Escenarios & Sociedad: SOCI-02
De búsquedas
ANA LAURA FERTONANI

El caballete, la banqueta gris salpicada de pintura, los pinceles, los colores, libros, fotos de rostros y paisajes queridos, las voces y música nacidas de la radio. Era pequeño su lugar, el taller, lo quería más grande, no lo quería en el fondo de su casa, sino conviviendo con la cama para que esas noches de incontenibles sensaciones tuvieran su remanso en la expresión sobre la tela y dejaran, por fin, de ser oscuridades abismales.

"¿Qué es el arte?" era la pregunta que llevaba en el bolsillo, en el alma, en la boca y empuñaba sobre diversos territorios. Era la provocación, el puntapié que le aseguraba su despliegue de conocimientos, de vida, su propio desafío por encontrar las palabras -absolutamente apasionadas- que definieran semejante sed y hambre y satisfacción y sentido. Los signos de interrogación auguraban su concepto de arte o filosofía de vida, significación que quedó grabada en cada ser al que pretendidamente influyó. "La perfección de un oficio", sintetizaba, luego de una extendida fundamentación. Su oficio, su arte, que dibujó, que creó, que destruyó y admiró, el que le dio respiro buscar y encontrar belleza- entre tanta vida que duele.

Se jactaba de no pretenderse artista ni maestro. "El tiempo lo dirá, después de muerto", lo escuché decir varias veces "yo soy pintor".

Su creación reclama ser contemplada, valorada, discutida, compartida. De eso se trata, o al menos eso creo que trató el artista, mi abuelo, desde el día en que decidió la búsqueda de la justa pincelada y que en este espacio y "después de muerto" halla otra oportunidad.