El gobierno corre el riesgo de provocar aquí lo que los países centrales están buscando desesperadamente impedir: la desaparición total del crédito.
"¿Vos querés el año que viene ganar la mitad del sueldo que ganás ahora? Entonces decí que los K van a hacer un desastre, fogoneá el pánico, y al final vas a tener razón". El sorprendente reproche, de boca de una habitual fuente de consulta del mercado de capitales, refleja el nerviosismo que dominó ayer el mundo económico-financiero, en la primera jornada posterior al anuncio oficial sobre la reestatización del régimen jubilatorio de capitalización.
Para otro de los consultados, en cambio, la medida oficial no puede sino verse como negativa. "La gente razona de modo muy sencillo: si metieron mano en las AFJPs, también lo pueden hacer en los bancos", dijo. "Acá no se trata de capacidad de pago, sino de que, con medidas así, se rompe la confianza, que es la base del crédito", se explayó.
En esa línea, algunos gerentes bancarios recibieron la orden de sentarse sobre el dinero, no prestar, no exponerse. Si ésa fuera la tendencia general, el gobierno habrá conseguido generar aquí la desaparición de la liquidez y el crédito, aquello que los Bancos Centrales y los Tesoros de los países ricos están buscando con desesperación restablecer para impedir una depresión económica.
Eduardo Blasco, de Maxinver, señaló que más de 60 por ciento de los plazos fijos del sistema bancario son depósitos oficiales, de las AFJPs e institucionales. Las cuentas corrientes y de ahorro no son relevantes en términos del PIB, apuntó, y la gente no puede reducirlos mucho, porque los usa para su gasto corriente. Por último, la baja incidencia del crédito a mediano y largo plazo y el escaso apalancamiento bancario limitan, de última, el potencial de daño.
No deja de ser un pobre consuelo que la principal limitante al perjuicio potencial de una decisión del presente sean las condiciones resultantes.