Viernes 14 de noviembre, a las diez, en la sala mayor del Centro Cultural ATE-Casa España. En ese espacio y en ese tiempo, la música será el canal de conexión. Los músicos, hechiceros desplegando sortilegios para que suceda el ritual y, una vez más, un hecho artístico movilice al hombre. Ante esta inminencia, Gabriel de Pedro no puede estar más que expectante y entusiasta. No es para menos; él ha compuesto y arreglado las obras que compartirá el Cuarteto Improvisaciones con quienes acudan a la cita: la presentación del disco "Momento puntual", grabado en vivo el 8 de marzo de este año en el Teatro Municipal 1´ de Mayo, durante la apertura del 11´ Festival de Jazz de Santa Fe.
"Yo estoy muy contento con este disco", suelta Gabriel, responsable del piano y la dirección musical del grupo integrado por Víctor Malvicino (saxo), Cristian Bórtoli (contrabajo) y Alejandro López (batería). "Estoy contento porque salió de una manera que yo considero hermosa. Tocamos en el Festival de Jazz, se grabó y lo que salió, quedó. Esto tiene de maravilloso el disco en vivo: no podés corregir una nota. Es el mayor riesgo de todos los riesgos".
¨No es el riesgo una condición primordial para la creación? ¨El impulso que abre una compuerta hacia la intimidad del creador? Como dice el artista mexicano Alfonso Nava, "el riesgo nos enseña el carácter desnudo del arte: su peligrosidad. Tras las capas de letras o pintura, bajo las notas musicales, hay un pulsar incandescente que puede estallar en las narices del artista. Es una batalla perdida de antemano. Es un hábito siempre perturbador".
Ese riesgo, y la necesidad expresiva, es lo que impulsa al músico. "Para mi es un modo de entender la vida -dice Gabriel de Pedro-. Es como decir: yo hoy me encuentro con vos, charlo con vos y quiero escuchar lo que tenés para decir. Es conectarte con esa persona en ese momento, aunque después no nos veamos nunca más en la vida. Y por más que vos sepas -quizás- que yo soy un tipo de pensar más o de pensar todo, a mi me interesa relacionarme con el corazón. Por más que tenga un lugar en el arte, me interesa la conexión porque si no no le veo sentido a esta cosa. La pirotecnia o la total intelectualización, me parecen -primero- un recurso sencillo, y -segundo- un estado donde uno no se arriesga, es un lugar seguro. Ese lugar a mi no me interesa. Tampoco me interesa estar caminando en una cuerda floja, sino en un lugar donde la seguridad me la de el trabajo, el estudio, pero que eso sea el propulsor del cohete que me lleve vaya a saber dónde!
- No cualquier músico está dispuesto a ese riesgo...
- No, claro, por eso a mi me gusta reunirme con músicos que piensan así. Y te das cuenta cuando los escuchás. Hay quienes quizás lo van a hacer más adelante, porque no es que uno se arriesga de un día para el otro. Y ese riesgo puede estar en muchas cosas; puede estar en que un día digas: quiero grabar un disco con gaita y ukelele, y con eso tratar de llegar. Te estás arriesgando, porque es algo no tradicional, no tan conocido... Entonces, uno tiene ese riesgo en las propuestas. En este caso, la propuesta es un riesgo, y lo que sucede arriba del escenario es un riesgo. Pero que viene de la conexión, que surge de conectarse, algo que a mi me resulta primordial.
Aquella noche del Festival de Jazz fue el momento puntual que concibió este disco, donde además de las obras de De Pedro, hay temas de consagrados compositores como Luis Alberto Spinetta o Bill Evans. "La cosa es que tocamos y yo sentí una conexión fuerte, salimos muy contentos. Ya habíamos planteado que no sea un tema tras otro, sino una unidad, por eso algunos estaban enganchados, no había un corte. Y especialmente hay algo que me fascina: que el momento en que se toca, es un momento único. Para mi es como un ritual, por eso no me gusta cortarlo en la mitad. Entonces, en vez de tocar una hora y media, tocamos 50 minutos, pero la sensación fue que, desde el primer segundo y durante ese tiempo estuvimos conectados, hasta el final. Cuando levantamos la cara, y respiramos, y nos sonreímos, era porque ya había terminado el ritual. Hasta ese momento, todo era parte de la música. El silencio, hasta esperar al siguiente tema, es parte de la música".
