Escenarios & Sociedad: SOCI-05
Oliveira se muestra "en corto"

Cuando quedan cuatro meses para que sobrepase la barrera de los cien años, el director portugués Manoel de Oliveira acudió a Venecia para mostrar "Do visível ao invisível", siete minutos que sintetizan el cine todavía actual y sorprendente de tan venerable cineasta.

Genio y figura. Pocos directores pueden presumir de haber conseguido que su etapa más fructífera se haya producido pasados los ochenta años y Manoel de Oliveira (Oporto, 11 de diciembre de 1908) sigue innovando, esta vez en formato de cortometraje y rodando con una cámara digital.

Dos amigos se encuentran en San Pablo, y durante el feliz y breve reencuentro, no dejan de sonarles los teléfonos móviles, de manera que hasta que no se llaman el uno al otro no pueden establecer una conversación.

"Esta pequeña película, que ha sido hecha con prisas, habla irónicamente sobre la artificialidad de la sociedad y del consumo exacerbado", explica para la prensa el decano del cine mundial, y así, con un lenguaje rápido y contundente, vuelve a dar un giro en su filmografía.

Oliveira, que con películas como "Un filme falado" (2003) y "O convento" (1995) se ganó fama de director tan profundo como plúmbeo, bordea con este filme a su propio centenario con la perspicacia que le permite aportar su visión sobre la manera de salvar el mundo.

En "Do visível ao invisível" se refleja cómo tamaña empresa debe ser emprendida desde abajo, desde la recuperación de la humanidad y del contacto físico y emocional. "El veloz progreso de la técnica, al que reconozco su parte extraordinaria, está robándonos nuestra querida intimidad y la no menos amada tranquilidad", asegura.

Este pequeño fragmento de cine, proyectado como aperitivo a la película de los hermanos Coen "Burn After Reading", forma parte de un proyecto llamado "Mundo Invisível", que parte de una idea de Serginho Groisman.

El cineasta, que estudió parte del bachillerato en el colegio de los jesuitas de A Guarda (España), debutó en el cine en 1931 con el corto "Douro, faina fluvial" ("Duero, harina fluvial"), que fue maltratado por la crítica.

Setenta y siete años después, puede presumir de haber participado en los certámenes cinematográficos más importantes del mundo, incluida la Mostra de Venecia, que rindió homenaje a toda su carrera en 2005 y donde consiguió el León de Oro en 1985 por "O sapato de cetim" ("El zapato de raso"), una película de más de siete horas de duración que se desarrolla en la España de siglo XVI.