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Nació en Santo Tomé pero por motivos laborales se radicó en Buenos Aires; es ingeniero en Sistemas y trabaja en una compañía internacional con sede en Estados Unidos, igual que su esposa. Por este motivo, Pablo Chémes y su familia viajan mucho por distintas partes del mundo, pero el destino le tenía preparado algo especial: lo hizo partícipe de uno de los hechos más impactantes del siglo XXI, como fue el atentado a las Torres Gemelas.
Casado con Georgina Peralta, también oriunda de Santo Tomé, tienen una hija de 2 años llamada Antonia, que últimamente los acompaña en sus viajes laborales por distintas latitudes. Aquel setiembre de 2001 el matrimonio había viajado a Estados Unidos. "Mi esposa Georgina tuvo que pasar dos semanas en Chicago a finalizar su capacitación y yo decidí viajar con mi hermano Juan Andrés para encontrarnos en Manhattan y pasar unas mini vacaciones. Por esos días el clima era el ideal -ni frío ni calor-, típico del otoño de New York, con las calles cubiertas de hojas. Recuerdo que subimos al World Trade Center (Torres Gemelas), donde tomamos unos tragos en el Bar on top of the world, el punto cerrado más alto de las torres y nos sacamos la foto con las Gemelas de fondo, quizás una de las últimas imágenes registradas en pie. "Pero para regresar, como conseguimos un pasaje para el 10 y otros dos para el 11, decidimos que Georgina viaje en el primer vuelo y nosotros al otro día -cuenta Pablo-. Estábamos hospedamos sobre la calle Duane y Church, a tres cuadras del sitio del atentado; desde nuestra ventana del piso 26 teníamos una hermosa vista de las Torres Gemelas".
"La mañana del 11 de setiembre nos despertamos por el ruido de una explosión, fuerte pero no impresionante; al mirar por la ventana vimos cómo una de las Torres Gemelas estaba con llamas de fuego y humo a mitad de la altura, supongo que entre los pisos 50 a 60. Lo primero que pensamos fue que una avioneta por accidente habría chocado una de las torres y como me gusta mucho la fotografía, decidimos cambiarnos y bajar a ver de cerca qué había pasado".
"Cuando llegamos a la calle ya se notaba cierta preocupación en la gente, pero más que nada curiosidad. La gente quería ir más cerca de las torres para ver qué estaba pasando, por lo cual todos caminamos en ese sentido, y una cuadra antes de llegar nos llamó la atención una pieza metálica muy grande, redonda, que más tarde supimos se trataba de una turbina del primer avión estrellado. Pronto comenzaron a poner fajas de seguridad para que nadie toque nada y llegamos a estar a 50 metros antes de las torres, donde nos restringieron el paso definitivamente", relata Pablo.
"Al pasar los minutos todos estábamos más inquietos, se notaba un ambiente de mucha preocupación y comenzamos a escuchar sirenas de bomberos, policías y ambulancias. Lo que más impactó a todos fue ver a la gente que estaba en las torres, víctimas del fuego, lanzarse al vacío, algo que jamás vamos a olvidar. Luego decidimos volver al edificio, cuando de repente escuchamos nuevamente a la gente gritar y al mirar hacia arriba vimos cómo el segundo avión impactó contra la otra torre y se convirtió en una bola de fuego. Quedamos inmóviles, paralizados por unos segundos sin saber qué hacer".
"Tomamos fotos y decidimos acercarnos nuevamente para tener mejores tomas. Caminamos menos de una cuadra hacia las torres y comenzamos a escuchar un sonido a estruendo -esta vez muy fuerte-, y entonces vimos cómo una de las torres se empezaba a desplomar, dentro de una nube de humo y polvo que no permitía ver en detalle. Sin embargo, podíamos vislumbrar cómo la torre se iba "consumiendo' y desaparecía de la silueta de Manhattan; sin decir palabra, miramos al resto de la gente: todos corrían, periodistas, policías y vecinos, sin saber para dónde pero alejándose...No veíamos casi nada y teníamos miedo. En cuestión de segundos la torre desapareció y todo se convirtió en silencio, ya no se escuchaban sirenas ni tantos gritos".
