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Teresa Pandolfo
La ciudad de Santa Fe debe encontrar soluciones para sí misma. Días atrás, desde "Apuntes.." nos referimos a la carencia de un proyecto de carácter económico que la movilice y le procure empleos.
Esta semana que concluyó, legisladores justicialistas, en ambas cámaras, presentaron un proyecto que declara como prioritarios y emblemáticos el traslado del Puerto de Santa Fe a la vera del río Paraná y la construcción de otro puente a Santo Tomé, como una forma de recordarle al gobierno frentista que estos emprendimientos están pendientes.
Por su parte, la Intendencia avanza con la creación de un parque industrial en el noroeste, en predios cercanos al Mercado Concentrador y al tercer tramo de la Circunvalación Oeste. El área carece, por ahora, del servicio de gas natural, pero existen conversaciones con empresarios de rubros que no lo requerirían como insumo básico. La decisión de llevar adelante esta iniciativa se enmarca en hacer una "cabeza de playa" en un lugar socialmente muy difícil.
Educación y empresas privadas son los pilares del progreso y, junto con el cumplimiento de las leyes, hacen a la organización de la sociedad y a un desenvolvimiento equilibrado.
El trabajo es un bien escaso en esta región de la provincia, y la educación carece de la calidad deseable. En otras palabras, la oferta de conocimientos y los sistemas de aprendizaje no son los requeridos actualmente para poner a un joven en aptitud de seguir estudios superiores o de incorporarse al mundo laboral. Esto último se visualiza en las terminalidades de las escuelas técnicas y en zonas con problemáticas sociales.
Esta semana el gobierno firmó un acuerdo con el Instituto Nacional del Agua, la UNL y la UTN para la actualización del Plan Director de Desagües, elaborado en el 2000, y con centro en el noroeste de la ciudad y Recreo. Comprenderá estudios sobre desagües, profundización de reservorios y capacidad necesaria de bombeo.
Que se deba actualizar el trabajo elaborado por el INA no invalida las obras de desagües que están siendo construidas y las licitaciones en marcha para el mantenimiento de canales. Son medidas orientadas a dar seguridad habitacional a la población y enraizadas con las responsabilidades políticas más profundas que deben caracterizar a un gobernante en una provincia como Santa Fe.
Sería difícil que la ciudad volviera a inundarse por un derrame del río Salado, porque al construirse el nuevo puente ubicado en la autopista a Rosario se amplió sustancialmente su luz y lo mismo ocurrió con los otros dos que se ejecutaron sobre la Ruta N´ 70. En los tres casos, fueron trabajos iniciados en el gobierno de Jorge Obeid.
La emergencia puede volver a producirse por lluvias intensas superiores a la capacidad de drenaje de una ciudad con conformación de palangana y en la cual debe apelarse al trabajo de las bombas para sacar el agua de su interior.
Profundización de reservorios, aumento de la capacidad de bombeo y desobturación de desagües son inversiones que no lucen pero que resultan de indispensable ejecución en ciudades como esta capital, bordeada de defensas. Se debe remarcar, además, que se trata de trabajos públicos técnicamente muy complejos y altamente costosos.
La contrapartida es limitar los asentamientos poblacionales en zonas bajas. Así como existe decisión del Estado en construir las obras requeridas también se han tomado medidas respecto de la política poblacional.
Son determinaciones profundas, no simpáticas pero inevitables en el ordenamiento urbano que demanda el crecimiento y la seguridad de la ciudad.
El Estado debe velar por ese bien común, que en este caso se traduce en impedir la utilización de determinados predios con fines residenciales.
La otra medida que esta semana debe destacarse es la incursión de la Intendencia capitalina en el ámbito educativo y no sólo con el cumplimiento del FAE.
Hay una expresión reciente del intendente Mario Barletta que debería hacerse carne en cada santafesino: "retener" al alumno en la escuela. Procurar los medios a los establecimientos educacionales para que cumplan sus fines conformes las herramientas metodológicas que la tecnología está aportando.
La educación es un proceso de doble vía. Como correlato de la enseñanza sería deseable tener la respuesta del alumno. El niño o el joven debe sentirse parte de ese proceso y no sólo como un hecho formal. Las familias, la sociedad a través de sus instituciones, son responsables también de hacerles ver al joven que la educación es su principal herramienta, su pasaporte -quizás el único- para un cambio de situación social y cultural.
Por eso, acciones como las encaradas por la Intendencia - en una primera etapa para un número reducido de escuelas y que incluye la capacitación tecnológica de los docentes- deberían valorizarse y ser apoyadas.
Un joven que deja el colegio porque la calle o el ocio le resultan más atractivos, o porque debe completar el ingreso familiar con su trabajo, es un problema a futuro para él y un bumerang para la sociedad en su conjunto.
El tema es muy complejo, porque a toda hora se siguen viendo muchos niños y jóvenes en la calle. Los problemas de disolución familiar y una escuela que no genera modelos atractivos de vida forman parte de los obstáculos que deben removerse. El camino recién comienza y no debería ser tomado como un anuncio oficial más sino procurar que se ensanche con el apoyo comunitario.
Los medios de comunicación solemos transmitir con demasiada frecuencia modelos de vida sin bases firmes e imágenes estilo Hollywood de sueños cumplidos sin esfuerzo. Pero esto ocurre sólo en los films.
La vida real es una sucesión de esfuerzos, de competencias puestas a pruebas diariamente, de consensos alcanzados, de capacitación continua y de innovación tanto en las empresas como la gestión pública y privada. Creer que hay otras recetas para el éxito o para hacer ese salto cualitativo al que toda ciudadano aspira, es caer en errores de los que nuestro país ya tiene una dilatada experiencia, y en un boleto de ida para el fracaso personal.