La educación y la paz
Psicólogas Ana M. García Chiavarini y Carolina Lazzarini.
Esta semana se conmemoran los 102 años de la creación del método pedagógico Montessori, construido a partir de la observación, la investigación científica y la práctica que realizó la doctora italiana María Montessori (1869-1952). El 6 de enero de 1907 se crea la primera “Casa dei Bambini” (Casa de los Niños), en Roma, en el popular barrio San Lorenzo.
En este nuevo aniversario, elegimos rescatar y compartir con ustedes uno de los principios más trascendentales de la filosofía Montessori, el que refiere a la Educación y la Paz.
Sus pensamientos y opiniones, a tantos años de sus discursos y publicaciones, nos resultan tan vigentes, pudiendo encontrar en ellos la esperanza.
¿Qué esperanza transmite la filosofía Montessori?
Ella pensaba que el futuro de la humanidad está en la educación del niño. Educación entendida no como la acumulación de conocimientos, sino como el aprendizaje para la vida, para la construcción del hombre nuevo.
El niño cuenta con una enorme riqueza, con una capacidad, sensibilidad e instintos constructivos que todavía no han sido reconocidos ni puestos en práctica.
La personalidad humana se moldea mediante las experiencias continuas. Nos corresponde a nosotros crear para los niños un mundo que permita que esas experiencias formativas estén a su alcance.
La paz es un principio práctico de la civilización humana y de la organización social, que se basa en la naturaleza misma del hombre.
Cuando analizamos algunas cuestiones sociales, al niño lo ignoramos por completo como si ni siquiera formara parte de la sociedad. Sin embargo, si reflexionamos sobre la influencia que puede tener la educación para lograr el objetivo de alcanzar la paz mundial, podremos ver con claridad que, ante todo, debemos ocuparnos del niño y su educación.
El único tesoro del hombre, la promisoria materia prima que le dará todo, es la inteligencia humana, un tesoro inagotable.
Hoy necesitamos pensar en una educación que forme al ser humano, capaz de reconocer la grandeza del hombre.
Texto basado en las conferencias realizadas por María Montessori en Copenhague, 1937.

















