A 20 años de su muerte
María Teresa León
Ana María Zancada
“Porque de los sueños de los artistas estarían hechas, más que de cualquier otra cosa, las patrias todas” (Azorín)
Sin lugar a dudas la pléyade de intelectuales y artistas que abandonaron España a partir de 1936, tenían sueños rotos y el corazón cargado de frustraciones. Pero cuando la libertad de pensamiento es encerrada en injustos corrales de megalomanías, la necesidad natural de independencia busca indefectiblemente nuevos horizontes.
Tal lo que ocurrió con toda una generación de españoles pensantes que tuvieron que huir de su país.
Hoy evocamos a una mujer hermosa e inteligente, activista política, embajadora de las letras españolas: María Teresa León, que recorrió completo el camino del exilio.
María Teresa León Goyri nació en Logroño en 1904, pero pasó gran parte de su infancia y adolescencia en Burgos. Su padre era un militar de alto rango y su tía María Goyri, primera mujer española que obtuvo un doctorado en Filosofía y Letras. A diferencia de las otras niñas de su edad, María Teresa recibió una esmerada educación pero como sucedía entonces a los 20 años hizo un matrimonio por imposición paterna.
Tempranamente comenzó a despertar su necesidad de dar a conocer su rico mundo interior. En 1928 publicó su primer libro de narraciones “Cuentos para soñar”.
Pero se ahogaba en un matrimonio que no había elegido y deseosa de otros ambientes abandonó a su marido y decidió seguir los pasos de su tía. Para ello se trasladó a Madrid a estudiar Filosofía y Letras.
Allí conoció al hombre que cambiaría para siempre su vida, el poeta Rafael Alberti. Este joven soñador y aventurero, se sintió deslumbrado por la belleza de María Teresa. Años más tarde rememora el encuentro en su libro “La arboleda perdida”: “Allí surgió ante mí, rubia, hermosa, sólida y levantada como la ola que una mar imprevista me arrojara de un golpe contra el pecho”...(1)
Fue un amor para toda la vida. El primer trabajo en colaboración fue el drama “Fermín Galán”, representado luego por Margarita Xirgu.
Se casaron en 1932 y con una beca de teatro recorrieron Alemania, la Unión Soviética, Dinamarca, Noruega, Bélgica y Holanda. Ya de vuelta en Madrid, fundaron la revista Octubre órgano de escritores y artistas activistas. Es allí donde María Teresa publicó en 1933 “Huelga en el puerto” que sería un ejemplo de teatro revolucionario a la vez que colaboraba en la creación de diversos grupos de teatro de obreros.
Pero esta actividad ya les va causando el rechazo de las autoridades de turno. Entonces comenzaron su deambular por el mundo. En París, María Teresa organizó una nueva revista El Mono Azul, órgano de la Sección Teatral de la Alianza de Intelectuales Antifacistas.
En 1936 regresaron a Ibiza donde los sorprendió el comienzo de la Guerra Civil, y de allí nuevamente a la península. En 1937 vio la luz una comedia “La tragedia optimista”, que es dirigida e interpretada por ella misma. Ese mismo año publicó un libro de narraciones “La estrella roja”.
Cuando el 18 de julio de 1936, el gobierno republicano se trasladó a Valencia, ella se quedó en Madrid y tomó parte activa en la evacuación de las obras de arte del Museo del Prado y del monasterio del Escorial, como integrante de la Junta de Defensa y Protección del Tesoro Artístico Nacional.
Pero el trabajo más activo que María Teresa desarrolló durante la Guerra Civil fue el referido al teatro, ocupando cargos fundamentales en los organismos del gobierno republicano como en los aficionados. Colaboró con diversas empresas teatrales ya como intérprete, directora o dramaturga.
Pero la Guerra Civil los obligó a partir de España. En la Argentina residieron más de 20 años. Aquí nació su hija Aitana y su trabajo está muy relacionado con el cine. En 1945, María Teresa tiene a su cargo la adaptación del guión de “Los ojos más lindos del mundo”, dirigida por Luis Saslavsky y en 1945 junto a Rafael, la adaptación de “La Dama Duende”.
Juntos recorrieron el mundo, mientras el recuerdo de la tierra lejana les carcomía el alma.
En María Teresa el dolor del exilio dio nacimiento a dos nuevas novelas: “Contra viento y marea” y “Juego limpio”.
Y siguió el peregrinar sin sosiego, mientras los devaneos amorosos de su compañero, agregan una cuota más de amargura a la nostalgia. Su última novela es “Menesteos, marinero de abril”, en 1965.
Y luego, como colofón de una vida de ausencias, “Memorias de la melancolía”, prologado por Alberti. Después de más de 50 años de amor y desengaños, de nostalgias y ausencias, María Teresa se va despidiendo lentamente de la vida.
El 27 de abril de 1977 María Teresa regresó a Madrid, del brazo de Rafael, como aquel lejano día, cincuenta años atrás en que huyeron teniendo un camino de esperanza y dolor por delante. Pero ella ya no siente nada. Ausente de la vida, el mal de Alzheimer le quita el sinsabor de la vejez, ya no había amigos, ni hogar, ni familia. Su lucha termina silenciosamente el 13 de diciembre de 1988.
No muchos la recuerdan. Vivió a la sombra de ese hombre impetuoso y romántico que fue Alberti.
Mujer valiente y sensible, sufrió en carne propia el desalojo del alma en un deambular sin rumbo, buscando sosiego para la nostalgia que llenaba los días y las noches del destierro no buscado ni deseado.
(1) Rafael Alberti: “La arboleda perdida”.




