Estuve con Rubens, "El facha" del circo Taconhy, premiado este año con el "Estrella de Mar", en Mar del Plata. Me figuré que su historia valía mucho. Dialogamos casi cuarenta minutos, supongo.
Me hubiese gustado preguntarle en algún momento -luego lo pensé- ¿qué era la vida? Pero, evidentemente, la respuesta hubiese sido una: el circo. Detrás de sus gafas negras, detrás de sus brazos plagados de tatuajes desprolijos, su torso firme y sus cicatrices, se nota un hombre simple, con emociones contenidas en su rigidez; un hombre que no arriesgaría su palabra más que su vida, un hombre que podría sostener el silencio sin sentir la soledad, en fin... un hombre de circo.
Primero cruzó los brazos para imponer respeto al hablar. Luego, cuando la charla parecía haber sorteado los muros de lesa humanidad; cuando nos acordamos, también, que estábamos expuestos a las iridiscencias solares, decidimos entregarnos a las sombras para ahondar la conversación.
Ä¿De dónde proviene la palabra circo?
ÄParece que de la figura geométrica: círculo. Nadie puede olvidar el final de la película "Circo", de Charles Chaplin, cuando el circo abandona su lugar y deja ese círculo vacío, esa redondez perfecta sin alma, esa figura que homenajea la circularidad, esa circularidad que responde a un centro, en donde todo es equidistante a él, el público está perfectamente equidistante a la pista en donde yacen los artistas o, mejor dicho, los atletas. Tal disposición no supone jerarquías (lo que no implica ausencia de orden), todo está henchido de horizontalidad.
Los atletas del circo combinan espíritu y exigencia física con tanta naturalidad que, por momentos, nos perdemos de comprenderla. >
Ä¿Qué implicará la palabra circo?
ÄSegún Manuel Pereira, novelista y periodista cubano, es aburrida esa simple noción geométrica. Para él es mejor inventarse una definición de circo que permitiera emparentar a la figura de Circe: "la voz circo procede de Circe, la hechicera homérica que transformó en cerdos a los compañeros de Ulises". Se afianza la tentación de Pereira ante el adjetivo circense, pues todas las travesuras de esta maga no fueron más que números circenses avant la leerte.
Esas transformaciones nos recuerdan ese orden natural de las cosas que es invertido en el circo para ofrecernos "una emoción en forma de espectáculo". Ese afán de subversión es lo que mejor designa la noción de circo. Pereira se pregunta "¿qué es un acróbata sino un hombre que imita un pájaro?". Creo que Pereira se confunde cuando define "el circo es el mundo al revés", supongo que el circo no es la inversión del mundo, sino la subversión; no es sólo "Freaks" -como la película del director Tod Browning-, es decir un lugar en donde se exhiben fenómenos (el circo también es el escenario de la risa y el delirio, pero no es sólo eso), es aquello que de algún modo nos desafía, nos cuestiona "el mundo". Lo que no soporta el circo es la serenidad.>
Dijo "El facha" que cuando tienen un tiempo libre y pasan días sin estar en el circo, irrumpe la necesidad de la emoción y los viajes, del vértigo, de la gente, de los aplausos, y de los niños. Se vuelve al circo permanentemente, en realidad "uno nunca se despide del circo". Me dice con tono de pasado: "vos, ni con la plata del mundo podés conocer lo que nosotros hemos conocido: a la Argentina la hemos recorrido entera; Uruguay, Brasil, Perú, Ecuador, Cuba, Paraguay, Bolivia, Colombia... Vas adquiriendo algo que es muy importante para nuestras vidas, y esas cosas no te las da la calle: la calle no te devuelve aplausos".
