Hoy culminó -al menos en los papeles- el período de inscripción al secundario, que es obligatorio por disposición de la ley Nacional de Educación n§ 26.206. En las escuelas céntricas de nuestra ciudad, que históricamente gozan de una alta demanda, la situación no fue muy diferente a otros años y hubo colas en los primeros días.
Es el caso del comercial Domingo Silva, ayer, anteúltimo día para anotarse, la institución seguía recibiendo solicitudes para el ingreso a primer año, a pesar de que unos 55 interesados se quedarán sin banco.
"Tenemos 170 lugares para el primer año: 40 son para hermanos de nuestros alumnos y 15 hay que reservar para los repetidores de nuestra escuela. Es decir, quedan 115 vacantes y hasta ahora llevamos 170 inscriptos, por lo que hay un excedente de 55 aspirantes", detalló la prosecretaria Silvia D'Ambra.
En esa escuela los bancos se sortean y no hay prioridad de acuerdo al orden de llegada. "Hasta el último día inscribimos y todos tienen posibilidad de entrar", añadió. Ante el riesgo de quedarse afuera, los postulantes se han anotado también en otras secundarias.
Lo mismo sucede en el Brown, otro secundario público tradicional, donde siempre se supera el cupo de vacantes (220 bancos para el 1er. año) y los inscriptos van a sorteo.
El colegio Simón de Iriondo (ex Nacional) llevaba cubierto un 20% de su capacidad para primer año, "bastante más que otros años a esta altura", aseguró el director a cargo, Alberto Roblero. Pero en esta escuela pública de calle Mendoza, el fuerte de la inscripción se registra en febrero.
Los padres que pueden elegir el colegio para sus hijos se inclinan por aquellos que gozan de cierta imagen y no optan por otros que tal vez pueden tener más lugar. En el caso de las familias carecientes, la variable se invierte y buscan secundarias cercanas a sus domicilios, lo que les permite ahorrarse el transporte.
Por su parte, como es habitual, los colegios privados tienen casi todo el cupo cubierto por los alumnos que terminan su séptimo grado en ellos. Para las pocas vacantes que se generan, abren una lista de espera para los aspirantes externos. En el Calvario, por ejemplo, hasta el momento hay anotadas 14 chicas para 1er. año y se producirán unos 10 lugares para 2009.
En la primaria n§ 27 José Gálvez, ubicada en Blas Parera al 10.200, funciona desde marzo pasado el tercer año del secundario, que se añadió para dar continuidad al ex 9§ de EGB (hoy 2§ año de la educación de nivel medio).
Justo al lado se construyó un moderno y amplio edificio donde se creará una nueva escuela secundaria, que sería de la modalidad técnica. "Sabemos que allí trasladarán a nuestros alumnos de 1§, 2§ y 3er. año y se agregarían los demás cursos, mientras que nuestra casa seguiría manteniendo hasta el séptimo grado de primaria, solamente", dijo la vicedirectora Laura Faggioli, quien se quejó por la falta de información oficial.
"Estamos anotando jóvenes pero ni siquiera sabemos qué especialidad va a tener esta nueva escuela; los padres nos preguntan y no sabemos qué contestarles", reclamó.
Esa institución arrancará con una matrícula asegurada, puesto que no hay otro secundario cercano que atienda a los adolescentes de los barrios Cabaña Leiva, Nuevo Horizonte y Nueva Tablada, algunos de ellos formados a partir de populosos planes de vivienda.
Por esta razón es que la escuela Gálvez está recibiendo una gran cantidad de alumnos para los distintos años del secundario. Ayer, El Litoral encontró una fila de gente para concretar la inscripción. "Tengo una caja llena de anotados. La mayoría pregunta por la escuela nueva que sería técnica, pero hay padres que los inscriben también en otras instituciones por si no les convencen las terminalidades que se dictarían allí", dijo Marta, la preceptora.
"Mi hijo perdió el año porque iba a una escuela del centro y como no teníamos plata para el colectivo, faltó mucho a clases", comentó una mamá, feliz porque ahora su hijo no tendrá que salir del barrio para asistir a la secundaria.
Un panorama disímil encontró El Litoral en los demás colegios (que tienen hasta el 3er. año) creados durante el presente ciclo lectivo en nuestra ciudad y que funcionan en los edificios de algunas primarias. Esas instituciones tienen garantizada la matrícula porque sus chicos provienen del 7mo. grado que funciona en el mismo inmueble, así que la inscripción se hace en otros tiempos.
La mayor expectativa, en cambio, está puesta en cómo garantizar el espacio físico necesario para agregar el 4to. año desde 2009. En esa situación se encuentra la secundaria n§ 510, que funciona en el primer piso de la primaria General Las Heras, sita en Aritóbulo del Valle al 8500. Tiene cerca de 100 alumnos de 1ro. a 3ro., de los cuales 25 deberían pasar al 4to., pero no hay más salones.
Lo mismo sucede en la escuela media n§ 506, que funciona en aulas de la primaria Borruat, de Santa Rosa de Lima. La directora, María Cristina Rey, pidió la construcción de 4 aulas nuevas, porque están usando el laboratorio y el salón de música para la secundaria, y además hay un solo espacio que funciona como dirección, biblioteca, preceptoría, sala de profesores y portería de la 506.
Alberto Roblero, director a cargo del colegio Simón de Iriondo, tiene una visión crítica sobre la obligatoriedad del secundario impuesta por la ley Nacional de Educación. "Consideramos más interesante hablar de la universalidad del secundario que de la obligatoriedad, que ya se había extendido con la ex Ley Federal hasta el noveno año, y ha demostrado ser una cuestión más de título que de una realidad en las escuelas", considera el docente.
"Lo mismo va a ocurrir ahora, que es obligatorio hasta quinto. Colgar en las pizarras la obligatoriedad y la inclusión de los chicos es nada más que un rótulo. Para que los chicos vengan a la escuela, la propuesta pedagógica e institucional debe ser inclusiva", opina el director. Y asegura que si la familia no mantiene al adolescente en el circuito educativo, las escuelas secundarias no podrán saber si ese chico está o no afuera del sistema.
"Hay que aclarar que las primarias se guían por el radio de influencia para anotar al 1er. grado, y entonces saben qué chicos deberían ir a tal o cual escuela. Pero en las secundarias eso no se da porque se reciben alumnos de todos lados y mal se puede conocer qué chico no sigue dentro del circuito educativo", aclara.
A su entender, para que la obligatoriedad se garantice, se debería trabajar con otros organismos del Estado, con el fin de detectar e incorporar a esos chicos que quedan fuera de la educación, sobre todo, durante la transición de la escuela primaria a la secundaria.