aires: AIRES-03
Los últimos tiros de la temporada
Caza de patos en San Javier
Se nos estaba yendo la temporada y nos quedaba ese sabor amargo por no haber concretado una jornada de las mas preciadas en la que a la caza de plumas refiere. Así que establecimos contacto con gente de San Javier y hacia allá fuimos buscando patos.

Siempre aparece algún motivo para que se complique el "armado" de la jornada de caza. En principio, la gran escasez de lluvias de este año hizo que las cañadas y esteros se sequen. Así, la zona de islas quedó como el único lugar que albergaba algunas colonias de patos.

Segundo: conseguir un buen dato no es fácil, ya que el pato se cambia constantemente en busca de comida o de tranquilidad. Si hay algo que se esconde, se oculta o mayormente se miente, es precisamente en los datos de patos, pues la mayoría de las veces que te pasaron un dato erróneo se justifican diciendo que "yo fui ayer había millones".

Tercero: conseguir permiso, en la isla o en el campo hoy por hoy es casi imposible, ya que cotizan en euros. Los comentarios de los cazadores locales cansados de que no les permitan cazar y viendo a los extranjeros que lo pueden hacer con total impunidad, dicen: "¿tendremos que hablar francés, ingles o portugués para que nos dejen cazar?". Claro, está todo arrendado para los extranjeros y como si esto fuera poco, los controles policiales en las rutas o a la salida de los campos son más rigurosos siempre para los cazadores locales que para los extranjeros, a pesar de que estos en su mayoría exceden el cupo de piezas o cazan en lugares prohibidos, como en el departamento la capital o especies vedadas como las conocidas como patos chicos.

Rumbo a la isla

Bueno, volviendo a la jornada de caza juntamos nuestros equipos camuflados, las escopetas y mucho abrigo que, por cierto, nunca alcanza para cortar el frío viento en la lancha después de una jornada mojada de cacería.

Con mis dos hijos Marcos y Nicolás fuimos rumbo a San Javier, en el lugar nos esperaba el amigo Rubén Aguirre (Chuza). Al llegar nos contó que había hablado con un amigo, Ramón Pérez, quien se dedica a criar hacienda en la isla y le comentó que en una laguna detrás del puesto, a la tarde estaba entrando algo de pato. Preparamos la lancha y emprendimos viaje disfrutando del paisaje y la fauna a que tan acostumbrado nos tienen las islas sanjavierinas.

Teníamos que recorrer aproximadamente 45 minutos; dejando atrás arroyos y lagunas, llegamos a "Las Tejas", un correntoso zanjón que nos mostraba inmejorables lugares para pescar. Pero no era a eso por lo que habíamos venido.

Sobre la barranca corrían los perros a la par de la lancha, esto nos hacía pensar que el puesto estaba por aparecer en cualquier momento, y de entre la arboleda se dejó ver un rancho enteramente hecho con paja, tanto las paredes como su techo, una piragua amarrada a la orilla junto a un bote y unos metros mas atrás, Ramón.

Al vernos dejó sus tareas de reparación de la manga del corral para recibirnos con unos espectaculares mates, debajo de un tala rodeado de zorzales, cardenales y las siempre curiosas cardenillas, seguido de presentaciones, comentarios y novedades, como para ponerse al día...

De pronto nos sorprendió una bandada de seis crestones que pasó por encima nuestro y efectivamente luego de unos pocos metros desordenó su formación para asentarse detrás. Fue suficiente para dar por terminada la mateada y Ramón dijo: "bueno, vamos, yo los acompaño, así despunto el vicio yo también. Al llegar a los escondederos naturales de la orilla se volaron entre cincuenta y cien crestones los que dieron unas vueltas a lo lejos y se retiraron quién sabe para dónde. Pero al esconderse el sol, comenzaron a aparecer algunas yuntas y las infaltables bandadas de Sirirí en lo alto, como para practicar esos tiros de larga distancia.

Sin más claridad y escuchando el silbido o el aleteo de los patos que seguían llegando a su dormidero, dimos por terminada la cacería. Fueron alrededor de dos horas, no más, pero suficientes para darnos por satisfechos.

Sólo nos queda pensar en limpiar bien muestras escopetas y guardarlas hasta la próxima temporada y, ¿por qué no?, disfrutar de un rico escabeche de patos, recordando los gratos momentos que una excursión de este tipo te deja grabada en la retina por siempre.

Fabio Serafini