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Con motivo de la celebración del centenario de la creación del Centro Asturiano de Santa Fe, el área de Lengua y Literatura del Colegio Nuestra Señora de Covadonga -dependiente de esa institución- decidió realizar diferentes actividades con los alumnos para indagar sobre los inmigrantes y las historias de vida de sus antepasados.
La iniciativa pasó porque ellos tuvieran una experiencia de lectura de textos literarios sobre la inmigración en general y de escritura de sus historias familiares. A esto se sumó la charla con padres, abuelos o tíos para que pudieran aportar datos y anécdotas de quienes ya no están. La docente a cargo es Nora Tardivo, quien -en esta primera nota- presentó los trabajos que los alumnos están elaborando y que, progresivamente, iremos publicando en esta sección de la Revista Nosotros.
"Distintos actos sociales y culturales se han venido desarrollando en el transcurso del año a modo de festejos de la centuria de esta institución que congrega a un grupo de emigrados de Asturias, España, y sus descendientes quienes, con la decisión de fundar una escuela, marcaron su compromiso con la educación y la cultura", explicó la Prof. Nora Tardivo, a cargo del área de Lengua y Literatura.
También aseguró que "un acontecimiento tan significativo para el establecimiento no podía soslayarse en los contenidos de la currícula escolar. Por ello, desde el colegio y desde el área de Lengua y Literatura, una manera de estar presentes en esta conmemoración consistió en la planificación de una actividad de lectura y escritura de relatos centrados en la temática de la inmigración e historias familiares".
La propuesta de lectura para el nivel secundario abarcó textos literarios que recrean historias de inmigrantes y relatos de familias. El corpus seleccionado de escritores argentinos incluyó "Memorias de Vladimir", de Perla Suez, para primer año; "Historias de inmigrantes", de María Cristina Alonso y Marta Pasut, para segundo año; "Stefano", de María Teresa Andruetto, para tercer año; "Mamá" de Jorge Fernández Díaz, para cuarto año; y "El mar que nos trajo" de Griselda Gambaro, para quinto año.
La lectura -aseguró la docente- permitió rastrear en las obras aquellas peripecias comunes que enfrentan los protagonistas -algunos casi niños- que deben dejar su tierra natal, sus familias y hasta su propia lengua, para afincarse en un suelo lejano y extraño. Escapar de una guerra, de persecuciones políticas, del hambre o de la miseria eran algunos de los motivos de la partida.
Una coincidencia fundamental -acotó- vertebra estas vidas inmigrantes: la humana aspiración de un mejoramiento personal y familiar. Aunque, como desde el principio se pueda adivinar, en muchos casos, el destino se conjurara para que la brecha abierta por la distancia y el tiempo se convirtiese en abismo imposible de sortear, y quedaran atrapados para siempre en la nueva tierra.
También explicó que "tanto rusos como italianos o asturianos, los personajes comparten el desamparo de la partida, el sentimiento de desarraigo, la incertidumbre ante lo nuevo. Haberse convertido en un inmigrante contendrá implícito el trabajo denodado de cada día en un suelo desconocido, el esfuerzo por nombrar a las cosas en otra lengua -y al mismo tiempo resistirse a perder la propia-, la capacidad de sobreponerse a las adversidades o de aventurarse a lo incierto. Además, las constantes de la soledad, la añoranza, la pobreza, la discriminación, la dignidad, el esfuerzo, el coraje, el amor, están presentes en cada una de esas existencias escindidas por una travesía."
La docente también mencionó que "se reiteran las imágenes de la despedida, del adiós, de la última mirada, además del recuerdo: los olores, los gustos, los sonidos del pasado que vuelven incesantemente. Son inevitables las comparaciones entre el pequeño universo que quedó atrás y el inmenso mundo que se abismaba, los contrastes se hacen notorios, marcan las privaciones de la tierra de origen y la abundancia de la patria adoptada. Epígrafes que abren capítulos, frases para subrayar en la trama, metáforas prodigiosas enternecen y permiten abarcar la profunda dimensión de esas simples existencias desnudadas en cada lectura".
