Escenarios & Sociedad: SOCI-02
El músico falleció en Tucumán
El folclore perdió la magia de Rolando "Chivo" Valladares
Era un autodidacta apasionado del folclore, fue socio fundador de la Filarmónica de Tucumán y desarrolló una intensa labor como autor e intérprete.

Rolando "Chivo" Valladares, autor esencial del folclore argentino al que legó gemas como "Subo", "Debajo del sauce solo", "Vidala del lapacho" y "Ay amor", falleció a los 90 años en la ciudad de San Miguel Tucumán, tras diez días de internación en el Sanatorio 9 de Julio de la capital tucumana, al que llegó porque "tenía un problema respiratorio bastante severo", informó a Télam Eduardo "Tuco" Valladares, único hijo del artista.

A la hora de definirse, el folclorista aceptó, al ser reporteado por Télam en abril de 1994, que podía ser considerado un "creador". Y entonces aseguró: "Para ser creador el secreto está en querer lo que se hace y, más que talento, hace falta sentir un profundo amor".

Rolando nació el 10 de marzo de 1918 en San Miguel de Tucumán, en el seno de una familia en que la música latía fuertemente. "Mi familia era muy intensa en lo musical. Mi papá era escribano, pero tocaba la guitarra y cantaba. Mi mamá santiagueña también cantaba. Después estaban mis hermanos, Hugo y Leda. Leda (por la notable investigadora y compiladora) fue quien trajo el jazz a casa; era muy cultivada, tenía amigas también muy cultas. Iban a conciertos; yo mamé todo eso", recordó en 2004 en una entrevista con Clarín.

En su ficha personal también aparecen otros datos esenciales: fue socio fundador de la Filarmónica de Tucumán y partícipe del coro de la Academia de Bellas Artes, aunque nunca dejó de ser un autodidacta apasionado del folclore.

Valladares compartió andanzas y creaciones con otros dos íconos de la cultura popular argentina como los salteños Gustavo "Cuchi" Leguizamón y Manuel J. Castilla, con quienes atravesó noches interminables de música y poesía en que surgieron piezas memorables. Tal es el caso de "Zamba del romero".

Cultor de una vida plena y diversa, se desempeñó como cazador, campeón de tiro, herrero, carpintero y, por 10 años, obrero de la fábrica de neumáticos Firestone.

Al calor de esas vivencias, su obra Äintegrada por unos 150 títulosÄ estuvo a punto de extraviarse pero, afortunadamente, el músico tucumano Leopoldo Deza la volcó, reunida y clasificada, en el cancionero "Solo en mi rancho".

Valladares nunca estudió música. "Entonces tenía que silbar las canciones a otra persona que las pudiera escribir. Antes no existían los grabadores y por ahí, cuando me acordaba la primera parte ya me olvidaba el estribillo", cuenta en el libro.

Aporte a la música nativa

Su impactante aporte a la música nativa sólo reconoce un par de trabajos discográficos propios: en los '60 "El canto de Rolando Valladares" y, dos décadas después, "Rolando Valladares, argentino de Tucumán".

En uno de sus escasos viajes a Buenos Aires, en abril de 1994 fue homenajeado en el ciclo Maestros del Alma que Juan Falú e Hilda Herrera comandaban en el Centro Cultural San Martín.

En charla con Télam después de ese tributo, denunció que "lo que hoy está por encima de todo es lo más ordinario".

"Hay una oreja de piedra en la gente que maneja los espectáculos ÄdijoÄ, y a nadie le interesa dar un basamento cultural para mejorar las audiciones y el concepto de lo que es música".

Al trazar un panorama de la música local, entonces apuntó que "esta cuestión comercial no sólo salpica al folclore, sino que también va a echar a perder al tango y al rock. Esto ocurrirá porque las cosas que se ponen en vigencia no son las de calidad".

"El problema Äinsistió proféticoÄ está en la gestación de la música, porque no es lo mismo componer por estar conmovido emocionalmente, que hacerlo pensando en el billete".