La intempestiva reacción de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner contra el crítico informe del Banco de España sobre el riesgoso panorama que presenta nuestro país para los inversores, supuso no solamente una nueva muestra de crispación ante cualquier observación desfavorable, con el correlato de una respuesta excesiva, sino también de un estilo de gestión que no vacila ante la posibilidad de perjudicar vínculos con otras naciones, relegando los conductos diplomáticos en el ardor de los discursos de tribuna.
"Deberían dedicarse a observar las cosas de ellos antes que las de los demás", descerrajó la mandataria, descalificando a los técnicos del organismo financiero desde el atril de un acto público, en una embestida que luego completó a través de un registro de audio que distribuyó su vocero, donde aludía a los buenos pronósticos que imperaban pocos meses antes de la debacle de 2001.
Más allá de las consideraciones acerca del informe -que nadie tiene la obligación de acatar como un dictamen inapelable, sino como una opinión fundada pero abierta a la discusión- lo que hace objetable la actitud presidencial es esa sobreactuación pública, seguramente orientada al consumo interno, pero con indudable impacto en el delicado escenario internacional. Un ejercicio de este mismo estilo, aplicado al escándalo de la valija venezolana, requirió luego un intenso y aún inacabado trámite de recomposición de relaciones con Estados Unidos.
El hecho causó estupor en España Ädonde, además, está clara la independencia del Banco con respecto al gobiernoÄ y fue calificado como una "inusual acción de comunicación". Los medios de la península, en algún caso pertenecientes a grupos inversores perjudicados por recientes acciones del gobierno argentino, aprovecharon para poner de manifiesto la "tensión" que impera entre ambos países, en el marco de "los esfuerzos del Ejecutivo que preside Cristina Fernández para que empresarios argentinos ganen poder en las compañías que fueron a manos españolas tras las privatizaciones de los noventa", como es el caso de Repsol YPF, Gas Natural BAN y Aerolíneas Argentinas.
Lo cierto es que este desentendimiento de las implicancias de los actos internos para las relaciones internacionales Äcon escasas y a la vez controvertidas excepcionesÄ , en un contexto donde España es uno de los pocos países que sostuvo su apoyo a la Argentina, fue un estigma de la gestión de Néstor Kirchner, que su esposa y sucesora parecía resuelta a borrar.
Recurrir nuevamente a la diplomacia de tribuna, esquivando conductos de forma y de fondo más apropiados Äcomo hubiese sido rebatir el supuesto error de diagnóstico con solvencia de números y argumentos, y sin epítetos altisonantes y quejososÄ, es un marcado retroceso en un ámbito donde todavía, y mal que nos pese, la Argentina tiene mucho que demostrar para recuperar la confianza perdida.