- Todo, con la improvisación como recurso...
- La base era la improvisación, en el sentido de que la propuesta tiene una estructura pero no se sabe qué va a pasar. Con decirte que hay uno de los temas que es a modo de introducción, donde empiezo a tocar y no sé qué voy a tocar, después se suma Cristian con el contrabajo y le da...Puede haber armonía, puede no haber, puede haber una melodía, puede no haber, no sé...nos sumimos en lo que vamos sintiendo. Es un viaje.
Después unimos un tema, llamado "Angeles", que tiene una introducción que es "Grito de libertad", para luego meternos ya en la propia visión del tema, donde dice algo directamente.
Entonces, el 14 de noviembre vamos a presentar eso. Y todos queremos que vuelva a ser eso.
La importancia del todo, como algo que trasciende a la suma de las partes. Tal es la idea motora de la búsqueda musical de Gabriel de Pedro. Él la define como "una búsqueda holística, integral. Y la improvisación, -en algunos estilos con mayor presencia que en otro- es extremadamente holística. Tu sentido nervioso tiene que tener una velocidad de percepción tremenda para improvisar. Allí tiene que confluir todo. Y llegar a eso demanda un montón de trabajo, un montón de escuchar, y un montón de equivocarse, de sentir que no alcanzás lo que querés, de decir: me falta mucho. En los libros esos que he encontrado de casualidad, los grandes artistas reconocen lo mismo. Dicen: me asombra que les guste tanto esto, si yo estoy buscándolo. Entonces, yo leo una cosa así y se me abre la cabeza...y me digo: tranquilizate, tomate un mate tranquilo...Y uno se exige de una manera impresionante, porque uno escucha los discos de los grandes.
- ¨A quiénes estás escuchando en este tiempo?
- En este tiempo he estado con mucha música contemporánea del siglo XX. Desde Schnberg en adelante, que es la famosa Segunda Escuela de Viena: Arnold Schnberg, Alban Berg y Anton Webern, que trajeron a la música una visión nueva, que rompió con todo lo establecido hasta ese momento. Y son búsquedas implican las dos cosas: la sensibilidad y la mente. Cuando una de esas dos cosas falta, para mi falta el hombre. Aunque en alguna obra vos podés enfatizar más para un lado que para otro, a mi me gusta sentir el todo.
Entonces, estoy escuchando mucho y leyendo algunos libros. Me gustan mucho las cosas banales de los músicos, porque a mi me dice cosas. Por ejemplo, hay músicos que cuentan: tal día descubrí que la armonía era tal cosa. Y resulta que el tipo tenía 70 años; o sea que él lo descubrió a los 70 años!. Y vos estás enloquecido queriendo encontrarlo mañana. Todo eso ayuda a entender la verdad en la evolución de la vida de un músico, algo que normalmente en la universidad o en los espacios académicos no se aprende, porque no hay tiempo. Te dicen: ahí tenés los libros, y vos después te empezás a meter. Lo más interesante que tiene eso son las búsquedas musicales, en donde están los colores, las sensaciones y la libertad. Ellos trabajaron, trabajaron, trabajaron, para lograr la libertad del sonido. Y eso es algo que todavía no puede entender cómo hicieron, porque han editado libros, pero vos los leés, los trabajás y, sin embargo, notás que hay algo más: es esa intuición. Es una música muy especial, no muy trabajada ni siquiera por las personas que estudian música clásica.
Tratar de llevar a la música la libertad que tiene el pintor, ese artista que lo subordina todo a las necesidades expresivas y no a las reglas formales. Ése ha sido el gran riesgo que afrontó el compositor más innovador del siglo XX. Por eso es Schnberg el horizonte que Gabriel de Pedro no deja de visualizar en su camino musical.
- ¨Cómo te ves en este momento en relación a tu libertad como compositor?
