Unión ganaba, se floreaba y terminó pidiendo la hora
íQUÉ ALAMBRADA!
El 3-0 del primer tiempo permitía pensar en una goleada histórica. El segundo tiempo fue totalmente diferente, Los Andes se puso 3-2 y Unión tuvo que depender de una atajada estupenda del pibe Ojeda en el final para asegurar la victoria. El equipo se fue ovacionado al cabo del primer tiempo y los aplausos del final fueron el premio para el segundo triunfo consecutivo. Guerra otra vez (lleva tres), Rosales y Coqui Torres fueron los autores de los goles tatengues. Ahora, Unión visitará a Platense, el sábado de la semana que viene, en Vicente López. La comisión directiva resolverá la semana que viene si cede o no a Luis Ojeda para que viaje a Corea con la selección Sub 20 que dirige Sergio Batista. Si lo dejan ir (es probable), se perdería dos partidos.
Si algo supo hacer Unión en estos cinco años de letargo en el ascenso, con otros entrenadores y con otros jugadores, es transformar lo fácil en complicado. Anoche, en medio de la búsqueda de algún abrigo para combatir el frío de setiembre, sacó del ropero esta receta nefasta. Sólo así puede explicarse o entenderse cómo un equipo que ganaba 3-0, al trotecito, termina zafando gracias a la volada espectacular de su propio arquero y pidiendo la hora a un árbitro que terminó rodeado por todo Los Andes con custodia policial en el centro de un 15 de Abril cuya hierba lució tan verde como si viniéramos del año más lluvioso de los últimos tiempos. El diagnóstico de Quiroz fue perfecto cuando habló, claramente y sin vueltas, de "exceso de confianza". Es un excelente atajo dialéctico del entrenador para no usar la típica frase futbolera de "Unión sobró el partido" cuando estaba 3-0. A los jugadores nunca les gusta este axioma y se molestan con la palabra "sobrar". La consideran hiriente desde lo profesional.
Pero a veces, como anoche, pasa de manera inconsciente. Es que hasta de arriba, en una cabina, resultaba imposible no entender cierto grado de relajación cuando enfrente había un rival que cometía errores groseros Äcomo el del arquero, en el inicio del primer golÄ y no pasaba la mitad de la cancha. La verdad es que antes, durante y después del 3-0 en ese primer tiempo, parecían enfrentarse un equipo profesional con uno amateur. Así de enormes eran las diferencias entre Unión y Los Andes en la tenencia de la pelota, la generación de situaciones ofensivas y la contundencia para llegar al gol. Es cierto que al final de obra lo rubricó de manera excelente Claudio Guerra, tomando el camino menos pensado: le quedó para la derecha, enganchó hacia adentro, se le fue un poquito larga, calzó, ganó, le quedó para la zurda y la clavó en un ángulo. Sinceramente, descolocó a todos, sólo él sabía qué quería hacer en un mosaico adentro de la "18" y la mandó a guardar. Quiroz dijo que no es un gran goleador, pero ya clavó tres en dos partidos y rápidamente se ganó a la gente: se fue reemplazado y ovacionado por todo el 15 de Abril. Incluso, de no ser por un fallo arbitral equivocado, tendría un gol más en la cuenta: le anularon mal uno por off-side que era el 4-2. A los cimientos de ese golazo de Guerra los levantó un solo albañil: el arquero de Los Andes con un error obsceno en la salida desde abajo.
Atacar, llegar, golear
Si algo le iba a doler al plan estratégico de Los Andes en Santa Fe era un gol de entrada. Ya a los seis minutos, Unión ganaba 1-0. El rival no pasaba la mitad de la cancha. Subía Pérez por derecha y Torres por izquierda; Pereyra desbordaba por las dos bandas, Rosales tenía libertades totales y los de Lomas se iban todos encima de Claudio Guerra. No había equivalencias. Los Andes tenía la famosa "milrayitas" de su particular e histórica camiseta en el ascenso, pero además tenía "milproblemas".
De un centro preciso contra la cal de Pereyra llegó el segundo de Rosales y de un contra perfecta manejada por el "10" vino el tercero del "goleador" Jorge "Coqui" Torres. Si César Pereyra no hubiera querido gambetear a Los Andes, a Lomas y a Zamora también, Unión hubiera clavado el cuarto: el puntero agarró la pelota parado de "11", empezó a limpiar rivales con su gambeta, cruzó toda el área grande y terminó de "7" Ädel otro ladoÄ tirando el remate a las manos del arquero.
Unión, que volvía a ganar después de tres meses y medio en Santa Fe, se iba a los vestuarios ovacionado como nunca en los últimos tiempos que prometía, con un 3-0 de local ante el colista del campeonato, una parte complementaria ideal para disfrutar con tranquilidad del choripán, un buen café caliente o el maní con cáscara.
