De la redacción de El Litoral
El domingo 6 de julio Maximiliano Martínez, de 23 años, sufrió un accidente en un pub ubicado en plena Recoleta santafesina. Según su relato no recibió la asistencia médica adecuada, al menos en los primeros minutos. Estaba sentado en una mesa dispuesta en la vereda junto a unos amigos, cuando cayó desde el primer piso -donde funciona otro boliche- parte de la pared vidriada.
Tanta fue su mala suerte que un vidrio se clavó unos siete centímetros arriba de su rodilla derecha, cortándole la arteria femoral. Al ver la cantidad de sangre que salía de la herida, Maximiliano perdió el conocimiento, que fue recobrando de a ratos en medio de la urgencia. "Mis amigos fueron a buscar una ambulancia. A unos metros estaba la del Cobem pero dijeron que no podían atenderme porque ya habían llamado a otro móvil de emergencia pero ni siquiera me dieron los primeros auxilios", contó ya desde su casa, postrado y con la pierna vendada tras sufrir varias intervenciones quirúrgicas.
En un vano intento por frenar la hemorragia, le hicieron un torniquete en plena vereda. Al ver el tumulto de gente se acercó Luis (Maximiliano no recuerda su apellido pero le está sumamente agradecido), un paramédico que no dudó en sacar el vidrio e introducir sus dedos en la herida para estrangular la arteria y frenar la hemorragia. Mientras, el cuñado de Maxi paró una camioneta de Infantería, que, ante la urgencia y la demora de la ambulancia, los trasladó junto a Luis al hospital Cullen.
En la Guardia, le dijeron que tenía un corte superficial y lo cosieron "sin hacerme ningún estudio, ni siquiera me pusieron la antitetánica". Mientras esperaba reponerse, quiso ir al baño: "Cuando me bajé de la camilla me desmayé y empezó a salir sangre otra vez de la herida". A las 15 del lunes, le dieron el alta.
No conforme con la atención recibida, fue junto a su esposa Virgina al Sanatorio Español. Los primeros estudios mostraron que la arteria estaba fisurada y decidieron operarlo al otro día. Los médicos encontraron un hematoma que estaba apretando la arteria, lo que "me salvó otra vez de desangrarme". Recién pudo volver a su casa a fin de julio.
"Cuando estaba en mi casa empecé a sentir un dolor muy fuerte en el pie, ni siquiera podía sostener una pantufla, sentía que me quemaba todo. Llamamos al Dr. y cuando me vió se preocupó. Me hicieron otro cateterismo y encontraron otro coágulo de sangre de unos cuatro centímetros entre la rodilla y la herida de la operación que me tapaba la arteria, por lo que fue necesario realizar otra cirugía.
Producto del accidente, Maximiliano está inmovilizado desde hace más de un mes, y todavía debe guardar reposo al menos otros 30 días, por lo que, obviamente, debe faltar a su trabajo. Después deberá encarar la rehabilitación de su pierna. Como no tiene obra social, debió hacer frente a todos los gastos de modo particular, utilizando los ahorros que pensaba utilizar con su familia para irse de vacaciones, justo en el receso de julio, y pedir ayuda económica a sus padres.
"Por suerte fuimos a que lo revisen en el Español", dijo Virginia, quien se ocupa de hacer las curaciones, higienizar y atender a Maximiliano. "Porque los médicos me dijeron que como lo dejaron en el Cullen, en el mejor de los casos perdía la pierna. Y si el coágulo llegaba al corazón o a los pulmones directamente se moría", contó aliviada por ver que su marido se recupera.
Antes de finalizar el relato, el matrimonio agradeció a los Dres. Cristian Chemes y Leonardo Ponce; a Luis, el solícito paramédico, y a familiares y amigos por la asistencia y el apoyo brindado.