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Mesa de café
Reutemann y la inundación
Erdosain ÄLa Corte Suprema consideró que es inadmisible convocarlo a Reutemann a una indagatoria por el tema de la inundación -comenta Abel. ÄSi lo dice la Corte es asunto cerrado -responde José. ÄLa verdad sea dicha -intervengo-, me parece que el fallo es correcto. Me resulta algo exagerado suponer que Reutemann fue el responsable de la inundación. En todo caso, no habrá hecho todo lo que debía hacer o habrá hecho algunas cosas mal, pero de allí a considerarlo responsable de la inundación hay un largo trecho. ÄVos sos muy generoso con Reutemann -dice Marcial-, pero esto es como el juego del gran bonete, si él no fue, el responsable ¿quién fue? ÄYo creo que en estos temas hay que ser cuidadosos a la hora de repartir culpas -dice José. ÄMirá el que habla de cuidadoso -contesta Abel-, vive pidiendo la cabeza de todo el mundo, pero cuando le tocan a un compañero se pone cuidadoso. ÄA mí se me ocurre que en el caso de Reutemann pesó mucho la animosidad política -digo-, no es un santo y está muy lejos de haber sido el mejor gobernador de la provincia, pero de allí a hacerlo responsable de la inundación... ÄPero, entonces, ¿quién es el responsable? -se pregunta Marcial. Y agrega: Ä¿El canoero del Salado? ¿El pinche del corralón municipal? ¿Algún ingeniero? ÄTal vez lo sea el intendente -digo yo para meter cizaña. ÄEl intendente fue el chivo expiatorio de los peronistas y del propio Reutemann -contesta Abel-, él dijo la barbaridad que dijo, pero a esas palabras se las dictaron otros. Cuando Álvarez aseguró que tal o cual barrio no se iban a inundar, lo dijo para no sembrar la alarma, pero también porque los asesores de la provincia le dieron esa información. Sobre esos asesores no se ha dicho una palabra... ÄAcá de lo que no se dice una palabra es de la responsabilidad de la naturaleza -puntualiza José. Yo no voy a subestimar la responsabilidad de los hombres, pero admitamos que hay desbordes naturales difíciles de manejar. En Nueva Orleans había un gobierno del primer mundo y, sin embargo, la ciudad quedó bajo las aguas. No escuché que le pidieran la cabeza al intendente y mucho menos al gobernador del Estado. ÄEcharle la culpa a la naturaleza es tan objetivo como echarle la culpa a Dios -dice Marcial. ÄNo nos engañemos -agrega José, impaciente-, de esa inundación se habla por dos motivos: porque la oposición encontró un buen pretexto para pegarle al gobierno y porque las aguas afectaron a la clase media, la cual, dicho sea de paso, fue indemnizada. ÄLa inundación afectó a los pobres -corrige Abel. ÄA los pobres los afecta siempre -dice Marcial-, pero, después de las inundaciones, los pobres suelen salir mejor parados. En "Los inundados", Mateo Booz cuenta con lujo de detalles las avivadas de los pobres con las inundaciones. ÄUn dirigente barrial me probó con números en la mano que los "negros" estaban mejor después de la inundación que antes -señalo. ÄSi así fuera -dice Marcial-, en lugar de citarlo a Reutemann a los Tribunales habría que citarlo a Casa Gris para hacerle un busto porque, si aceptamos tu pensamiento, habría que alentar las inundaciones porque el resultado beneficia a los pobres. ÄYo lo que digo -enfatiza Abel- es que alguien se tiene que hacer cargo de lo sucedido, y ese alguien en cualquier sociedad civilizada es el gobernador y el gobernador de entonces era Reutemann. ÄNo comparto -concluye José. |