Cultura: CULT-01
TEATRO PARA CHICOS
Viaje al reino donde nada el pájaro y vuela el pez
El 4º Festival Internacional de Teatro para Niños y Jóvenes tuvo lugar en Córdoba, del 1º al 5 de octubre. Compañías locales, nacionales y del mundo presentaron propuestas de calidad ante un público que desbordó salas, centros artísticos y espacios al aire libre.

NATALIA PANDOLFO (enviada especial)

Insiste en colarse el cuarteto como una ráfaga omnipresente, en cada parlante, en el taxi, en la calle. Los valiosos edificios históricos, entre los cuales se destaca majestuosa la Manzana Jesuítica, reconocida como Patrimonio Cultural de la Humanidad, conviven con peatonales devenidas casi en réplica del Once porteño, con sus CDs truchos desparramados por calles y veredas y sus vendedores vociferando las novedades cinematográficas del mercado.

En esa ciudad se oyen, como un eco, voces de distintos idiomas. Los teatros y complejos culturales se ven desbordados por eternas colas de padres y madres, con sus hijos a cuestas. Los programas circulan de mano en mano, y en los bancos de las plazas se arman y desarman itinerarios que permitan acceder a la mayor cantidad de ofertas posible.

El 4º Festival Internacional de Teatro para Niños y Jóvenes, organizado por el gobierno de Córdoba, reúne cada año a las más destacadas compañías del mundo, en un combo de cinco días, en los que la calidad artística es protagonista. El teatro Real, la Sala de las Américas, el Paseo del Buen Pastor, la Ciudad de las Artes y las salas independientes de la ciudad funcionaron esta vez como sedes, a las que se anexaron lugares del interior de la provincia, correccionales, hospitales y escuelas. En total, fueron más de 19 mil los espectadores que formaron parte de la fiesta.

DESDE LA PANZA

Las compañías, llegadas desde Uruguay, Italia, Brasil, España, México, Francia, Buenos Aires, Rosario y la provincia de Córdoba, abarcaron un abanico que incluyó desde propuestas para bebés hasta alternativas para los adultos.

En el primer extremo, una de las puestas más destacadas fue "Blop", pensada para un público de cero a cuatro años. Enmarcada en una capilla que no conserva su funcionalidad religiosa pero sí su bella arquitectura, la obra (realizada por la compañía Dante Teatro, de España) conmovió por su simpleza: música instrumental, recipientes con agua, arena en el piso y un pequeño muñeco fueron los únicos recursos de los que se sirvió Raquel Alarcón para hipnotizar a los casi treinta pequeños reunidos en la sala, y para instaurar un código común que prescindió del lenguaje.

Con su riqueza expresiva y una escenografía completamente despojada, la actriz logró capturar la atención de los bebés durante la media hora que duró la puesta, escrita y dirigida por Adolfo Simón. El hilo narrativo de la obra procura retrotraer a los espectadores a la etapa del seno materno; los sonidos y movimientos van en esa dirección, y logran el increíble resultado de un silencio absoluto, prácticamente impensable en ese contexto.

Los niños quedaron enmudecidos ante esos estímulos que parecían venir de otro lugar, de una instancia primitiva, que figura en la memoria emotiva de todo ser humano, y que en ellos permanece aún casi intacta.

De todos modos, la protagonista no fue la actriz (ella misma devenida en bebé a partir de su capacidad gestual); ni siquiera el muñeco que utilizó como "alter ego": al final de la obra, Raquel sacó de una caja una caracola de mar, la apoyó sobre su oreja y luego extendió la mano hacia la improvisada platea. De a uno, lentamente, los bebés fueron acercándose (algunos de pie, otros gateando) para aceptar el regalo. Y se convirtieron, así, en intérpretes de una ceremonia que operó a modo de desenlace de la propuesta.

En el otro extremo del abanico se situó "Giulietta", una de las obras más ágiles, inteligentes y provocadoras que formó parte de esta edición - y que también se presentó en Santa Fe, en el Teatro Municipal, el mismo fin de semana-. Aquí la talentosa payasa Pepa Plana se pone en la piel del personaje de Shakespeare, a quien ella bautiza como "Sex-pirt", y desde ese lugar aborda a cuatro personajes: Romeo, Julieta, la nodriza y Fray Lorenzo.

En realidad hay un personaje más, y es la misma actriz: en uno de los puntos que delinean el clímax de la obra, comienza a sonar un celular en la platea. Una, dos, tres veces. La payasa se incomoda. El teléfono sigue sonando. Ella se desdobla, sale del personaje y pide, por favor, que la gente apague sus celulares. La magia de la escena se desvanece en el aire. Ahora los incómodos son los espectadores. Hay risas nerviosas y miradas inquisidoras. Los segundos se transforman en horas... y el timbre no para de sonar. Entonces, visiblemente irritada, ella pide que se enciendan las luces del teatro. La vergüenza sobrevuela la platea. Nadie puede creer lo que está ocurriendo. Hasta que la actriz tapa su boca con las dos manos, vuelve a ser protagonista, sonríe con picardía y convierte, mágicamente, la realidad en ficción. Escondido en el escenario, suena un teléfono rojo, que debe atender Giulietta. El respiro viene de la mano del aplauso, por la trampa magistralmente tendida.

