Formas, colores, rostros, paisajes, sensaciones... Son imágenes, fotografías que tienen sitios privilegiados, en el marco de otra edición del Festival de la Luz que transcurre en Santa Fe y en todo el país durante el mes de agosto.
Son cinco los espacios donde se desarrolla durante todo el mes de agosto otra edición del Festival de la Luz: el Museo Rosa Galisteo de Rodríguez -4 de Enero 1510-, el Museo Municipal Sor Josefa Díaz y Clucellas -San Martín 2068-, el Foto Club Santa Fe -Irigoyen Freyre 2428-, ATE Casa España -Rivadavia 2871- y Fotogalería Estudio Guidotti -San Lorenzo 2925. Y hoy a las 20, se inaugura otro espacio, Imago, con la muestra El Oficio de Mirar.
El festival sucede en todo el territorio argentino, por lo que los artistas pueden mostrar su obra en distintos espacios, acceder a información e intercambio de experiencias y la fotografía, inevitablemente, se instala como medio de expresión dentro de las artes visuales.
PARA VER
En el Museo Provincial, hay imágenes de diversa temática y autores invaden las salas:
-Autorretratos V: curada por Pérez Aznar, exhibe las producciones de autores de larga trayectoria y de otros más jóvenes y modernos. Dos novedades se presentan: la participación de autores de Uruguay, Brasil y Perú y la incorporación de artistas plásticos que utilizan el lenguaje fotográfico como herramienta de expresión.
-Ph 15: Imágenes que abordan temáticas relacionadas con la vida cotidiana en la villa Ciudad Oculta de la ciudad de Buenos Aires. La noche, la maternidad, los juegos, las celebraciones, interiores y exteriores, vistos desde las miradas de estos niños y jóvenes participantes del taller.
-Tappa, Schlie, Paillet, Gross (colección fotográfica del Museo de la Colonización de Esperanza). Se trata de una selección de autores de fines de siglo XIX y principio de siglo XX, que dan testimonio de la creación de la primera colonia agrícola del país. El paisaje urbano, las reuniones sociales, las vistas aéreas forman parte de estas veinte imágenes seleccionadas por Enzo Mancilla, curador de la colección de fotografías antiguas del Museo Municipal de Esperanza.
-Ese maldito pozo, de Andrés Borzi, fotografías tomadas en el centro clandestino de detención Pozo de Banfield .
-Brasilia: Utopía de concreto, de Pablo Cuello. Imágenes de la prefabricada y faraónica capital brasileña que alberga, en su singular trazado urbano, ingenios arquitectónicos calculados al milímetro que desafían las técnicas más vanguardistas y el imaginario futuro más delirante. Imágenes que promueven la inevitable reflexión de cómo se inserta el hombre cotidiano en esta mega-maqueta de concreto, en esta ciudad que se erige en el mundo como un prototipo real del ícono futurista pop.
-Fotonovelas de amor, de Nydia Andino: cinco fotohistorias que relatan las desventuras poéticas de personajes inventados por la artista plástica que, expuestos en la sala, funcionan como soporte de lo irreal, como conexión mágica entre el plano y el espacio.
-Colección de autores contemporáneos: Erwin Schwab, Grete Stern, Ann Marie Heinrich, Sara Facio, Alicia Sanguinetti, entre otros. Fotografías de los más destacados autores nacionales e internacionales que forman parte de la vasta colección fotográfica del Museo de la Fotografía de Rafaela.
Y a partir del 22 del corriente se podrán conocer, en el museo, las siguientes exposiciones:
-Proyecto Pies: colectiva curada por Lutz Matshke. Una exposición que refleja distintas visiones de los pies de este rincón del mundo, donde todo crece desde el pie. La mayor parte de estas imágenes son los pies del propio fotógrafo con la visión desde el ojo del autor, por lo cual gran parte de estos "cuasiautorretratados" en vez de mirarse su ombligo, pasaron a mirarse sus pies.
-Colección Lencioni: imágenes capturadas en los primeros años del siglo XX desde los ojos alucinados del inmigrante Hugo Lencioni, que llegó de su Italia natal para establecerse en la ciudad de Rafaela. Esta crónica sobre lugares y acontecimientos fue continuada por su hermano Vito y por su hijo Faustino.
Retratos.
-Nueve retratos realizados con cámara de gran formato, de los personajes que visitaron el estudio fotográfico del autor Enzo Mancilla en distintos momentos del día. Los extremos del arco social plasmados con elocuencia en estos retratos de un empresario, un albañil, un cartonero.
VISLUMBRANDO
En el Estudio Guidotti expone Alejandra Niedermayer con su muestra Vislumbrando: "Con la necesidad de descorrer los velos, de vislumbrar lo mutante en cuerpos y espacios, de mirar más allá... nace este proyecto. La intención es encontrar el ritual, el acontecimiento y el símbolo que subyace en cada gesto cotidiano, en cada paisaje, en cada objeto".
En ATE Casa España está colgada la muestra Observatorio Cotidiano, de José Luis Rezzano.
Y en el Foto Club Santa Fe expone Eduardo Dolengiewich, cuyas imágenes son para él, esencialmente, un juego de luces y sombras, de contrastes y claroscuros, de modulaciones cromáticas y diversidad de texturas.
El festival es organizado por la Fundación Luz Austral y la Escuela Argentina de Fotografía.
Fotos de la selva
En el Rosa Galisteo se exponen imágenes de Horacio Quiroga que fueron tomadas durante su residencia en San Ignacio, Misiones, entre 1920 y 1936, pertenecientes a la Fototeca de la Biblioteca Nacional. Se desconoce quién pudo haberlas tomado, ya que se indica "fotógrafo desconocido"; a casi 80 años de sus tomas, resulta difícil dilucidarlo.
El acervo fotográfico donado por María Elena Bravo, segunda esposa del escritor, muestra el especial universo de Quiroga, con íntimas escenas familiares junto a su mujer e hijos, teniendo como marco la selva y la casa construida con sus propias manos. Éste es el Quiroga introspectivo, en comunión con la poderosa naturaleza que lo desafía y fascina a la vez. Se sabe que Quiroga practicaba la fotografía, y suponemos que bien pudo instruir a María Elena en esa disciplina, una amenidad en el San Ignacio silvestre de la época.
En todas aparece con la mirada concentrada, lejos del momento, ya por su carácter, o porque haya sido una pose enmarcada en el estilo de imagen a perpetuidad. Se lo ve junto a su hija Pitoca de cuatro años, nacida en 1928, o fabricando una piragua con un mensú, ahuecando un tronco, o recostado contra barandales y palmeras, en el taller, siempre retraído y cabizbajo, casi entristecido, sin mirar a la cámara, con escasa panorámica. La mayoría están tomadas a corta distancia, adicionando cierta sospecha de activación del disparador en forma automática.
Esta muestra ofrece la particularidad del estampado sobre lona vinílica, lo que permite su exposición al aire libre sin disminuir la calidad de las copias en alta resolución. De algún modo el Museo Rosa Galisteo de Rodríguez se prolonga en sus muros exteriores, proyectándose hacia la calle, ofreciendo estas originales imágenes al transeúnte accidental, al peatón o al viajero que las observe casi sin proponérselo desde un colectivo.