Qué es el circo sino la realidad misma que se sostiene en una aparente ficción. Cuando cae el funámbulo, muere. Pero mientras tanto el funámbulo, con sus lentejuelas, baila arriba del alambre como si fuera él solo una constelación, baila para que el público se transforme en él por un momento. Nosotros, los perversos contempladores, siempre deseamos íntimamente que la prueba del funámbulo falle, que el trapecista caiga, que el vértigo que tenemos sea aún mayor, que el corazón se nos desprenda porque luego podremos contarlo, porque una vez que la prueba falla, nosotros, los espectadores, volvemos sobre sí y simulamos el horror, aunque por dentro estamos sobresaltados. Míseros, ante el error fatal del artista, no entregamos la vista desnudando nuestras "extrañas" emociones, sino que nos tapamos los ojos, nos escondemos detrás del gesto porque creemos estar seguros allí. Encubrimos nuestra noche.
El mundo circense no nos es ajeno, cualquiera podría trazar líneas sobre el circo, lo que no sé es si todos piensan en el circo. Como dijo alguna vez Nietzsche -a quien siempre es bueno citar-, "todos hablan de mí, pero nadie piensa en mí". ¿Qué pensamos acerca del circo?, ¿qué dice el circo sobre nuestras vidas?, ¿qué entraña esa "ciudad" inquieta que muda todo el tiempo de lugar?
Rubens cuenta: "Nosotros somos nómades. Cuando me preguntan de qué lugar soy, siempre respondo del lugar en el que estoy, porque es el lugar en donde uno vive, es el sitio en donde uno convive con la gente". Hace una pausa y siento que él está examinando su intimidad. Al fin, gira la cabeza de lado a lado como no encontrando otra manera para decirme lo que me dirá: "mi casa es el circo". Me quedo pensando en esta respuesta.
"La mayoría -sigue- tienen parientes con una vida estable; por ejemplo, mi hermano es auditor del Anses, cuando yo voy para la casa de él, estoy dos días ahí, miro el techo y algo empieza a molestarme. En mi casilla te levantás y tenés el baño, hacés dos pasos y tenés la cocina, caminás dos más y tenés el living... tenés una casa grande toda reducida; cuando estoy en lo de mi hermano, y estoy acostado y me quiero levantar a tomar un vaso con agua, quizás hasta no voy, porque me queda lejos. Pero no es de vago, es un hábito, es un modo de vida, la casa de mi hermano es demasiado grande para mí".
Me preguntaba también qué estaba sucediendo con el circo que los nuevos shows están dirigidos a los adultos. Cirque du Soleil y Cirque XXI han apostado a modernizarse: "no más animales, no más payasos colorinches ni números improvisados", dice Gastón Elie, de 34 años, trapecista argentino que trabajó diez años en el Cirque du Soleil y ahora participa de la dirección escénica del Cirque XXI. "Queremos que tanto el número, como el vestuario y la música combinen y den la idea de un show más profesional", afirma.
Además, dice que ya no vive en una casilla. "Alquilo un departamento porque no puedo soportar dormir en un trailer. Hay cosas del circo criollo que se tienen que modernizar".
Estos circos, que ya no son sólo para niños, me hacen pensar en la frase del ya citado Manuel Pereira, quien afirma: "sólo los artistas y los niños poseen el misterio inconfesable del circo". Quizás este cambio no es sino el producto de lo que dijimos anteriormente. Tal vez lo que ahora es diversión, y se llama circo moderno, se llamaba antes subversión, que era el circo de los payasos y los niños.
En "Noche de circo", Bergman opone el circo al teatro. Sin vueltas, señala su mayor diferencia: "lo que uno arriesga en el circo es la vida, lo que se arriesga en el teatro es la vanidad". En el mundo del teatro -agregaría- lo que está en juego es el espíritu. ¿Cuántas veces ha llorado detrás de escena Leonor Manso luego de presentar "4:48 psicosis", obra de la dramaturga inglesa Sara Kane?.
El espíritu del artista de teatro se desdobla y muta, a veces le resulta difícil volver a su personalidad, ese riesgo no es concebido por Bergman, quizás ese riesgo es tan extremo como al que se enfrenta el funámbulo (el alambre o el abismo).