- El tipo que toca y el que compone tiene que ser lo mismo. O sea, los músicos son esas dos cosas, no importa el instrumento que tocás. Eso fue así siempre. Hablo de la música clásica del siglo XVII, cuando los músicos era todo lo mismo. Cuando se juntaban a tocar, el trombonista sabía de música como el guitarrista, si no no podía tocar. Eso fue así, hasta que en un momento apareció algo así como el arquitecto de la música. Y apareció una etapa industrial, en donde se requerían músicos y música en todos lados. Para eso se necesitó eficiencia, se necesitó desarrollar especialidades, y el músico que tocaba se podía dedicar a estudiar su instrumento, el que escribía podía estar trabajando en eso de construir esa música; y además, la humanidad empezó a no querer más una casita de dos pisos, ya buscaba una casa de diez pisos. Y para eso necesitaba un especialista. Pero la música popular es la única que ha conservado la herencia de la música clásica. En la música popular, para tocar, tenés que ser músico, no podés ser solamente instrumentista.
Yo creo que allí está la base de la libertad. Por eso, creo que la música popular está más ligada a la libertad que otras. Pero eso es porque el músico popular lo tiene que hacer. Por más que el muchacho se ponga las pilas, vaya a estudiar, no tiene una cosa exacta de lo que tiene que tocar. Y aunque tenga una partitura, ése no es el producto final, lo que se escucha, sino que es una estructura de la cosa.
Entonces, la libertad estuvo desde el principio de la música. Por ahí, yo creo -y el mismo Schnberg lo dice en su libro de armonía- que se empezó a dividir. Pero en la música popular esa unidad se mantiene, esa es la forma de hacer música popular. Y para lograr eso, hay que ser un tipo completo, y para eso tenés que estudiar tu instrumento, tenés que aprender a componer, tenés que aprender sobre el funcionamiento de la música, tenés que tener esa capacidad de improvisar.
Vos escuchás un tema del Cuchi Leguizamón, pero te maravillás con el pianista. Porque el tema es hermoso -no cabe ninguna duda-, pero está quien lo transmite, ese que entiende, ese que toca... Y eso pasaba con Piazzolla. Piazzolla era Piazzolla, mamita querida...!
Por todo esto, es fantástico: la música popular es el músico, no la música.
En este panorama, estoy componiendo música popular contemporánea. Me atrae la idea de lo contemporáneo, lo expansivo. Por eso, en uno de los temas de "Momento puntual", que se llama "Mis dedos de mimbre", es como rockero; hay otros que son jazzeros puros, pero los considero parte de una transición mía, como hacer historicismo, y a mi me encanta y lo hago por respeto, por conocer la tradición, pero quiero buscarme a mí. Quiero saber ¨cuál soy yo?
Formado en el 2003 por el pianista y compositor Gabriel de Pedro y el saxofonista Victor Malvicino, el grupo está inspirado en el cuarteto europeo de Jan Garbarek y Keith Jarrett, aunque tiene también otras influencias. Comenzó recreando temas nacionales, de Luis Alberto Spinetta, Charly García, Alejandro Lerner y María Elena Walsh, dentro de un marco jazzístico contemporáneo.
Hoy, la propuesta se enriquece con obras de Gabriel de Pedro especialmente compuestas para el cuarteto, con la participación de excelentes músicos en la línea de la base rítmica, como José Luis Viggiano, Hugo García, Cristian Bórtoli, Fernando Silva y, en esta oportunidad, se unirá el baterista Alejandro López (que en Buenos Aires participa en diferentes formaciones con Marcelo Gutfraind, Luis Natch, Nicolás Ospina, Mariano Otero, Alan Plachta y Carlos Alvarez).
Improvisaciones se presentó en el ciclo de música del Centro Cultural Los Espejos, el Centro Español, el Teatrino de la Municipalidad de Río Cuarto (Córdoba), el ciclo Noches de Jazz -organizado por Cultura de la Provincia y la Jazz Ensamble-, el trasnoche del Festival de Jazz de Santa Fe del 2006 y 2008, y como invitado en los festejos de las Bodas de Plata de la Asociación Mozarteum Santa Fe.