Así, después de aquél 3-1 a Talleres de Córdoba con los famosos "cuarenta y pico de toques" que decoró la "Chancha" Zárate con el remate final, Unión volvía a sumar de a tres... tres meses después. Ganaba el segundo partido consecutivo de la mano de Quiroz, llegaba a 7 puntos y encaminaba el rumbo después de un arranque complicado con una sola unidad sobre los primeros nueve.
El exceso de confianza
Cuando un equipo se impone fácil 3-0 al final del primer tiempo, jugando de local y enfrentando al último del campeonato, hay un pecado original que no puede cometer: creer que el partido está terminado. Eso desde el punto de vista anímico, por llamarlo de alguna manera. Concretamente, con todo lo que implica jugarlo "desde la cabeza", más allá de los virtudes o defectos de lo que se haga o se deje de hacer "con los pies". Quiroz lo definió como "exceso de confianza" y la tribuna habla de "sobrar" el trámite del partido.
En cuanto al análisis frío de la estrategia, hubo un pecado peor: Unión ganando 3-0 no definió su plan de juego, porque no se acorraló atrás ni pobló el mediocampo para defender pero tampoco adquirió una postura agresiva para terminar de golear. Esa levedad de no saber qué hacer agrandó a un equipo como Los Andes que no tiene ni siquiera para quedarse en el molde con el que fue formado, con jugadores de Tristán Suárez, Estudiantes de Buenos Aires y Deportivo Merlo, teniendo lejos el presupuesto más bajo de la categoría.
Esa vieja receta "made in Unión" en el ascenso, que básicamente complica lo que es fácil, necesitó apenas tres minutitos de reloj para viajar de la teoría a la práctica en el noche fría del 15 de Abril: primero el golazo de Brítez desde lejos y después el frentazo solitario de Juan Martín que achicó la distancia amplia a sólo un golcito en Santa Fe.
Allí, además de camperas, guantes y bufandas, el frío del jueves a la noche le hizo lugar para que viejos fantasmas salieran del ropero en el 15 de Abril. De ganar, gustar y golear 3-0 a estar apretado 3-2 con un montón de dudas. Apenas cinco minutos le llevó a Quiroz darse cuenta que tenía que mover piezas porque el rancho se le quemaba por todos lados. Entonces, metió un cambio inteligente: agregó un "5" para marcar como Alexis Fernández, sacó el enganche y se cerró con un conservador 4-4-2 desde la táctica.
A partir de ese cambio, no pasó nada más con Los Andes y los dos "5" ÄDe la Fuente y el pibeÄ frenaron la levantada. Si Unión no lo cerró como debía fue porque le anularon mal un gol a Claudio Guerra y porque el arquero visitante se lo tapó mano a mano al "Cuqui" Márquez después de una corrida por derecha.
Una volada consagratoria
En este tipo de partidos donde Unión aplica la receta de "hacer complicado lo que es fácil", los finales siempre quedan abiertos. Porque con el 4-4-2 Unión podía aguantar pero nunca tener la pelota. Entonces, con una defensa donde sólo daba seguridades Alessandria de los jugadores de campo, cualquier cosa podía pasar. Y pasó con un desborde de centro perfecto que lo encontró Äcomo en el gol del tiro de esquinaÄ solito a Juan Martín, de cabeza y a la carrera, a menos de tres metros de la línea de cal que sentencia el gol. Allí, el pibito Ojeda armó una volada impropia para un chico con un puñadito de partidos en Primera División donde es mucho lo que tiene para aprender bajo los caños.
Pero, hasta ahora, los pasos que da el chico son todos sobre suelo firme. Es cierto que pudo salir a cortar el centro del segundo gol, pero también es cierto que los arqueros más experimentados dudan en los centros con esta pelota que es cada vez más rápida y complicada.
Esa volada salvadora de Ojeda se gritó como un gol y cotizó tres puntos. Al menos por esta vez Unión logró cambiar el final de su nefasta receta que complica lo que es fácil. Porque Unión cruzaba Los Andes, cómodo, en avión y sentadito en primera clase (da lo mismo la reestatizada Aerolíneas Argentinas que Lan Chile), pero terminó sufriendo y cruzando la Cordillera a lomo de burro.
Fontana y Renzo Vera
Para el próximo compromiso de Unión, que será el sábado 13 de setiembre a las 15.30 contra Platense en el estadio Ciudad de Vicente López, el entrenador Fernando Quiroz podrá contar con el tucumano Fernando Fontana y con el entrerriano Renzo Gonzalo Vera, quienes ya cumplieron las tres fechas de suspensión. De todos modos, Quiroz dejó en claro que "los dos muchachos que entraron, Pérez y Yacob, jugaron bien, fundamentalmente los últimos dos partidos".