El perfil humano de nuestra gente de campo

Nuestras mejores notas

El 2008 nos tocó contar muchas historias que nos marcaron. Para nosotros significaron hitos que reflejan el acontecer humano del campo.

postales de la seca

Gastón Neffen

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En Santa Fe hay miles de vacas, novillos y terneros que mueren de sed y hambre. El gobierno provincial reconoce que 300.000 animales no pasaron el invierno. Los productores ganaderos del norte creen que son muchos más. El calor del verano está agravando la situación.

El resumen global preocupa. Pero es mucho más fuerte visitar los potreros y ver los animales de cerca. “Mis campos dan asco, están llenos de huesos”, contaba Ismael Asan, productor ganadero de Tostado. No mentía. En junio su campo “La Revancha” era una postal de la muerte. “El flacaje” (las vacas) se refugiaba a la sombra de los árboles, rodeadas de animales muertos, caranchos y cientos de huesos. Diez kilómetros al este de la laguna La Tigra, en los bajos, se encuentra el verdadero cementerio de animales. Son cientos de huesos acumulados, uno encima del otro, sobre el polvo y los restos de cuero. Campolitoral publicó las fotos y los videos que grabaron los medios de la zona. Parecen imágenes de las regiones más pobres de Africa.

La dolorosa agonía de los animales no debe tapar el complejo escenario social. Monseñor Ramón Dus (Reconquista) advirtió lo que muchos presienten. “En el norte santafesino hay síntomas alarmantes de conflictividad social”. A veces una mirada de afuera simplifica las cosas. “Acá no hay inundación ni sequía. El problema que ustedes tienen es la falta de decisión”, opinó un holandés (experto en gestión integrada de los recursos hídricos) que sobrevoló los bajos hace algunos años. Lo que hay que definir es un plan estratégico para la región e implementarlo de una vez por todas.

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El año que

el campo dijo basta

José Zenclussen

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Es muy difícil elegir un hecho para sintetizar lo que fue el año para el campo. Podría haber tomado como referencia Rosario, entre otros momentos históricos, pero me quedo con el acto del 15 de julio. Ese día el sector movilizó -en el Monumento a los Españoles- 300 mil personas cansadas del maltrato al que se vieron sometidas por parte del Ejecutivo y sobre todo del ex presidente Néstor Kirchner. El acto del campo había puesto en evidencia el descontento que la sociedad en su gran mayoría tiene sobre esta forma de hacer política. La unión de vastos sectores de la Argentina en ese “encuentro” mostró que otro país puede ser posible.

El país del trabajo, la producción y la riqueza para todos. Muchos años pasaron para que el campo se uniera y fuera uno solo. Ese día -y durante todo el conflicto- sonó fuerte una canción que se convirtió en el himno de la protesta, este fragmento sintetiza el pensamiento de los productores por esos días: “Siento que se muere la esperanza que tuvimos, siento que la tierra llora conmigo. ¿Que pasó?, ¿que pasó?, con la idea de un país donde quien nos representa al que trabaja lo defienda. (...) ¿Cual es el plan?, ¿Adonde vamos?, que se reúna todo el pueblo para defender lo nuestro y ahí está la madre tierra esperando que amanezca nuestra luz de la conciencia y al fin podamos progresar”.

El 2009 será nuevamente otro año de protestas y movilizaciones. El gobierno no ha entendido el problema y en vez de buscar soluciones solo crea más problemas. Sectores como la lechería -con precios de quebranto- y la ganadería -con valores similares a 2006- no pueden esperar un día más.El campo debe entender entonces que para lograr el mismo resultado que la 125, debe estar más unido que nunca.

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Emociones y catarsis

Juan Manuel Fernández

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Elegir “la nota que más me gustó escribir” es difícil. Será porque cada vez que me siento frente al teclado trato de ejercer mi oficio con la mayor responsabilidad y profesionalismo.

De todos modos hay temas, personajes o situaciones que a uno le caen más simpáticas, emotivas o cautivantes. Sin ánimo de “trampear” las reglas de esta página voy a elegir “la” nota, pero sin dejar de mencionar algunas otras. Por ejemplo “La máquina de hacer pájaros”, que describe un criadero de ñandúes en Paraná; o “De La Lola al Caribe por tercera vez”, que relata la maravillosa obra de Teknycampo, una metalmecánica para pequeños productores en el norte santafesino (el norte me llama constantemente...); o “La lucha agraria ya es un estilo de vida”, que no sólo me permitió compartir una tarde de mates y tortafrita con quienes sostuvieron por cuatro meses el piquete de Romang, sino que además nos valió (con Gastón Neffen) un premio nacional de periodismo.

Pero la elegida es... “Un abismo cultural que no se alcanza a comprender”, síntesis catártica del huracán de emociones que me provocó el fenómeno social y político más importante de los últimos tiempos: la resistencia del interior a la prepotencia del poder político central.

El desconcierto que generó en la opinión pública (urbana) la avalancha de personas que concurrieron al acto en el Monumento a la Bandera fue el disparador para tratar de explicar las razones psicológicas y culturales que impulsaron aquella férrea resistencia.

Como no tengo espacio, invito a releerla en la edición del sábado 31 de mayo.

la leche que viene del monte

Federico Aguer

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En pleno monte de Bovril (Entre Ríos), un gastado cartel a la entrada de un campo indica que ese establecimiento es objeto de un programa de financiamiento del Banco Mundial para estudiar la sustentabilidad de los bosques nativos. Un equipo de científicos liderado por el Ing. Agrónomo Antonio De Petre (Máster en edafología) y el Ing. Agr. José Casermeiro (ambos de la UNER), asesoran al dueño del campo, Hugo Leineker, para aprovechar las ventajas del bosque a la hora de producir.

En suelos frágiles, arcillosos y con un clima duro, este productor trabaja en un campo de 33 hectáreas un tambo de 80 vacas en ordeñe a las que le saca 800 litros por día sin usar fertilizantes ni suplementación. Los árboles y el suelo se mantienen y se mejora el nivel de captación de agua.

El trabajo cotidiano de Leineker, pala en mano, implica una manejo que combina ciencia y mucho de arte. Podando las malezas de las chilcas, los espinillos y aromitos para que circulen las vacas, rota su rodeo a cada lote manteniendo las pasturas de manera permanente. Además, el hombre se largó a la confección de quesos caseros. Con el suero alimenta a los cerdos y cabras, que completan su planteo productivo.

En el medio del monte, me impactó la sencillez de esta familia que, combinando el saber de los científicos de punta con sus ganas de crecer, logró afincarse al campo con visión de futuro.

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