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Las tropas británicas abandonaron a los soldados estadounidenses e iraquíes durante la batalla de abril pasado en Basora, tras un acuerdo secreto entre Londres y el llamado Ejército de al Mahdi, según reveló hoy el diario inglés The Times.
Ese medio informó que unos cuatro mil soldados de Gran Bretaña, incluida toda una brigada mecanizada, se limitó a seguir la batalla desde la distancia debido a ese acuerdo con el clérigo radical Moqtada al Sadr.
El informe, difundido también por la agencia de noticias Ansa, está sustentado en denuncias de oficiales estadounidenses e iraquíes que participaron del operativo y dice que Estados Unidos envió de emergencia a marines y otros soldados para cubrir el hueco dejado por los británicos, e incluso los norteamericanos tuvieron que hacer frente solos al fuego de mortero así como a los disparos de misiles y las bombas colocadas por las milicias iraquíes.
Fuentes del Ministerio de Defensa en Londres informaron al Times que el primer ministro iraquí, Nouri al Maliki, quien ordenó el ataque contra las milicias al Mahdi, así como los jefes militares estadounidenses, quedaron decepcionados por el comportamiento de los británicos.
Londres no ha confirmado nunca la existencia de tal pacto con el clérigo al Sadr y algunas fuentes niegan que la tardanza británica en enviar tropas en auxilio de sus aliados se debiese al supuesto acuerdo secreto.
Según un portavoz del Ministerio de Defensa, si no se enviaron inmediatamente refuerzos británicos fue porque no había en la ciudad de Basora en aquel momento "la estructura" necesaria.
El coronel Imad, jefe del segundo batallón, primera brigada, primera división del ejército iraquí, que mandó uno de los batallones que acudieron en ayuda de sus fuerzas iraquíes locales, entrenadas por los británicos, no oculta, sin embargo, su disgusto por lo ocurrido.
"Sin el apoyo de los estadounidenses no habríamos cumplido nuestra misión porque las tropas británicas no habían hecho nada. No me fío de los británicos. No querían perder un solo soldado en aquella operación", afirma Imad, citado por The Times.
"Aquello no me gustó nada. Todos dieron por supuesto que, dada la existencia del acuerdo, no intervendría nadie. Llegar a un acuerdo con los malos no suele ser una buena idea", declaró el teniente coronel de los marines Chuck Western, que asesora al ejército iraquí.
El capitán Eric Whyne, otro oficial de los marines que participó en la operación, expresó también su sorpresa por el hecho de que "una fuerza de la coalición" llegase a "un pacto con el enemigo" y prometiese que "no entraría en su área para no sufrir ataques".
La decisión del gobierno de Londres de retirar en setiembre de 2007 al medio millar de soldados que seguía en la ciudad de Basora y acantonarlos en el aeropuerto local provocó en su momento la ira del primer ministro iraquí, al Maliki.
Cuando éste se enteró de ese acuerdo, escribe The Times, se enfureció y, seis meses después, envió por sorpresa a 30.000 soldados iraquíes, apoyados por más de 900 marines estadounidenses y varios helicópteros de ataque tipo Apache, contra los extremistas chiítas, tras ignorar por completo al contingente de 4.000 militares británicos que había en el aeropuerto.
Según The Times, el acuerdo con las milicias significó en la práctica que incluso las fuerzas especiales británicas -las SAS- dejaron de operar en la ciudad de Basora por temor a violar sus términos.