La puesta funciona además a modo de trampolín para abordar temas como el placer sexual, con guiños humorísticos que se reparten a lo largo de toda la obra.

CON LA MéSICA A TODAS PARTES

En el medio de ese amplio espectro se ubican obras musicales como "La fila", de la compañía Mumú Lavac, de Buenos Aires, en cuya composición se evidencia la talentosa mano del autor Carlos Gianni. La multiplicidad de géneros (tango, folclore, cumbia) tiene su correlato en la capacidad actoral de los artistas que dan vida a esa fila mutante, en constante transformación, y que puede pensarse como metáfora del ciclo vital.

Se destaca la excelente performance de Javier Zain, acompañado de Denise Cotton y Mariela Cantor, quienes encarnan a los sucesivos personajes que aparecen en escena, reflejos caricaturescos de los distintos tipos de personalidades que pueblan el mapa humano. Finalmente, la calidad interpretativa tiene un plus, que es la aptitud musical de los intérpretes, en una propuesta que logra volar a alto nivel y a buen ritmo, sin decaimientos abruptos durante su recorrido.

No ocurre lo mismo con la brasilera "Raimundo e a menor banda do mundo": aquí también la música ocupa un papel fundante, pero el hilo narrativo se desvanece entre idas y venidas no siempre justificadas. Cris Miguel y Sergio Serrano dan vida a títeres y personajes, en un intercambio permanente que enriquece la puesta, aunque los efectos están insertos de modo un tanto caprichoso en la trama, cuya línea argumental resulta, por momentos, difícil de seguir.

De todos modos, lo más grave en este caso estuvo signado por problemas técnicos que provocaron, por ejemplo, que cuando la protagonista apoyaba sus dedos sobre un piano, la música no apareciera. Un error grosero, teniendo en cuenta no sólo el contexto en que se presentó la obra, sino fundamentalmente el público al que estaba dirigida.

Entre los puntos a favor se puede mencionar el genial recurso de las esculturas que hablan y el teatro de sombras, además de la acertada inserción de instrumentos como el acordeón y la orquesta que se forma con el cuerpo de Serrano como soporte.

Las propuestas locales también formaron parte de la grilla. Así, Los Solitarios presentaron "Parabellum, el lugar equivocado", un espectáculo a cargo de tres clowns que, en una diáfana tarde de sol, mostraron sus aventuras ante un improvisado auditorio sentado en ronda, al aire libre. Allí la guerra fue el telón de fondo de una obra que propone pensar a lo terrible desde lo absurdo, a la tragedia desde la ironía, a la reflexión desde la sonrisa.

Y el Teatro Estable de Títeres de Córdoba llevó su obra "Slurp el vampiro", compuesta por breves sketchs, todos de una notable calidad.

MARAVILLOSO MUNDO

El cierre del festival fue en el Teatro Real, que se convirtió en una especie de circo moderno para recibir a los dos protagonistas de "A wonderful world", de la compañía francesa BP Zoom, que presentó la obra "A wonderful world".

El espacio escénico transgredió sus fronteras hasta abarcar a la platea y los palcos, que sorpresivamente recibieron la visita de aviones de papel gigantescos y hasta de los mismos protagonistas, Philippe Martz y Bernie Collins, quienes imprevistamente aparecían en el tercer piso o en el mismo escenario, o volando sobre las butacas, con pocos segundos de distancia entre uno y otro paso.

El idioma no fue obstáculo: con música y gestos, los clowns se ganaron la ovación del público y fundamentaron la inclusión de esta obra en numerosas giras de la red del teatro público de Francia, como así también de América Latina, Japón y Singapur. La puesta transportó a chicos y adultos al mundo de la infancia, habilitó la sorpresa, la impresión ante una maniobra difícil y la carcajada frente a los desopilantes vaivenes de los protagonistas.

El encuentro fue, en definitiva, una fiesta para los sentidos; una invitación a romper las estructuras impuestas y a dejar volar la imaginación. Todo un desafío, en tiempos en que los niños quedan indefectiblemente atrapados en las opciones que propone el mercado, y que hipotecan la creatividad en beneficio de determinadas estéticas, parámetros y modos de conocer el mundo.

A la carta

Participaron, además, las siguientes obras: "Aku", de Bosquimanos Koryak, Uruguay; la aplaudida "Más de mil jueves", una obra italiana que rescata la historia de las Madres de Plaza de Mayo; "íMamá! ¿Cómo nací?", de ACB Teatral, Brasil; "¿Qué es la vida", de Uroc Teatro, España; "El viaje", de la murga uruguaya Agarrate Catalina; "Malas palabras", de México; "El trompo", de Buenos Aires; "El hado de pistacho", de la compañía La Galera Encantada, de Buenos Aires; "Proceso en un aula", de Rosario; "Sin escalas", de La Pipetuá, Buenos Aires; y las puestas locales: "Charata, entre chapa y chatarra", de la Comedia Infanto Juvenil; "En burrito a la escuela", de Ulularia Teatro y la coproducción española-cordobesa "¿Hay alguien ahí?", de la compañía Adolfo Simón.