Al respecto, la docente agregó: "De eso se trata cuando se lee literatura: de apreciar el trabajo con el lenguaje, de admirar la capacidad por decir de una manera irrepetible y singular aquello que resulta habitual. Son esas coincidencias de sentimientos las que, a la hora de ser recuperadas para ser enunciadas, germinan en las individualidades creativas y florecen en palabras únicas para nombrar esas emociones compartidas".
Otros textos que fueron seleccionados por la docente para la lectura fueron los siguientes: "Oscuramente fuerte es la vida" y "La tierra incomparable" de Antonio Dal Masetto; "No me olvides. Historias de vidas inmigrantes" de Graciela Pedraza y Yaraví Durán; "Memorias de la Pampa Gringa", de Luis Priamo; "Las Saboyanas" y "Las italianas" de Norma Battú; y "Las cartas que no llegaron" de Mauricio Rosencof.
Pero la docente aclaró que para que los alumnos escribieran sus textos era necesario buscar otras historias escritas por personas más próximas que sirvieran como modelo. Por este motivo, les acercó dos narraciones, compuestas en distintas circunstancias: "De Caboalles a Santa Fe", escrita por María del Alba Álvarez de García Puente, una santafesina hija de madre asturiana, que llegó siendo muy niña a la Argentina; y la escrita por Fabián Izquierdo, joven nieto de asturianos, a quien un objeto que colgaba en una pared de la casa de sus abuelos despertó su curiosidad para indagar en la historia familiar y creó De Raíces y Abuelos en el diario El Litoral.
Según explicó la docente, la tarea de los alumnos consistió en recoger algunas historias de boca de sus familiares, que aun perteneciendo al ámbito de lo estrictamente íntimo, pudieran ser estimadas en el pequeño espacio público que constituye el aula.
En este sentido, la Prof. Tardivo agregó: "Imprescindibles resultaron las conversaciones con los papás, las preguntas o el llamado telefónico a una abuela, el contacto con un tío lejano al que hacía tiempo no se frecuentaba, la búsqueda de cartas, el rescate de árboles genealógicos, acciones todas necesarias para conseguir el material con el cual presentar un primer borrador. También se les pidió ilustrar el trabajo con alguna fotografía o un mapa, un fragmento de alguna carta o quizás la copia de un pasaporte cuidadosamente conservado".
Por último, la docente reflexionó: "Mágico poder de la palabra que al nombrar rescata aquello que el olvido se empeña en desdibujar. Abuelos, tíos, padres, voluntades dispuestas a responder preguntas, a garabatear recuerdos, a atravesar fronteras y épocas, alumnos pasando en limpio borradores, leyendo orgullosamente a otros compañeros su ascendencia o manifestando su tristeza por la dificultad en el acopio de datos. Y así, casi sin querer, escuela y familia, aunados en una comunidad de lectores y escritores interesados en dejar testimonio del tiempo que pasó, fuente de este presente compartido. En definitiva, el logro de una pequeña comunidad que deposita en la conversación, en la lectura y en la escritura la posibilidad de reconocerse, poniendo a la palabra en el lugar del encuentro".
Conclusiones
"Después de lecturas tan potentes, después de conversaciones indispensables para sumergirse en el pasado, después de escrituras que agitaron las aguas del recuerdo, es imposible permanecer indiferentes, algo se ha transformado definitivamente dentro de cada lector y de cada escritor", aseguró la docente, a modo de reflexión del trabajo propuesto.
Y aseguró que "en cada una de las vivencias rescatadas, las raíces del pasado se enlazan amorosamente con las ramas del presente, para seguir escribiendo una historia individual, que al fin de cuentas es la historia de todos. Hoy somos infinitamente más ricos porque son numerosos los recuerdos recuperados".
Al respecto, agregó que "tuve mucha receptividad en los alumnos y también los padres y sus familias, ya que se pusieron a charlar con los abuelos y tíos para tener más datos sobre las historias.
"Por los logros obtenidos, todo mi agradecimiento a mis alumnos del Colegio Covadonga por su entusiasmo y a sus familias por acompañarlos en esta travesía, con murmullos de mar y ecos de memoria". Cabe agregar que esta propuesta fue presentada en las Jornadas de Didáctica de la Literatura, como una forma de promover la lectura en los chicos y la charla con sus familias.
textos de Mariana Rivera