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AXEL ARGUINCHONA: Sacerdote
Vocación de servicio. Nació en el barrio Sur, pero dedicó toda su vida sacerdotal a trabajar en la zona oeste. Con un marcado compromiso social, asume su sacerdocio con entrega, dedicación y alegría. Lo bautizó el padre Edelmiro Gasparotto, a quien admiraba, en el año 1960. textos de Sol Lauría.

VOCACIÓN HEREDADA.

"En casa siempre se vivió un ambiente de mucha alegría. Aunque hubieran problemas, la esperanza se imponía. Fuimos muy familieros, en un sentido positivo: no nos criaron en una cápsula ni oprimidos. Mi primer seminario fue mi familia, porque me enseñaron lo más importante del sacerdocio, que es el amor. Por eso digo que fortaleciendo la familia fortalecés todo, y le doy gracias a Dios porque tuve y tengo también una familia bárbara. Mi papá trabajaba como profesor en una escuela secundaria y en la Dirección Provincial de Arquitectura. Mi mamá era docente y se desempeñaba en barrios pobres. Creo que de ellos heredé la vocación, porque el sacerdocio es una docencia".

UN "SI" IMPENSADO.

"Cuando era adolescente tenía rebeldía con Dios. No vivía mi fe. Rezaba a la noche cuando me iba a acostar, pero no me confesaba frecuentemente ni participaba de la eucaristía dominical. Cuando Dios me llamó por primera vez a una vida espiritual intensa, yo estudiaba Ciencias Económicas y pensaba en casarme, estaba de novio. Recuerdo que estaba en una clase de Contabilidad y sentí el deseo de ir a misa, un llamado de Dios que me sorprendió. Nunca había tenido una vida parroquial y, sin embargo, Dios me fue llamando a una vida parroquial, a una labor social también. Formamos un grupo con otros jóvenes de la Universidad Católica y del Litoral y comencé a hablar con un sacerdote que me dijo "no sé de qué se trata esto, vamos a averiguarlo', y allí comencé una dirección espiritual con el padre Ricardo Más. Ahí se me destaparon los oídos del alma, se me limpió la visión espiritual, porque el pecado ennegrece y pone oscura la cosa. Y descubrí que si bien en la vida tenía todo como para poder tener un futuro promisorio, mi alegría y mi felicidad estaban del otro lado de la ventana. Sabiendo que el matrimonio es algo maravilloso y muy bello, pero que viviendo consagrado a Dios y mis hermanos, voy a atener a una familia mayor".

EL CELIBATO.

"Un fundamento es que Nuestro Señor Jesucristo vivió su vida célibe. Y, como dice la carta a los Corintios, la persona que está casada tiene su corazón dividido. En cambio aquel que está consagrado al Señor tiene todo su corazón para Dios y para el prójimo. No es un mandamiento ni es por un tema económico; incluso los sacerdotes diocesanos podemos tener bienes propios. Nosotros renunciamos a una vida matrimonial por un valor positivo del amor. Pero el sacerdote necesita del acompañamiento afectivo de su comunidad para perseverar en la vida célibe. El sacerdote es un ser afectivo, es un ser humano. Necesita la presencia y el acompañamiento de las personas de la comunidad".

LA IGLESIA.

"No creo que la Iglesia esconda cosas. A veces los problemas tardan un tiempo en darse a luz por una cuestión muy simple: primero se tratan de solucionar en casa. Por eso, por prudencia y para ayudar a la persona que tenga el problema, se trata de no descubrir, sino de ayudar. Si la situación es grave, no se sostiene y hay sanciones que están en el código de derecho romano. Si nosotros como Iglesia condenamos y no tratamos de salvar, nuestra misión se pierde. No podemos condenar: uno sólo es el legislador y juez, el que puede salvar o condenar. Nosotros no podemos juzgar las conciencias, sí los actos".

COMPROMISO SOCIAL.

"Yo tuve la gracia de estar al lado de un santo sacerdote, el padre Atilio Espinosa. Él me formó. Y Dios me ha regalado la posibilidad de seguir trabajando con la comunidad del cordón oeste. Cuando me ordené, en el sagrario de la Virgen pedí que me manden a Santa Rosa de Lima, porque quería estar ahí. El 21 de noviembre de 1999 asumí en la parroquia de Santa Rosa de Lima, y ahora en La Merced, que trabaja en el mismo lugar".

LA PRIMACÍA DEL AMOR.

"Lo que te hace ganar el cielo es el amor, es la entrega. Incluso lo dice Jesús: hay mayor alegría en dar que en recibir. Cuanto más damos, más felices somos. Pero el amor implica renunciar, renunciar a algo por algo mejor. Amor es verdad, es justicia, es paciencia, es solidaridad. Recordemos siempre que la presencia de Dios en nuestra vida es sinónimo de felicidad. La alegría tiene que estar presente en nuestro corazón, no porque nos vayan bien las cosas, sino porque hacemos el bien".

Personal

Fue bautizado por el padre Edelmiro Gasparotto. Vivió su infancia con su hermana dos años mayor y sus padres en la casa familiar de calle Moreno, entre Urquiza y 4 de enero. Estudiaba en la San Cayetano, y allí tomó su primera comunión. El secundario lo hizo en el Liceo Militar, donde recibió el sacramento de la confirmación.

Ingresó al seminario en marzo de 1983 y el 30 de septiembre de 1989 recibió la ordenación sacerdotal. Como sacerdote, trabajó en los barrios Centenario, Varadero Sarsotti, San Jerónimo, Nuestra Señora de Itatí, Chalet y Santa Rosa de Lima. Actualmente es párroco en La Merced y trabaja en Cáritas.>