediano y largo plazo, con más gestión, mayor calidad institucional y mejor inserción en el mundo. Así, con estos cuatro o cinco elementos básicos, Cristina Fernández de Kirchner llegó a la presidencia con 45 por ciento de los votos y una diferencia con la segunda fórmula de más de 20 puntos.

Ya desde la conformación del gabinete, muy similar al anterior, la nueva presidenta comenzó a mostrar que la vocación de cambio no estaba tan arraigada en su espíritu. Para qué virar si a Néstor le había ido tan bien. Lo central fue que cada una de aquellas promesas que sedujeron a muchos votantes, sobre todo los de la clase media urbana y rural, fue desvirtuada por la realidad de los hechos, lo que comenzó a sembrar la desconfianza.

Lo concreto es que no sólo se generó una mayor cerrazón en materia institucional, sino también un divorcio cada vez más acentuado con el mundo, que siguió moviéndose a su ritmo. Brasil se mostró imparable, hubo más de un roce nada menos que con España y hasta se toleró la traición de Hugo Chávez, quien nacionalizó una empresa de Techint, en nombre de lo que parece ser una imperiosa necesidad de conseguir fondos frescos y fueloil para pasar el invierno, como si, con plata en la mano, no se pudiera comprar ese combustible en cualquier otro lugar del mundo.

Lo más grave fue que la economía se siguió complicando por el lado de la suba de precios, no sólo por la repetición de errores para intentar corregir los desvíos, sino por la tozuda negación de la inflación. Con el método Moreno de dibujar los índices de precios e insistir en su veracidad con cara de piedra, mucha gente se sintió estafada no sólo en su bolsillo, sino también en su intelecto.

En medio de los tironeos dialécticos por la inflación, que tienen su contraste real en el mostrador, lo que deja desairados a los funcionarios, parece incomprensible por qué motivo el gobierno de Cristina se compró el conflicto con el campo, sobre todo con superávits en materia fiscal y comercial y con la rebosante situación de reservas. La imposición de retenciones móviles a la soja y al girasol sirvió al imaginario colectivo como detonante de que las cosas no estaban tan bien en materia económica. La ecuación entre ingresos y gastos ya había comenzado a deteriorarse, producto de la fiesta electoral de 2007, y se ha empezado a percibir que la falta de financiamiento puede hacer peligrar el horizonte.

En tanto, desde la política, Néstor Kirchner salió a defender a su esposa frente al campo y sólo logró opacar su imagen, ya que se instaló la idea del ""doble comando". Como virtual ministro de Economía, el ex presidente señaló que la receta de ""enfriar" la economía de modo ortodoxo no estaba en sus planes, mientras dejó la puerta abierta para que ese enfriamiento se produjera de un modo más traumático.

En medio de todos estos vericuetos y dudas, se produjo, además, la salida de Martín Lousteau del Ministerio de Economía y se potenciaron a diario desde el atril presidencial los permanentes conflictos con la prensa, mientras los piqueteros de Luis D'Elía y los jóvenes K salieron a la calle a meter miedo. También se buscó enfrentar a la opinión pública con el agro, al que se culpó del desabastecimiento, de la inflación y hasta del incendio de pastizales que llenó de humo Buenos Aires.

Por otro lado, la presencia contemporizadora del jefe de Gabinete, Alberto Fernández fue barrida de un plumazo por la línea dura del gobierno, no tanto por la admisión de éste de algunos ""errores" en el diseño de las retenciones móviles ante los dirigentes agrarios, sino porque uno de ellos lo comentó en público. Cuando se anunció por televisión que el gobierno iba a negociar ese punto, dicen en la Casa Rosada que el propio Kirchner le bajó el pulgar a cualquier arreglo. Casi sin margen, ahora, Fernández ha salido a decir que los ruralistas están ""locos".

En tanto, el dogma del centralismo fiscal comenzó a ser denunciado por gobernadores e intendentes, empujados por la gente del campo, sus propios votantes. Ésta será la excusa que pondrán por delante los legisladores y mandatarios provinciales y comunales del peronismo para sondear a Néstor Kirchner.

Probablemente, el aún sumiso Daniel Scioli ya lo ha hecho en privado, pero, esta semana, Córdoba, Entre Ríos, Chubut, ahora La Pampa y también Santa Fe harán cola para expresarle públicamente al ex presidente su preocupación al respecto y para solicitarle que cambie de postura y que escuche a cada uno de los distritos. Por ahora, sólo le pedirán mayor flexibilidad para que comprenda que la actividad ha caído en buena parte del interior a niveles preocupantes y, además, porque la profundidad del paro no beneficia a nadie, ni a los pueblos, ni a las provincias, ni al fisco.

Por último, el ""salto a la modernidad" del llamado tren bala le puso la frutilla del postre a la percepción general que existe -por derecha y por izquierda- sobre la incapacidad gubernamental de distinguir prioridades, lo que ha desembocado en una asignación casi caprichosa de los recursos de todos. ""En qué cabeza cabe" es la definición más contemplativa que se escucha sobre el tema.

La irritación ha ido en aumento y, con toda esa balanza en contra y su propia admisión de que los Kirchner son una unidad, no es difícil entrever por qué el carisma inicial de Cristina Fernández ha caído tanto y por qué, más allá del colchón de superávits y reservas, se ha generado el ruido que se escuchó durante los últimos días en los mercados.

Con este deterioro de imagen, con el campo afuera, con los industriales preocupados por la erosión cambiaria, con la CGT arisca por la recomposición salarial, con la diáspora de los radicales K y ahora con los políticos del PJ en ebullición, a punto de intentar un primer jaque a Néstor Kirchner, será bastante difícil darle algún contenido de fondo a lo que se prevé -si finalmente se lleva a cabo- puede ser el relanzamiento del gobierno, el próximo 25 de Mayo.

Hugo E.Grimaldi (DyN)



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