Información General: INFO-01 El desarme de Hezbolá es una ilusión

Anne-Beatrice Clasmann (DPA)

La reciente liberación por parte de Israel de Samir Kuntar, es prueba clara del poder que todavía conserva el Hezbollá. Kuntar cumplía una pena a cadena perpetua por asesinato. Su libertad fue negociada en un canje de prisioneros. Foto: Agencia EFE

Cuando concluyó la guerra entre Israel y la milicia chiita de Hezbolá hace casi dos años, se habló mucho sobre el desarme del grupo proiraní que con sus misiles y armas antiblindados consiguió amedrentar a Israel. Pero en la actualidad ya nadie habla, al menos en Líbano, de desarmar a las tropas del secretario general de Hezbolá, Hassan Nasrallah.

El propio Nasrallah incluso sostiene que su movimiento está mucho mejor equipado que antes de la guerra de 33 días en julio de 2006.

Las tropas de paz de la ONU, Unifil, con 13.000 soldados acantonados en la frontera con Israel y en barcos frente a la costa, no sólo están allí para evitar nuevos enfrentamientos armados, sino también el tráfico de armas. "El desarme de Hezbolá o cualquier otro grupo no es nuestro trabajo. Nosotros tenemos que procurar que en el territorio al sur del río Litani nadie más tenga armas que nosotros y las fuerzas de seguridad libanesas", dijo la portavoz de Unifil Yasmina Bouziane.

Al parecer, Hezbolá ha tomado posición al norte del Litani y allí ha colocado misiles de largo alcance, aunque de momento no parece que el "partido de Dios" quiera provocar una nueva guerra con Israel. Pero si Israel bombardease a su archienemigo Irán, se da por seguro que Hezbolá, financiada y equipada por Teherán, se vería arrastrada al conflicto.

Hasta la fecha nadie tiene una influencia real en los cohetes, artillería y municiones que llegan al país por tierra desde Siria o por el aeropuerto de Beirut. Y que en el aeropuerto hay un agujero en la seguridad quedó claro cuando Hezbolá armó un gran revuelo al saber que la mayoría gubernamental (prooccidental) que dirige el primer ministro Fuad Siniora quiso cambiar al responsable de seguridad del aeropuerto.

"La frontera con Siria es un paraíso para el contrabando. Hay caminos que no están controlados y por los que tranquilamente circulan camiones", señalan fuentes anónimas de las fuerzas de seguridad.

Las fuerzas de seguridad libanesas están siendo apoyadas por gobiernos extranjeros desde más de un año en sus tímidos intentos de controlar la frontera, pero la iniciativa resulta insuficiente mientras el gobierno de Beirut no acuerde un programa amplio para la seguridad de sus fronteras.

En Líbano la aceptación de la Unifil, que existe desde 1978 y que hace dos años se vio reforzada con más soldados, es bastante amplia, a pesar de que desde 2006 se han registrado más ataques terroristas contra sus soldados. Pero según los expertos, los agresores son terroristas sunitas próximos ideológicamente a Al Qaida que mantienen contactos en el extranjero.

En favor de la labor de los cascos azules en el sur de Líbano habla que por primera vez desde la ocupación israelí en el sur se hayan podido estacionar soldados libaneses con ayuda de la Unifil. Además, en el territorio rural no se había vivido de forma tan pacífica desde 2006.

Sin embargo, políticos y medios israelíes han criticado a menudo las tropas de paz de la ONU "porque no impiden que Hezbollá siga ampliando su arsenal".

En los primeros meses después de la guerra fueron hallados muchos arsenales y depósitos de municiones en el sur, en búnkers, en escondites excavados en el suelo, pero también en jardines de viviendas privadas. "La mayoría de armas que encontramos procedían de la época de la última guerra", explicó Bouziane.

En numerosas ocasiones, los miembros de las tropas multinacionales sólo necesitaban ver desde la parte superior de los tanques los jardines o patios de las casas en los pueblos para descubrir las armas de Hezbollá. Sin embargo, causó bastante enojo cuando el pasado 17 de julio, soldados italianos de Unifil en la frontera saludaron desde sus vehículos blindados. Su saludo iba dirigido a un camión con ataúdes en el que se había colgado la imagen de Samir Kuntar. En los ataúdes iban los restos de los árabes muertos en combate contra Israel.

Kuntar fue detenido en 1979 tras una ataque en Israel y condenado a cadena perpetua por asesinato. Tras un largo tira y afloja, los israelíes decidieron ponerlo en libertad el 17 de julio para poder recibir a cambio los cadáveres de dos soldados israelíes.