Miles de armas de fuego fueron entregadas en forma voluntaria para su inutilización desde que se puso en marcha en Santa Fe el plan nacional que se enmarca en la Ley 26.216, y cuyo objetivo es disminuir su uso y proliferación, además de reducir la cantidad de accidentes, hechos de violencia y delitos, así como sensibilizar acerca de los riesgos de su posesión.
En esta provincia, al igual que en otras que se sumaron al plan, los resultados que se vienen recogiendo hasta el momento son altamente positivos y se traducen en las cifras que en forma periódica se dan a conocer por los organismos oficiales.
En la ciudad, la adhesión a este programa tuvo una particularidad, ya que, por iniciativa del gobierno local, se hizo extensiva a diferentes sectores de la sociedad civil, con el fin de involucrarlos en un proyecto compartido, como es el logro de una ciudad menos violenta. Es así que se vienen desarrollando diferentes foros, los cuales reúnen a referentes de distintas edades, géneros, actividades y credos, que tienen en común la elaboración de propuestas concretas para lograr la mayor difusión y concientización posible sobre el tema. No es para menos: el mayor porcentaje de los homicidios que se produjeron el año pasado en el departamento La Capital fue causado por conflictos interpersonales, y la tendencia se mantiene en lo que va de 2008, tal cual argumentaron autoridades municipales en oportunidad de presentar su propuesta ante los participantes de estos encuentros, además de explicar que en la Argentina las armas son la segunda causa de muerte.
Tampoco es casual que la campaña se focalice en los jóvenes, recurrentes víctimas de delitos o ellos mismos portadores de las armas con que aquéllos se cometen.
Otro de los grupos de trabajo involucra particularmente a las mujeres. En esos casos adquiere particular relevancia el enfoque de género que se le da a una problemática que involucra a toda la comunidad. Asimismo, iglesias, deportistas y artistas realizaron sus propios aportes y propuestas para sumarse a esta campaña, que intenta llegar también a los más chicos y, a través de ellos, a la familia y a cada barrio.
Mientras tanto, desde que entró en vigencia el plan, miles de personas se acercaron a la sede del Renar para entregar sus armas, ya sea motivados por el riesgo que supone contar con estos elementos, o convencidos de que su posesión implica más peligro que seguridad, o atraídos por el incentivo económico que reciben a cambio.
En cualquiera de los casos, se habrá aportado a la compleja tarea de evitar una resolución trágica de los conflictos, de acotar los márgenes de muertes accidentales y de limitar las posibilidades de que esas mismas armas ingresen al circuito ilegal, aunque Ätal cual admiten las propias autoridadesÄ no se llegue a disminuir la cantidad de delitos, cuestión que amerita otro tipo de políticas, ajenas, en todo caso, a la voluntad de la sociedad civil.