"Sin saber lo que había sucedido continuamos alejándonos y minutos después escuchamos el mismo ruido, que ya no nos sorprendió tanto. Fue allí como vemos cómo se desploma la segunda torre, y otra vez el silencio. Seguimos caminando en dirección hacia el centro de la ciudad, y las caras de la gente mostraban una mezcla de miedo, incertidumbre e impotencia que no podría describir. Luego nos enteramos que diarios y canales de todo el mundo mostraron estas imágenes de terror, algunas en vivo."
"Recién por la tarde de ese día me pude comunicar con mi esposa que ya había llegado a la Argentina y pudimos avisar a nuestras familias que estábamos vivos. Durante el resto del día intentamos conseguir algo para comer, pero todos los comercios habían cerrado y algunas zonas de Manhattan parecían desiertas. Fuimos hasta la embajada de Argentina para ver si nos podían ofrecer hospedaje, pero no tenían nada disponible. Ahí nos encontramos con un periodista del diario La Nación, quien nos entrevistó y publicó una nota con nuestras fotos".
"Al llegar la noche volvimos al hotel para buscar nuestras cosas, fue muy complicado lograr que nos dejen pasar, pero después de insistir lo logramos. Pasamos la noche en el lobby del hotel porque nadie quería quedarse en las habitaciones. Recuerdo que durante la noche se escucharon otros estruendos que volvieron a asustar a todos, pero se trataba de los trabajos de rescate que estaban haciendo".
"Al otro día nos desalojaron del edificio y nos fuimos a la casa de Andrea, otra santotomesina que habíamos conocido dos días antes por un amigo en común -continúa relatando Pablo-. Sin dudarlo nos ofreció hospedaje en su casa, en Queens, fuera de la isla, y desde entonces conseguir pasajes de regreso fue una odisea: primero no había vuelos y luego todo el mundo estaba demorado. Recién una semana después comenzaron a regularizar los vuelos y mi esposa, desde Argentina, nos consiguió lugar en un servicio de United Airlines. Cuando llegamos a Buenos Aires nos esperaban mis padres, Juan Carlos y Cata, quienes viajaron desde Santa Fe y se emocionaron mucho al vernos de nuevo".
"Haber vivido esos momentos es algo que nunca olvidaremos, y probablemente sea uno de los más recordados de la historia moderna", cerró Pablo que gentilmente nos envió este material desde Chile, donde por estos días se encuentra trabajando.
Pablo Chemes volvió a New York en varias oportunidades, ya sea por trabajo o por vacaciones. La última vez fue en mayo pasado junto a su esposa Georgina y su beba Antonia.
"La encontramos cada vez con más vida a la ciudad" nos cuenta, y agrega que su hermano Juan Andrés -quien también pasó por esta dura experiencia junto a él- viajará nuevamente a New York en octubre para su luna de miel, luego de 7 años de aquel inolvidable acontecimiento histórico".
"La primera vez que fui en 1995 me deslumbró. Edificios interminables, avenidas majestuosas, gente tan distinta, y de tantos orígenes distintos que es una mezcla única en el mundo. Manhattan, el centro de la ciudad, es una isla rodeada por el río Hudson, que en sólo unas 10 cuadras de ancho (avenidas) y 200 calles de largo, encierra una magia difícil de encontrar en otro sitio", describe Pablo Chemes.
Manhattan está situada en el norte del Puerto de Nueva York y es uno de los cinco boroughs (distritos metropolitanos) que forman la ciudad.
En el año 2004, la población era de 1.562.723 personas. El condado de Nueva York es el de menor área de la ciudad.