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Marcelo Dúquez
En materia de accidentes de tránsito, son nuestras rutas de dos carriles las que se llevan más vidas, producto de los adelantamientos con los consecuentes choques frontales. Ésto sumado a la velocidad que desarrollan los vehículos tiene un efecto terrible y devastador.
Suecia, donde gestionan estos temas con recursos poco existentes por nuestros lares -inteligencia, decisión y ganas de hacer-, logró solucionar muy satisfactoriamente el problema de los choques frontales.
Lo ideal sería poseer autopistas o autovías en los corredores viales más importantes y más transitados de nuestra zona, pero a nadie escapa lo engorroso que resultan este tipo de proyectos: créditos, licitaciones, expropiaciones y un sinnúmero de obstáculos económicos, administrativos y burocráticos. Mientras tanto, la muerte acecha en cada kilómetro de nuestras rutas de doble sentido.
Los suecos y la mayoría de los países desarrollados tampoco escapan a la complejidad de armonizar estas variables teniendo en cuenta el aumento constante del parque automotor que circula por redes viales de diferente antigüedad y características, pero la planificación y el diseño enmarcado en una política seria de transporte, movilidad y satisfacción de la demanda con un mínimo empleo de recursos, la disminución de costos económicos y por sobre todo la mejora de la seguridad vial, pueden más.
En Suecia, existe un modelo de ruta distinto: las rutas 2+1. Se trata de una vía rápida de doble sentido de circulación compuesta por tres carriles, dos para circulación y uno para sobrepaso que se presenta al conductor alternadamente cada pocos kilómetros.
Así, una ruta tradicional de una sola mano por sentido puede convertirse en una vía más segura al evitar físicamente la posibilidad de adelantamiento. En estos los casos los adelantamientos no se pueden realizar no porque estén prohibidos, sino porque lo impide una barrera física.
Esta solución de significativo bajo costo, comparado con los costos de construcción de una autopista ha demostrado una efectividad mayor que las autovías tradicionales 2+2 en cuanto a la efectiva reducción del número de siniestros comparados.
En una ruta como la 11, por ejemplo, el diseño resulta muy sencillo. Los dos carriles se separan físicamente con una baranda de cable de acero y se encuentra disponible para el sobrepaso, en forma alternada para cada dirección durante 1 a 2,5 km, un carril a la derecha para posibilitar el adelantamiento.
La forma de no permitir los adelantamientos y la invasión del carril contrario es, precisamente, que no puedan realizarse físicamente.
Este diseño, sencillo y de bajo costo, ha tenido un éxito rotundo, mayor al esperado. Y la contundencia del modelo queda en evidencia en la reducción de un 80 por ciento de los siniestros en Suecia y con experiencias exitosas en otros países.
Esta medida por sí sola no alcanza si no va acompañada de una política de transporte de cargas que contemple otros modos, el control de velocidades en zonas rurales y una mejor preparación de los conductores.
Queda en manos de los profesionales en la materia ahondar en detalles sobre las posibilidades técnicas de este tipo de construcciones en nuestras rutas, costos y diseños, pero a priori parece ser una solución alternativa eficaz nada más y nada menos que para salvar vidas.