Edición del Sábado 21 de junio de 2008

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arte: ARTE-02 La fragua de la escritura

Este libro está conformado por textos breves que el autor ha ido produciendo y seleccionando a lo largo de treinta años. Todos y cada uno remiten a los sueños, a esa dimensión lábil que apenas se recuerda y en la que se entremezclan los reservorios más raros y desopilantes para dar cuenta de sentencias, alegorías e historias insólitas.

Con ese tono y en ese registro, la voz narrativa va recuperando cada sueño y, sin ánimos de reflexionar sobre sus alcances, se atreve a compartirlos, quizás para dar cuenta de lo que reverbera en el interior de su psiquis, tornándose en la materia responsable de gran parte de sus creaciones.

La mayoría de los textos contiene una fuerte apelación al lector, a partir de las referencias intertexuales. Como no podía ser de otra manera, su ánimus se alimenta de autores, de citas, paráfrasis, encuentros y desencuentros, que remiten una y otra vez a autores nacionales y extranjeros, con quienes dialoga en ese estado de ensoñación. Cada historia se instala en un escenario diverso, que se deslizan desde Dublín, París, México, Montevideo, Nueva York y Alabama hasta Resistencia, su tierra natal, en la que aparecen sus fantasmas familiares, amigos y poetas.

Los textos-sueños se deslizan con una dinámica consecuente con la naturaleza onírica, ya que van y vienen sin regodeos, con el registro adecuado a cada situación y el tono propicio para sumergirse en el gran rompecabezas humano que habita en el narrador. De esa fragua, se elucubran historias increíbles con tintes poéticos, suspicaces, tiernos e irónicos, en una amalgama que responde con coherencia al mundo de donde provienen.

El inefable Monterroso con un dinosaurio recreado; Kafka, Rulfo, Borges, Onetti, Paz, la serie es infinita, como así también su relación con la plástica (Magritte, Renoir), en búsquedas que se aproximan, se estrellan y se bifurcan por laberintos y pasillos que permiten entrever un jadeo y un sobresalto próximo en cada despertar, porque los límites se diluyen entre el sueño y la vigilia.

La sensualidad de los sueños eróticos, la descripción del mundo under en los pubs irlandeses en medio de la resaca y el contraste con Joyce, como la reflexión que rememora por el acto espurio de aquella viuda que por dinero expone las cartas de amor que le escribiera su enamorado o la diatriba sardónica entre Lope y Góngora ("Sueño de un cretino"), nos permite transitar por variados escenarios del mundo desde una cosmovisión íntima y particular, como si estuviéramos profanando el espacio de un creador que expone la fragua de su propia escritura.

Por María Luisa Miretti





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